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Novedades

Para educar-nos y ser hermanos todos

La escuela: ese potencial espacio/tiempo cotidiano.

“Al pensar en la escuela y el Pacto Educativo me viene la palabra Kairós (1); un nuevo pentecostés para la educación de las futuras generaciones”. Así se expresa el Dr. Andrés Peregalli, docente que intervino en el Programa 100 Líderes por la Educación – Pacto Educativo Global, (CONSUDEC-UCA). En este número, introduce el camino al “que nos compromete” el acuerdo por promover “la centralidad de la escuela”. A un año del diálogo convocado por los obispos, para consolidar la educación como política de estado.

La mejor escuela del mundo porque es a la que venís vos

Cada vez que comienza el año muchas escuelas se visten de fiesta para recibir a niños y adolescentes y colocan carteles con frases inspiradoras; una que siempre llamó mi atención es: “Esta es la mejor escuela del mundo porque es a la que venís vos”. Esa frase, a la que podríamos dar un sentido comunitario (“es la mejor escuela si estamos todos”) nos habla del desafío que hoy tiene esta institución en términos de poner a la persona en el centro, tal como nos invita el Pacto Educativo Global (PEG). Llegar a la escuela, estar en la escuela y partir de la escuela (cada día, cada mes, cada año) brinda a esta institución una hermosa posibilidad en términos de espacio/tiempo para hacer crecer lo humano (estar y ser), desafiar las inteligencias y generar aprendizajes significativos (estar y aprender). 

Un director de escuela a quien consulté para elaborar este artículo me dijo: “La escuela es un lugar donde la vida se encuentra y crece en comunidad”. Esa potente imagen me llevó a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos: generar encuentros, cuidar el “tesoro en vasijas de barro” que es la vida (porque también sabemos que la escuela puede no ser ese lugar donde la vida se encuentra y crece). La frase que encabeza este artículo, pronunciada por un directivo participante del “Curso 100 líderes por la educación” (CONSUDEC-UCA, 2023-2024) nos habla del PEG como una “buena noticia”, como hoja de ruta que traza un camino de esperanza y nos compromete. A ello nos referimos en este artículo, a una institución que se encuentra en la encrucijada (a); al PEG como oportunidad para re-encantarnos con lo educativo y re-conocernos (b) y a la escuela como espacio/tiempo donde hacer nacer la esperanza y la santidad (c).

a. La escuela: una institución (compleja) en la encrucijada

La escuela como organización, y en sus propósitos, reglas y procesos administrativos y pedagógicos, ha sido y es objeto de múltiples y profundas (críticas) reflexiones. Esta institución, que nace en la modernidad y respondió a ese tiempo hoy ve cuestionados sus fundamentos epistémicos (conocimiento: del pensamiento lineal al complejo), pedagógicos (fundamentos) y didácticos (modo crítico reflexivo de hacer). Vivimos otro tiempo que desafía a la escuela y sus actores (directivos, docentes, estudiantes), sus modos de ser, estar y hacer. Existe profusa y valiosa literatura internacional y nacional 2 referida a cómo la escuela necesita cambiar su gramática y transitar hacia “formas innovadoras/emergentes” (Aguerrondo y Vaillant, 2015:60). Es decir, cambiar profundamente el triángulo didáctico y el modo en que se concibe y relaciona la enseñanza, el aprendizaje, el conocimiento y su evaluación (formativa). Ello mira, con matices, en dirección de ofrecer experiencias de aprendizaje inclusivas y efectivas (UCA) que formen cabezas, corazones y manos y contribuyan a crear fraternidad transformando el mundo desde el humanismo solidario.

La rica historia de la Iglesia en la historia de la educación evidencia recurrentemente testimonios de personas y comunidades que han innovado en su tiempo (Ej.: “democratizando la educación”, “creando escuelas gratuitas y masificando la enseñanza”, “llegando donde nadie llegaba”, “generando prácticas revolucionarias para sus tiempos”, etc.). Movidos por la pasión y el deseo de unir fe y vida, razón y corazón, ciencia y espíritu han buscado hacer de la escuela un espacio/tiempo donde querer estar y ser. 

Esos ejemplos y prácticas nos inspiran hoy y perviven en tantas experiencias a lo largo del mundo que vale la pena conocer para no perder de vista que nos educamos en la interrelación, guiados por sentidos que nos motivan a caminar creyendo que un mundo nuevo, mejor y para todos es posible y que está germinando aquí y ahora. En ese marco recomiendo al lector el libro “Luces para el camino. Pacto Educativo Global. Una educación de, con y para todos. Hacia una sociedad más fraterna, solidaria y sostenible”. Esta obra resume múltiples experiencias educativas inspiradoras en todo el mundo que nutren nuestras prácticas y nuestras búsquedas organizacionales y personales.

b. La escuela: el PEG como oportunidad de re-conocimiento

El PEG nos invita a entrelazar lo que está fragmentado: el corazón, la cabeza y las manos, el diálogo entre las generaciones, la alianza entre la familia y la escuela, unidos por una “pasión más grande, un horizonte de sentido, vivido en una comunidad de conocimiento donde la generosidad del amor es palpable, globalizando la esperanza, la unidad y la concordia” (Francisco, 2024). 

Hacer experiencia de este PEG supone concretar siete compromisos (1. Poner a la persona en el centro; 2. Escuchar a las jóvenes generaciones; 3. Promover a la mujer; 4. Responsabilizar a la familia; 5. Abrirse a la acogida; 6. Renovar la economía y la política; 7. Cuidar la casa común) e investigar (para transformar) en cinco campos temáticos (1. Dignidad y Derechos Humanos; 2. Fraternidad y Cooperación; 3. Tecnología y ecología integral; 4. Paz y ciudadanía; 5. Culturas y religiones). Vivir el Pacto exige re-inventarnos; demanda esfuerzo y compromiso, es un “volver a mirar y un nacer de nuevo”, y eso se (re)aprende, se entrena, se practica, se dialoga, se evalúa, se registra y sistematiza (o no…).

Para que el PEG suceda, es necesario el encuentro y re-conocimiento intergeneracional en la escuela dado que es una oportunidad para expresar la riqueza de cada uno y su identidad. Directivos consultados para este artículo expresaron que la escuela es: “Casa, Sentido, Luz”; “(…) una oportunidad de educación masiva, popular y comunitaria que —si es aprovechada— provoca sentidos vitales, liberadores y transformadores en cada uno respecto de su don, respecto de la comunidad local, y respecto de su pueblo. En ese ‘cada uno’ no solo se encuentran los estudiantes sino los educadores y las familias”. En los niños y adolescentes, al referirse a la escuela, emergen palabras como: “amigos”, “estudiar”, “estar sentado varias horas”, “poco recreo”, “sentir bullying”, “tener que escribir mucho”, “te retan por nada”, “cárcel”. Estas expresiones no son representativas del universo de adultos y niños sin embargo nos invitan a preguntarnos por las oportunidades de escucha y reconocimiento que tenemos y brindamos en nuestras instituciones o en otras palabras: ¿qué representación tienen sobre la escuela los actores que la habitan y cuánto las escuchamos? Esta pregunta es central para dialogar y conectar con lo que el otro “es, sabe, siente y vive”. En ese marco resulta ilustradora la respuesta de un docente del “Curso 100 Líderes por la Educación” relativa a “¿Qué papel le cabe al adulto en la escucha de las nuevas generaciones?”: “A los adultos nos cabe corrernos de nuestro pensamiento y ponernos en los zapatos del joven; descalzarnos ante su modo de ver la realidad y pensarla y desde allí proponer palabras que construyan, eduquen y reciban al otro en tanto otro, solo así se construirán soluciones en conjunto”. 4

Conocer experiencias que fortalezcan la participación de los estudiantes y su protagonismo en el aprendizaje permite acercarse a “cómo achicar la brecha” (recomponer el pacto intergeneracional) entre lo que experimentan niños y adolescentes en la escuela y lo que la escuela representa para los adultos. A tales efectos recomiendo al lector consultar la rica experiencia compartida en el “Curso 100 Líderes por la Educación” relativa al Centro Juvenil Comunitario Católico en Santiago del Estero 5; experiencia que evidencia protagonismo, solidaridad y vínculo con el curriculum.

Una buena escuela a los ojos de Dios es aquella que evidencia amor y pasión por lo que hace; que busca ser justa en situaciones complejas; que abre sus puertas y se deja interpelar.

c. La escuela: recibir la vida como viene y vivir la santidad

Todos los días a las 7:15 de la mañana el director de mi colegio secundario nos saludaba por nuestro nombre; más de doscientos estudiantes… Ser recibido por el nombre es un hermoso gesto de hospitalidad que personaliza y habla de tomar la iniciativa en la escuela (me preparo para el encuentro contigo, te recibo en mi casa y somos parte de su construcción) porque a la escuela se va “aprender” (conocer, hacer) y en ella se “aprende a vivir juntos y a ser” (Delors, 1996).

La escuela está llamada a acompañar los proyectos de vida por venir (que están siendo) de niños, adolescentes y jóvenes aquí y ahora; a construir el reino en clave misionera, en salida. Ese sueño es posible en instituciones que abrazan la vida como viene; que miran lo que molesta e incómoda, lo que perturba, lo que “sale de la caja”; que se animan a pensar los impensados; que se apasionan y vibran con el aprender; que escucha a sus docentes y traza caminos de profesionalización, que genera condiciones para que el saber de experiencia que poseen se traduzca en conocimiento para la mejora que se comparte en comunidad.

Una buena escuela a los ojos de Dios es aquella que evidencia amor y pasión por lo que hace; que busca ser justa en situaciones complejas; que abre sus puertas y se deja interpelar; que trasunta sabor por el saber y lo vincula a las necesidades más hondas y profundas de lo humano y la sociedad para transformar y transformarse. Una buena escuela católica asume un rol profético, denuncia la injusticia y anuncia la salvación, ofrece y muestra lo educativo como camino de santidad, es decir, que enseña cómo vivir en comunión con Dios, la casa común, los hermanos más pobres y uno mismo. En este sentido la pedagogía del aprendizaje-servicio, destacada explícitamente en Instrumentum Laboris del PEG, es un hermoso camino para “concretar” el sueño de ser hermanos todos desde la solidaridad 6.

La escuela puede ser ese espacio/tiempo donde querer estar, donde potenciar el ser, el saber, el hacer; un territorio en el cual santificarnos; un espacio que defiende la alegría de saber que en la vida no estamos solos, que nuestra vida es un hermoso regalo. Una buena escuela está llamada a sentirse “hilo de una trama mayor”, parte de su comunidad y del mundo (red 7 y no muro); hablamos de la escuela como lugar político, que se compromete en la transformación del mundo (la polis) y que, en ese proceso, se reinventa y sigue dando vida en abundancia. Resituar el sentido de la escuela y “hacer nuevas todas las cosas allí” implica tomar la iniciativa y salir al encuentro de los otros y lo otro; es vivir el kairos y asumir la necesidad de transitar la metanoia, una conversión profunda de la identidad docente y la gestión institucional.

Andrés Peregalli de Palleja

Profesor Titular, Universidad Católica Argentina (Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Educación. Aprendizaje inclusivo y efectivo). Vice-coordinador del Programa Global Uniservitate: aprendizaje-servicio en la Educación Superior Católica (PORTICUS-CLAYSS). Doctor en Educación, Magíster y Especialista en Educación con Orientación en Gestión Educativa (Universidad de San Andrés, Buenos Aires, Argentina). Licenciado en Ciencias de la Educación, Opción Investigación y Opción Docencia (Universidad de la República, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Uruguay). Docente de grado y posgrado en universidades nacionales y extranjeras Bachiller en Filosofía (Instituto Universitario Salesiano, Montevideo, Uruguay). Consultor y asesor para organismos estatales, nacionales e internacionales e instituciones educativas. Integrante de redes académicas y de investigación nacional e internacional. Autor de libros, capítulos de libros y artículos académicos.

Bibliografía

BIBLIOGRAFÍA

1 Kairós (en griego antiguo καιρός) es un concepto de la filosofía griega que representa un lapso indeterminado en que algo importante sucede. Su significado literal es «momento adecuado u oportuno», y en la teología cristiana se lo asocia con el «tiempo de Dios».

2 A nivel internacional cabe citar: Delors, 1996; Viñao Frago, 2006; Peregalli, 2008; Aguerrondo y Vaillant, 2015; Congregación para la Educación Católica 2017; Pacto Educativo Global Instrumentum Laboris 2020; Dubet, 2021; Unesco, 2023; Menéndez, 2024. A nivel nacional podrían referenciarse estos textos: Frigerio 1992; Pineau, 2001, 2019; Tenti Fanfani, 2021; Steinberg 2022, Aguerrondo y Sampedro, 2020, Peregalli & Rodríguez 2022, Furman 2024.

3 Ver: http://oiecinternational.com/wp-content/uploads/2020/09/LIBRO-PACTO-EDUCATIVO-GLOBAL-OIEC.pdf

4 El lector interesado en acceder a la citada actividad y su contenido puede consultar en: https://padlet.com/aperegalli/consudec-uca-m-dulo-2-una-educaci-n-centrada-en-la-persona-l-guwmqckzqq3s3zi5

5 https://padlet.com/aperegalli/consudec-uca-m-dulo-2-una-educaci-n-centrada-en-la-persona-l-guwmqckzqq3s3zi5/wish/2942314221)

6 Ver: www.clayss.org.ar

7 El lector interesado puede consultar la rica experiencia de la Red de escuelas de innovación AIE-UCA (Departamento de Educación), en curso y con más de 10 años de funcionamiento: https://www.youtube.com/watch?v=vuHbj1bknuM&t=25s

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