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¿Qué esperamos de la educación católica?

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“Todos caminando juntos: redes de educación formal y no formal, avanzamos en convergencia, junto a los departamentos de las conferencias episcopales, y sus reductos educativos” en una agenda comprometida con el proceso sinodal que el Papa Francisco extendió hasta el 2024. 

 

Hace un año, a finales de noviembre de 2021, por primera vez la Ciudad de México fue sede de una experiencia inédita: la Iglesia continental se reunía para llevar a cabo una Asamblea Eclesial. Lo mejor de todo es que no lo hacía como fruto de un capricho o por iniciativa propia, sino como indicación del Papa. Y como consecuencia de aquel momento podemos decir que el Celam continúa avanzando “Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias”, título del texto que recoge las reflexiones y propuestas pastorales de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

Este documento, traducido a seis idiomas (español, portugués, inglés, francés, italiano y alemán), fue presentado al papa Francisco por la presidencia del Celam el 31 de octubre de 2022. Se trata de un texto que consta de tres partes: los signos de los tiempos que nos interpelan y alientan; una Iglesia sinodal y misionera al servicio de la vida plena; y el desborde creativo en nuevos caminos a recorrer. Lo que se busca, como recoge el texto, es “ofrecer un aporte significativo a la reflexión y al caminar de las comunidades en nuestro continente, con la certeza de que ‘todos somos discípulos misioneros en salida’”. Y hacerlo “partiendo de las tradiciones y culturas del continente para traducir el único Evangelio de Cristo al estilo latinoamericano y caribeño, en una sinfonía donde cada voz, cada registro, cada tonalidad enriquece la experiencia de ser discípulo-misionero”. 

En realidad, se trata de un proceso que aún no termina, un itinerario que plantea desafíos desde lo conceptual y actitudinal. En lo referente al discernimiento y el diálogo, se plantean nuevas propuestas pastorales que intentan responder a los clamores del Pueblo de Dios tras pronunciarse de múltiples maneras durante el proceso de escucha. Se abrió así la posibilidad de reconocer los avances en muchas de las apuestas de la Iglesia, sin desconocer las incertidumbres y vacíos que deben atenderse, si estamos decididos a dejarnos interpelar por el llamado del Papa a vivir la sinodalidad. 

Estamos ante un texto que recoge los cuatro sueños de Francisco en Querida Amazonía. Se nos ofrecen seis líneas de acción pastoral que pretenden abarcar las diversas dimensiones de la acción pastoral con diversos desafíos, fruto de los trabajos de todo el proceso vivido, recogidos por el equipo de reflexión teológica. Desde ahí, llamó a emprender un proceso de apropiación para que este texto pueda ir entrando capilarmente en nuestras comunidades.  Porque este no es un documento del magisterio episcopal de América Latina, tampoco la reflexión de un grupo de amigos o la conclusión de un congreso, ni la reflexión de un equipo de peritos en el ámbito académico. Estamos ante un documento que recoge la reflexión del Pueblo de Dios conformado por las diversas vocaciones y asistidos por el Espíritu Santo. No es fruto de una iniciativa particular y sí de la convocatoria del Santo Padre, que nos puede renovar en el impulso evangelizador y misionero.

 El llamado del Papa alcanza a todos —no solo a los católicos—, sino a todos los que trabajan en educación. Se trata de un diálogo entre generaciones, donde participan los estudiantes, sus familias, los docentes y también la comunidad, para construir una nueva forma de generar, mediante la educación, condiciones humanas propias de una humanidad mejor.

 Además del mencionado encuentro entre las redes, ha sido de vital importancia el diálogo con los departamentos de educación de las conferencias episcopales, otra instancia donde se están acortando las distancias, y se camina unánimes ante el PEG (pacto educativo global), concretando también, a través de una encuesta a las instituciones de educación católica, el diseño y la composición de un mapa continental. 

Una agenda comprometida se abre hacia el futuro cercano, con un encuentro de todas las redes de congregaciones religiosas, comunidades eclesiales y movimientos que trabajan en educación. En este proceso expresado en una larga caminata y manifestado en varios hitos, también se prevé la realización de un encuentro de movimientos sociales donde la educación no formal surca las calles de nuestro continente. Todos caminando juntos: redes de educación formal y no formal avanzamos en convergencia, junto a los departamentos de las conferencias episcopales, y todos los reductos educativos. Ser una red de redes es un sueño que se va haciendo realidad para que sea posible el PEG en la transformación e incidencia en la realidad de nuestros pueblos.

Este hoy de la Iglesia de América Latina y el Caribe es especialmente esperanzador. Estamos saliendo de un letargo prolongado, de zonas de parálisis y confort, y, animados por el Evangelio y el magisterio del papa Francisco, nos hemos ubicado nuevamente en el lugar de las preguntas y de la construcción colectiva, ahí donde no somos los protagonistas y donde, desprovistos de bitácoras, nos preguntamos sencillamente por el querer de Dios. Qué es lo que Él quiere para cada uno y para este Pueblo de Dios que peregrina por este continente. 

En escucha a los clamores que resonaron en la Asamblea Eclesial, abrazamos nuestra identidad de discípulos misioneros y entendemos que es necesario convertirnos, ordenar el corazón, apostar por nuevos modos relacionales que den más primacía a lo humano y que estén desprovistos de intereses mezquinos, utilitarios, manipuladores. Caminar en condición de hermanos supondrá que venzamos resistencias, complejos de superioridad, miedo a abrazar la diferencia.

 

Hacia una Iglesia Sinodal

Este Documento, presentado al Papa Francisco el 31 de octubre, desea “ofrecer un aporte significativo a la reflexión y al caminar de las comunidades en nuestro continente, con la certeza de que ‘todos somos discípulos misioneros en salida’”

El Documento, que está redactado en seis idiomas, consta de tres partes:

I. Signos de los tiempos que nos interpelan y alientan

II. Una Iglesia sinodal y misionera al servicio de la Vida plena

III. Desborde creativo en nuevos caminos a recorrer.

IV. Este texto no se trata de un «Documento conclusivo» —como los que brotaron de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano—, ni es el resultado de una elaboración realizada por un grupo de teólogos. Es la sistematización de lo expresado en el diálogo de quienes participaron en casi un centenar de grupos de trabajo, integrados por laicos, laicas, religiosos, religiosas, sacerdotes, diáconos y obispos.

V. Es un documento que ofrece caminos en seis dimensiones: kerigmática y misionera; profética y formativa; espiritual, litúrgica y sacramental; sinodal y participativa; socio-transformadora; y ecológica.

Fuente: Crónica de monseñor Jorge Lozano, arzobispo de San Juan, secretario general del CELAM, quien a través de su revista institucional “Misión” (Nros Oct y Nov 2022) se expresa sobre los desafíos para las comunidades educativas. 

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