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Una agenda incómoda para un Pacto Educativo

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“Nuestro punto de partida debe ser recuperar las extraordinarias experiencias de las provincias y valorar las iniciativas que resultaron en un beneficio para la población, independientemente de la representación partidaria”. Así se expresa el Prof. Mario Oporto reconocido académico, funcionario público, participante del diálogo convocado por la Comisión de Educación del Episcopado Argentino. De esta reflexión propuesta para educadores de todo el territorio, él plantea “avanzar un poco más”; asumir una agenda con “temas incómodos, que tensen”, teniendo en cuenta que: “un pacto educativo necesariamente debe ser un pacto federal”.

La búsqueda de la unidad nacional siempre implicó, a lo largo de nuestra historia, políticas de acuerdos.

Con grandes pactos se fue construyendo, trabajosamente, lo que hoy llamamos Argentina.

Uno de los territorios fértiles para construir consensos es, frente a otros temas que pueden ser más dificultosos, el de la educación.

Hay planteos en los que es muy difícil diferir (“la importancia de la educación”; “todos/as deben estar en la escuela”; “la educación es un acto de amor”), en los que se está mayoritariamente de acuerdo y que por “generales” y “románticos” no agregan a la agenda. Habría que avanzar un poco más.

El primer ejercicio sería construir un inventario.

Reconocer los avances debe ser nuestro punto de partida: recuperar las extraordinarias experiencias de las provincias y valorar las iniciativas que han resultado en un beneficio para la población argentina, independientemente de la representación partidaria.

Un pacto educativo necesariamente debe ser un pacto federal.

Si se quieren construir coincidencias, no se puede abordar desde el supuesto de que existen sectores que no se “equivocaron nunca”, y equivalentemente, que hay otros que siempre han transitado caminos errados.

Así no va a haber acuerdo posible.

Si se quieren construir coincidencias, no se puede abordar desde el supuesto de que existen sectores que no se “equivocaron nunca”, y equivalentemente, que hay otros que siempre han transitado caminos errados.

Argentina hizo mucho en educación. Tenemos la responsabilidad de construir sobre lo construido.

El segundo ejercicio es establecer una agenda para el acuerdo. Esa agenda debe asumir temas “incómodos”, que tensen.

El objetivo no puede ser desarrollar temas sencillos, fáciles para el conjunto.

Hay problemas en los que se tiene consenso de que es urgente abordarlos, aunque no se tengan las mismas soluciones.

Una propuesta sería que, en los principios generales, los temas de amplio acuerdo, se avance. Tenemos la Ley Nacional de Educación, votada por amplias mayorías pluripartidarias, como guía.

Otro punto de partida para un posible pacto sería explicitar qué se está dispuesto a transformar.

Y en esa línea pensar, ofrecer, desde cada sector, qué se aporta, qué se revisa, qué se cede.

Un punto importante de la “agenda” será educar para el futuro, a estudiantes que serán trabajadores y profesionales de mediados del siglo XXI.

Educarlos para ese futuro es educarlos en la contemporaneidad, pero también en la historicidad. Identidad cultural, tradiciones y nuevas tecnologías no son componentes excluyentes.

Además, prestar atención a la defensa de la vida y de la naturaleza.

Debemos también volver a lo simple: tenemos que enseñar a leer y a escribir; garantizar que los estudiantes desarrollen su pensamiento lógico.

Asimismo, es importante desarrollar acuerdos sobre la educación primaria, unido a las urgentes necesidades de transformación del nivel secundario.

La formación y capacitación docente es otro punto imprescindible de cualquier acuerdo. Esto incluye su carrera profesional y sus condiciones laborales.

También la innovación institucional. Sin asumir la necesidad de transformar el sistema institucional no habrá pacto educativo exitoso.

Por agregar otro tema de importancia, de los tantos posibles: la relación entre educación, producción y trabajo.

Circula la idea de que educamos para un modelo de desarrollo. En este sentido, pensamos que el pueblo es el objeto, pero tenemos que asumir que el pueblo es al mismo tiempo sujeto de desarrollo. En esto la educación tiene un papel estratégico.

Este camino hacia un nuevo pacto educativo debe partir de una concepción de la educación en relación a un modelo productivo, vinculado por un lado a la economía del conocimiento, y por otro a la democracia y la convivencia comunitaria en paz.

Para lograrlo, es necesaria una voluntad política que rompa con la resignación, el desaliento y el colonialismo mental.

Para ello, se precisa de una democracia de alta energía, que no busque las respuestas en dogmas institucionales permanentes y rígidos.

Para alcanzar estos fines, se hace necesario elevar la temperatura de la política, en tanto participación organizada de la comunidad en la vida pública.

También organizar una forma de federalismo que permita reconciliar las políticas nacionales con las experiencias e iniciativas de las provincias. Cada provincia debe tener el poder para incidir sobre las soluciones nacionales y crear nuevos modelos de futuro. Nada va a transformarse si no se tocan las bases.

Es importante la flexibilidad, y la capacidad de reinventarse. Aprender con la experiencia.

La crisis es un llamamiento a la grandeza y a la imaginación Para eso se precisa tener una agenda de las posibilidades y comprender las necesidades del siglo XXI.

Saber también que la experiencia en América Latina debe ser diferente. No ser obligados a seguir un camino determinado, sino abrirnos a un camino propio.

Inventamos o erramos, diría Simón Rodríguez.

Fuente: Mario Oporto es Profesor de Historia en distintos ámbitos académicos: U. de Morón, U. del Salvador, U. de Luján, UBA, U. de Bolonia, U. de La Plata, Lanús, entre otras instituciones. Fue Director General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, (2001 – 2005) y luego en (2007 y el 2011). Ex diputado de la Nación por la provincia de Buenos Aires.

 


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