Editoriales

Tiempo de escuchar la Voz de la Creación

Adrian Alvarez
Presidente del CONSUDEC

El mes de septiembre, mes de la educación, de los estudiantes, de la llegada de la primavera es también el mes del Tiempo de la Creación, que comenzamos con la oración interreligiosa el 1 de septiembre y concluimos el 4 de octubre con la fiesta de San Francisco de Asís.

Hace 7 años el Papa Francisco nos regalaba la Carta Encíclica Laudato Si sobre el cuidado de la Casa Común.  No es una “encíclica verde” sino que se enmarca en la Doctrina Social de la Iglesia, porque como dice el propio Pontífice: “Cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos. Pero necesitamos constituirnos en un “nosotros” que habita la casa común” (Fratelli Tutti, 17)

El llamado del Papa ha calado hondo en todos los ámbitos de la sociedad civil, es más podríamos decir que ha sido más receptado fuera que dentro de la propia Iglesia. Me viene a la mente el comentario de uno de mis hijos respecto a que hay más frases de Laudato Sí en los carteles del Palacio de Justicia de la calle Talcahuano, sede de la Corte Suprema, que en muchos de nuestros colegios y parroquias y ni hablar de nuestros hábitos y menos de nuestras currículas, más allá del intento de algún docente motivado por la temática.

Necesitamos de una verdadera conversión ecológica, “porque lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir” (LS, 216), “implica dejar brotar todas las consecuencias del encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que nos rodea” (LS, 217). Necesitamos generar redes comunitarias para atender a los problemas sociales generados por el mal uso de los bienes que el Señor nos regaló y en eso el papel de la escuela, de los docentes, resulta insustituible.

El Papa nos dice que para que esto sea posible debemos profundizar algunas actitudes: gratitud, gratuidad y conciencia amorosa, “para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres. Además, haciendo crecer las capacidades peculiares que Dios le ha dado, la conversión ecológica lleva al creyente a desarrollar su creatividad y su entusiasmo, para resolver los dramas del mundo…” (LS, 220)

Este es el desafío y nosotros no podemos “mirar para otro lado”


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