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Novedades

Pacto educativo y democracia

“Reconstruir el Pacto educativo es renovar el pacto democrático” sostiene Ricardo Moscato, Licenciado en Ciencias Políticas y exrector del colegio El Salvador. Con distintas preguntas e interrogantes analiza “el desafío de la formación ciudadana a 40 años de democracia ininterrumpida en Argentina: ¿Qué sucedió en este tiempo? ¿Cómo formamos para el diálogo respetuoso y sincero? ¿Superamos las politizaciones efímeras ¿Qué autocrítica podemos hacer del camino recorrido?” Una mirada al camino recorrido.

Hace tres años, el Papa Francisco lanzó una iniciativa cuyo objetivo es unir esfuerzos para realizar una transformación cultural profunda, integral y de largo plazo a través de la educación. Invitó a firmar un Pacto Educativo Global “para reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión”.
De este modo, el Papa nos convoca para reconstruir el Pacto Educativo entre la escuela, la familia, la sociedad y el Estado desde un nuevo humanismo y hacia un nuevo modelo de desarrollo integral. En el mundo contemporáneo vivimos un cambio de época: “una metamorfosis no sólo cultural sino también antropológica que genera nuevos lenguajes y descarta, sin discernimiento, los paradigmas que la historia nos ha dado”. El papa Francisco nos recuerda que […] “está roto el pacto educativo porque falta esta concurrencia social en la educación. Educar no es solamente transmitir conceptos, esta sería una herencia de la Ilustración que hay que superar, o sea no sólo transmitir conceptos, sino que es una labor que exige que todos los responsables de la misma – familia, escuela e instituciones sociales, culturales, religiosas – se impliquen en ella de forma solidaria”. (Discurso en el Seminario de Educación: El Pacto Mundial, 07/02/20).
Por eso, urge implementar un nuevo modelo cultural y reconocer en la educación un itinerario formativo clave para revertir la crisis actual. Se hace necesario un compromiso que involucre a todos los componentes de la sociedad. Una alianza basada en una red de relaciones humanas y abiertas, que debe garantizar el acceso de todos a una educación de calidad para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones. 
Esta urgente movilización global adquiere una especial significación para nuestro país, atravesado por una fuerte crisis económica y social, una pobreza y desigualdad creciente, la ruptura del tejido social y una persistente discordia política. Renovar el pacto educativo implica recuperar el pacto democrático, social y cultural, actualizando la formación de una ciudadanía reflexiva, responsable y activa que haga posible una cultura del encuentro.
 

Nuevas formas de pensar la política y la economía

La propuesta global del Papa Francisco incluye líneas de acción y siete compromisos. Destacamos aquel que apunta a: “Estudiar nuevas formas de entender la economía, la política, el desarrollo y el progreso, al servicio del hombre y de toda la familia humana en la perspectiva de una ecología integral” relacionándolo con la convocatoria a descubrir nuevas formas de pensamiento: “Un pensamiento que dé un salto hacia adelante y cambie radicalmente su lógica habitual. Si la diversidad y la diferencia se consideran hostiles a la unidad, entonces, la guerra estará siempre en la puerta, lista para manifestarse con toda su carga destructiva. El primer principio indispensable para la construcción de un nuevo humanismo es, por lo tanto, educar a un nuevo modo de pensar, que sepa mantener juntas la unidad y la diversidad, la igualdad y la libertad, la identidad y la alteridad”. (Instrumentum laboris, La Visión).

A 40 años del restablecimiento del sistema democrático en nuestro país, este desafío toma forma de memoria del camino recorrido y de proyecto para el porvenir. Implica una nueva manera de pensar un itinerario formativo para una nueva ciudadanía que incluya memoria del pasado y promesa de futuro. 

Memoria del camino recorrido en la formación para la ciudadanía como parte integrante de una propuesta integral. ¿Cómo educamos para la democracia en estos años, como formamos para el diálogo respetuoso y sincero? ¿Cómo evaluamos la formación ciudadana en el currículo explícito y oculto de nuestras escuelas?  ¿Cómo superamos politizaciones efímeras para acceder a mayores niveles de cultura política? ¿Qué ejemplaridad política y social pudimos compartir? ¿Qué autocrítica podemos hacer del camino recorrido?

Promesa de futuro hacia una comunidad política reconciliada, fraternal y solidaria. La promesa no es una predicción científica sino el anuncio de lo que puede ocurrir si nuestras acciones libres y responsables son fieles al proyecto. Las promesas son desafíos que se cumplen todos los días, que nos obligan. Pertenecen al ámbito de la conciencia moral. Las promesas no se compran hechas ni se consiguen por delivery ni se negocian por un “like” en las redes sociales. Se realizan artesanalmente todos los días. ¿Cómo hemos sido fieles al proyecto democrático en estos años? ¿Cómo hemos educado en los valores de la cultura del encuentro en medio de tantos desencuentros? ¿Cómo hemos cumplido con la promesa de la democracia desde nuestras acciones libres y responsables?  

Hacemos memoria y revisamos nuestra promesa desde una mirada especial. Una mirada de camino, de peregrino que no se instala ni se escapa, que no le teme a las fronteras y a las encrucijadas.  Una mirada de “discípulos misioneros de Jesucristo”, que contempla la vida como don de Dios, donde la primera palabra es gracias por el don de la vida. Una mirada humilde y discernida desde una realidad hoy más opaca y compleja, una mirada que no tenga miedo de ver y sentir “el otro país”, el país descalzo, sin casa ni amparo que se pregunta por la dignidad, el país con miedo que se pregunta por la amistad social, el país golpeado por la pobreza que se pregunta por la paz y la justicia, el país saturado de pantallas, redes sociales y consumismos superfluos que se pregunta por el trabajo, los aprendizajes y el esfuerzo cotidiano. 

Semillas de la democracia: remover la tierra para nuevos frutos

Esta promesa de la democracia es como una semilla para compartir con los demás. Jesús nos enseña que el reino de Dios se siembra y se cosecha permanentemente. Cada cultura y cada época es como una tierra nueva y apta para distintos tipos de semillas. Hoy tenemos que sembrar de nuevo. Porque los frutos que dieron otras siembras, cuando los ofrecemos a las nuevas generaciones, a veces tienen gusto rancio.  Como nos enseña Benedicto XVI: “la libertad del ser humano es siempre nueva y tiene que tomar siempre de nuevo sus decisiones. La libertad presupone que en las decisiones fundamentales cada hombre, comunidad, cada generación tenga un nuevo inicio”. 

Desde la educación, la promesa de convivencia democrática es promesa de formación en la misericordia y compasión frente a la injusticia de la exclusión.  Es promesa de formación en el discernimiento frente a la confusión, el adoctrinamiento y la manipulación. Es promesa de formación en la fraternidad frente al individualismo.  Itinerario formativo que para hacerse cultura debe ser acompañado de la memoria, que no es resentimiento sino aprendizaje de la historia. Debe ser animado por la creatividad de un futuro mejor que no es ilusión efímera sino posibilidad sostenida por los aprendizajes y el trabajo.  Una renovada educación no se sostendrá si nos dejamos derrotar por nuestros pesimismos y prejuicios, si naufragamos en los atajos de los violentos y los indiferentes, si nos dejamos encerrar en las pantallas autorreferenciadas, si borramos los rostros y renunciamos al nosotros, al encuentro con los demás, y si nos refugiamos, miedosos, “en un museo folklórico de ermitaños localistas, condenados a repetir siempre lo mismo o se diluyen en globalizaciones abstractas y mediáticas, como pasajeros del furgón de cola, admirando los fuegos artificiales de un mundo que siempre es ajeno” como dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium.  

Formar no es brindar información, no es adoctrinamiento ni estructurar “clones”. Es ayudar a constituir al otro por medio del aprendizaje de la alteridad, en un camino de crecimiento personal y desarrollo integral.  Es el itinerario para que el sujeto humano alcance esta unidad y armonía, que se concreta en un carácter, en un estilo moral de vida. Nadie llega a la conciencia de sí mismo si no es a través de un reconocimiento de “otros” que lo han reconocido y llamado por su nombre. Es una tarea provocadora de la “conciencia moral”, para despertarla y afinarla. Implica formar para una ciudadanía global que rompa el espejo de autorreferencias complacientes, de mundos cerrados. Es ayudar a asumir la frontera de la universalidad: comprender lo global en lo político, en lo social, en lo ecológico desde las raíces locales y regionales. Es ejercitar una pedagogía de la reconciliación con Dios, con los demás y con la creación, desde la memoria agradecida del pasado abierta al porvenir, sanando en lo pequeño con gestos de amistad y corazones buenos tantos prejuicios, violencias y descalificaciones, las de afuera, pero también las que se van instalando en nuestras vidas.  Significa una pedagogía del diálogo, de la escucha activa, de la “democracia de trato”, del amor social.

Es semilla del servicio. Servir es la disposición para ayudar, sanar. Servir en lo cotidiano de la familia, de la escuela, del trabajo, de la política y de la economía.  Sirve dar la vida cada día. Estudiar, formarse, aprender. Sirve rechazar el mal espíritu de la prepotencia, la violencia física y verbal, el abuso y el bullying.  Servir es crecer dándose cuenta que los talentos son regalos de Dios a cultivar para el Bien común. Como dicen nuestros Obispos, es servir a la patria como don y tarea.

Es semilla de respeto a la dignidad de toda persona. El respeto en lo cotidiano de la educación es una pedagogía del cuidado. Estando atentos, es tomar en serio al otro para escuchar y dialogar. Es cultura del encuentro donde “no renunciamos a nuestras ideas y utopías; pero sí renunciemos a la pretensión de que sean únicas o absolutas, donde no manejemos las ideas como armas, sino como luz”.

Es semilla de fraternidad. Como insiste el Papa Francisco, la fraternidad cambia la perspectiva, nos hace salir del encierro y se convierte en un mensaje contundente con valor político: todos somos hermanos y, por tanto, todos somos ciudadanos con iguales derechos y deberes. La hermandad es la base sólida para vivir la «amistad social”, sin fronteras, que replantea la formación ciudadana con perspectiva global. Desde una pedagogía de la fraternidad, significa pasar del individualismo narcisista a una pedagogía social del ser con y para los demás. Implica profundizar el camino de educar en una nueva sensibilidad, en la compasión y la solidaridad, como el Buen samaritano. 

 

Los desiertos y las ciudades: las formas de la educación y la política

Como dice Ítalo Calvino, “las ciudades tienen la forma de los desiertos a los que se oponen”. Y algunas de las principales “ciudades” a reconstruir en el contexto del PEG y de los 40 años de democracia son la educación y la política desde los cimientos de la sociedad civil, desde las raíces históricas de nuestra patria.  

La educación debe tener la forma del desierto al que se opone. El desierto de la pobreza cultural y material con sus bolsones de intolerancia, desarraigo y exclusión. El desierto de la impugnación sistemática de los valores integradores y constructivos. El desierto de un activismo sin reflexión y de un conocimiento sin sabiduría. El desierto de palabras vacías, de valores declamados y nunca encarnados. El desierto de la indiferencia frente a la crisis social y ecológica global. El desierto de un individualismo cerrado amplificado por las nuevas “tecnologías del yo”. El desierto de la exclusión de niños sin escuela y escuelas sin aprendizajes 

La política debe tener la forma del desierto al que se opone. El desierto del caos depurador para los que la viven como actividad degradante e irrecuperable para el bien y se postulan como redentores mesiánicos. El desierto de la violencia para los predicadores de la lógica excluyente del amigo y enemigo. El desierto del cinismo de los que la viven como incorregible espacio de la corrupción y del aprovechamiento sectorial y faccioso. El desierto de la resignación para los que la viven como una dimensión inevitable e imposible, que nada tiene que ver con su destino personal y colectivo. El desierto de la falta de perspectivas para los prisioneros de las agendas coyunturales del corto plazo. El desierto de la subordinación de la política a la economía y de esta a las lógicas eficientistas de la tecnocracia. 

Hacia la mejor política superando los reduccionismos

Pero lo político, en el horizonte de su revitalización como ética del bien común, frente a las lógicas economicistas y tecnocráticas globales, puede empobrecerse nuevamente si no incluye la dimensión ética y cultural, con sus imaginarios sociales subyacentes, si no recupera su riqueza simbólica de ritual de reconocimiento recíproco en una memoria compartida, purificada de antiguas clausuras y exclusiones. Por ejemplo, una concepción tecnocrática de la política la reduce, sobredimensionando la fe en los mecanismos de mercado como los instrumentos primordiales para alcanzar el Bien Común. “Este modo de concebir la política es tecnocrático por cuento vacía al discurso público de argumentos morales sustantivos y trata materias susceptibles de discusión ideológica como si fueran simples cuestiones de eficiencia económica y, por tanto, coto reservado a los expertos” (Michael Sandel) 

“Aunque haya que rechazar el mal uso del poder, la corrupción, la falta de respeto a las leyes y la ineficiencia, «no se puede justificar una economía sin política, que sería incapaz de propiciar otra lógica que rija los diversos aspectos de la crisis actual». Al contrario, «necesitamos una política que piense con visión amplia, y que lleve adelante un replanteo integral, incorporando en un diálogo interdisciplinario los diversos aspectos de la crisis».   (Fratelli Tutti 177)                         

Lo que está en juego es la recuperación de la capacidad de cada persona para conducirse como un verdadero ciudadano integral, consciente de los problemas colectivos y deseoso de participar activamente en la vida democrática. Este es un profundo desafío a la educación que debe responder a la pregunta: ¿Vivir juntos, con qué finalidad, para hacer qué? Se trata de dar a cada persona la capacidad y los instrumentos para participar activamente durante toda la vida en un proyecto de sociedad, creando las condiciones materiales y espirituales que lo permitan. 

En esta perspectiva, es un desafío recuperar a la escuela y al aula como lugar de construcción de lo común y del diálogo intercultural en una sociedad diversa, desigual y fragmentada y establecer políticas públicas activas de cuidado y fortalecimiento de las familias, como núcleo vital de la humanización con especial atención a las infancias desprotegidas y vulnerables.

La política, para el bien común, arrancada a la violencia

J.Y. Calvez SJ nos brinda una clarificadora definición de política cuando destaca su significado de “reconocimiento mutuo de libertades arrancado a la violencia”. La política constituye una superación de la violencia —de la supresión del otro— aunque esta se mantiene siempre como amenaza real, como posibilidad que hay que reducir. La historia política argentina y del mundo así lo demuestra. “El reconocimiento es, por tanto, siempre frágil, pero quiere perdurar, se convierte en un fin para todos los que participan; es un bien, el bien común. También se convierte en una sociedad de carácter permanente, constituida alrededor de ese bien: la sociedad política. Mejor todavía, el reconocimiento constitutivo se convierte, por esa permanencia, en comunidad, y ese término se aplica mejor a lo político que el de sociedad: designa ese lugar en el que vivimos a salvo de la violencia, de hecho, por un reconocimiento durable.” (Calvez).  Significa que la lógica de la política no apunta a la desaparición del otro sino al reconocimiento recíproco de los sujetos entre sí, reconociendo la pluralidad como condición de toda vida política. 

Hacia una nueva ciudadanía

La formación de una nueva ciudadanía, con una fuerte dimensión social y cultural, podrá ayudar a recuperar el “animus societatis” ante el repliegue egocéntrico del individualismo y frente al vacío de sentido y la renuncia claudicante a toda construcción comunitaria de identidad. Significa construir los puentes para convertirnos de “habitantes a ciudadanos”, de ciudadanos aislados a comunidades solidarias. Implica un fuerte desafío a la formación ciudadana en el horizonte del Pacto Educativo Global. Como dice Adela Cortina: “Ser ciudadano es ser miembro de una comunidad política o de una comunidad humana universal si es que hablamos de ‘ciudadanos del mundo’. Ciudadano es aquel que es su propio señor, junto a sus iguales. Ciudadano es el que no es súbdito, el que no es vasallo, el que es dueño de su vida. Ciudadano es el que hace su vida, pero la hace con los que son iguales que él en el seno de la ciudad. La idea de ciudadanía significa siempre ser ciudadano con otros y con otros que son iguales”.               

Buscando la amistad política y social

El camino recorrido en estos 40 años de democracia nos desafía a ser profundamente originales superando las falsificaciones y atajos sin salida que nos roban la esperanza de futuro, en el horizonte de un nuevo pacto cultural, social y educativo, que tenga como centro a la persona que aprende, que haga de nuestra patria una “aldea educativa”.  Resuenan las palabras de Francisco apelando a nuestra creatividad y acción comunitaria: «No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos» (Fratelli tutti, 77)

En la imitación de Cristo están estas palabras: “Semper incipe”, empieza siempre. Es una invitación a “salir de sí”, a recuperar el origen de nuestra vocación y elevarnos en nueva libertad, en renovada “iniciativa” frente a la “des-esperanza”. Frente al pesimismo del ‘no se puede’, frente a la imposición de los violentos, o a un pensamiento cerrado y excluyente, frente a la percepción del otro como enemigo, o al relativismo del ‘todo vale’, frente a la manipulación de las tecnologías y las redes auto referenciadas, escuchamos una vez más la invitación a seguir profundizando nuestra “originalidad” de argentinos. Para animar a las nuevas generaciones con una formación integral fortalecida en su “originalidad” de personas, creadas a “imagen y semejanza” de Dios.  Así, cada uno, haciendo crecer en tierra nueva las semillas de la democracia, que son las de la educación, de la fraternidad, del respeto y del servicio, ayudaremos a reconstruir una Argentina fraterna y solidaria porque “es nuestro destino piedra y camino, porque de un sueño lejano y bello somos peregrinos” (Atahualpa Yupanqui)     

 

 

Referencias:  Calvez, Jean Yves. Política Editorial Docencia.  Calvino, Ítalo.  Las ciudades invisibles. Siruela. Cortina, Adela. Ética civil y religión. PPG, Madrid. Francisco, Fratelli Tutti Sobre la fraternidad y la amistad social. Paulinas Francisco. Evangelii Gaudium. Paulinas. Ricoeur, Paul. Educación y Política. UCA-Prometeo Sandel, Michael. El descontento democrático. Debate Web oficial del Pacto Educativo Global www.educationglobalcompact.org

 

Fuente: Ricardo Moscato. Posgrado en educación. Prof. universitario, Vicepresidente de ACEJA (Asociación de Colegios y escuelas jesuitas de Argentina) ha sido Delegado de educación del P. Provincial (1999 -2010) y Vicepresidente de FLACSI (Federación Latinoamericana de Colegios Jesuitas) (2000-2006).

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