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25 años de aprendizaje-servicio solidario en Argentina.

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Este movimiento pedagógico mundial abarca desde Jardín de Infantes hasta la Universidad.  

 

Por María Nieves Tapia. Fundadora y directora de la CLAYSS.

 

Desde hace más de un siglo y en contextos culturales muy diversos, educadores y estudiantes han venido inventando creativamente proyectos en los que se integran objetivos formativos y actividades solidarias. Muchos hemos experimentado en primera persona cuánto nos enriquecemos cuando nos ponemos al servicio de los demás, y hemos comprobado cómo aumenta la motivación y el aprendizaje cuando lo que se estudia en el aula puede aplicarse concretamente al servicio de la comunidad.

Hace 50 años, ese tipo de proyectos educativos solidarios fue bautizado en Estados Unidos como “aprendizaje-servicio”, y hoy es un movimiento pedagógico mundial que abarca desde el Jardín de infantes hasta la Universidad, y que ha desarrollado un importante cuerpo de investigación y de práctica.

Hace 25 años, el Ministerio de Educación de Argentina empezó a promover el aprendizaje-servicio, y -aún con sobresaltos e interrupciones- hoy esas políticas continúan, lideradas por el Programa Nacional Educación Solidaria. La Ley de Educación Nacional 26.206/06 garantiza explícitamente el desarrollo de proyectos de aprendizaje-servicio (art. 123, l y art. 32, g), numerosas jurisdicciones lo promueven y miles de instituciones lo ponen en práctica.

La crisis de 2001-2002 provocó una de las interrupciones en estas políticas. Un grupo de quienes habíamos formado parte del disuelto programa “Escuela y Comunidad” nos reunimos en medio de los cacerolazos de febrero de 2002 y decidimos fundar el “Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario” (CLAYSS), para seguir apostando al aprendizaje-servicio, ahora desde la sociedad civil. Sin dinero ni oficina, podía parecer un sueño utópico -o una ridiculez-, pero a los pocos días se contactaron con nosotros el Centro del Voluntariado del Uruguay y el Ministerio de Educación de Chile, y así comenzó un camino que está cumpliendo 20 años, y que hoy ha llegado desde América Latina hasta lugares que nunca hubiéramos soñado, como Europa Oriental, África y Asia.

Qué es el aprendizaje-servicio solidario (AYSS)

Puede definirse al aprendizaje-servicio solidario como “aprender haciendo al servicio de otros”, o como “reflexión y acción transformadora de la realidad”, o como una forma de aprendizaje en base a proyectos solidarios. Es una propuesta pedagógica que articula intencionadamente acciones solidarias con la comunidad protagonizadas activamente por los estudiantes, con los contenidos de aprendizaje (contenidos curriculares, reflexión, desarrollo de competencias para la ciudadanía y el trabajo e investigación).

Algunos ejemplos pueden ayudar a precisar el concepto:

  • Se investiga el pasado local y se recolectan testimonios y objetos para organizar museos locales donde no los había, se diseñan nuevos recorridos para fomentar el turismo, y se generan actividades para revalorizar la propia identidad y cuidar el patrimonio cultural local.
  • En el taller de muchas escuelas técnicas, en vez de hacer maquetas se diseñan y producen sillas de ruedas y otros dispositivos para personas con discapacidades que los necesitan.
  • Estudiantes de Institutos de Formación Docente hacen observaciones y prácticas en contextos comunitarios, colaborando con centros de apoyo escolar en contextos de vulnerabilidad socio-educativa.

En todos estos ejemplos, los estudiantes no sólo aplican lo aprendido en el aula en contextos reales, sino que también se ven desafiados a adquirir nuevos saberes, a resolver problemas reales en forma creativa y a poner en juego su empatía y su capacidad de comunicarse con una diversidad de interlocutores.

En definitiva, los proyectos de aprendizaje-servicio solidario ponen en juego “cabeza, corazón y manos”, articulan teoría y práctica, y constituyen un modelo pedagógico para una educación integral adecuado a los desafíos de nuestro tiempo.

El AYSS como innovación en la práctica docente

Las escuelas de América Latina tienen una larga tradición solidaria, y el movimiento de reforma universitaria de 1918, al incorporar la “extensión” como una misión sustantiva, fortaleció esa tradición de vinculación entre instituciones educativas y comunidad, e impulsó la búsqueda de contactar teoría y práctica, la producción de conocimiento con las necesidades sociales.

Al mismo tiempo, en Argentina como en muchos otros países de la región, durante gran parte del siglo XX las actividades solidarias eran vistas en general como algo “extra”: una actividad extra-programática, a desarrollar en tiempos extra-escolares, en forma voluntaria y sin ninguna relación con el currículo. Incluso en colegios católicos con gran compromiso social, las actividades solidarias se desarrollaban en general en forma paralela a la vida académica, acentuando esa suerte de esquizofrenia institucional entre la pastoral y “las materias”.

Los proyectos de aprendizaje-servicio solidario innovan en la relación con la comunidad, porque exigen la escucha y el trabajo compartido con personas y organizaciones del “afuera” de la comunidad educativa. Innovan también porque obligan a articular teoría y práctica, la reflexión con la acción, la fe y las ciencias. También porque requieren del protagonismo de los estudiantes, y nos pide a los docentes dejar de estar en el frente para pasar a un rol de acompañantes. Sabemos que es fácil dirigir e imponer, como es fácil abandonar a los estudiantes a su suerte. El desafío está en el equilibrio de acompañar y cuidar, de garantizar los aprendizajes, incluyendo el aprender a hacer, a tomar iniciativa y a aprender a cuidar a los demás y a la casa común.

 

UNESCO: el aprendizaje-servicio, una de las tres estrategias pedagógicas para la escuela del futuro. Como muchas innovaciones educativas nacidas desde las prácticas de escuelas y universidades más que desde los escritorios de los especialistas y los funcionarios, el movimiento del aprendizaje-servicio ha ido creciendo en todo el mundo silenciosamente y sin mucha prensa. Sin embargo, de a poco comienza a instalarse también en el discurso de los especialistas y los organismos internacionales.

Recientemente, la UNESCO publicó un Informe de la comisión internacional sobre los futuros de la educación”, una suerte de nueva versión del célebre “Informe Delors” de fines del siglo XX.

En él se plantea que “Reimaginar el futuro juntos exige pedagogías que fomenten la cooperación y la solidaridad” (UNESCO, 2022:52), y que los formatos tradicionales de enseñanza deben dar paso a nuevas modalidades de aprendizaje, de los que propone específicamente tres: “los enfoques educativos basados en problemas y proyectos (…). Las pedagogías basadas en la indagación y en la investigación-acción (…) y “Las pedagogías comprometidas con la comunidad y el aprendizaje-servicio pueden dotar al aprendizaje de un fuerte sentido de utilidad (propósito) si se lleva a cabo desde una postura humilde.” (UNESCO, 2022:104)

Resulta interesante que la UNESCO subraye la necesidad de superar modelos paternalistas de servicio, algo que desde América Latina siempre hemos subrayado con el agregado de “solidario” al término “aprendizaje-servicio” acuñado en el hemisferio Norte.

Sabemos que la solidaridad no es lo mismo que la beneficencia, y que el asistencialismo alimenta el clientelismo, mientras que la auténtica solidaridad alienta el trabajo compartido y el aprendizaje recíproco, porque se funda en el reconocernos como hermanos, con los mismos derechos y dignidad.

Aprendizaje-servicio solidario y Pacto Educativo Global

Educar para la fraternidad es justamente uno de los ejes centrales del “Pacto Educativo Global” propuesto por el Papa Francisco[1], y en ese marco el aprendizaje-servicio se ofrece explícitamente como un camino concreto para concretarlo (GCE, 2021:34).

En su mensaje, el Papa indica tres pasos necesarios para poner en marcha una “aldea global” al servicio de la educación. El tercer paso es justamente:

“la valentía de formar personas disponibles que se pongan al servicio de la comunidad. El servicio es un pilar de la cultura del encuentro: «Significa inclinarse hacia quien tiene necesidad y tenderle la mano, sin cálculos, sin temor, con ternura y comprensión, como Jesús se inclinó a lavar los pies a los apóstoles. Servir significa trabajar al lado de los más necesitados, establecer con ellos ante todo relaciones humanas, de cercanía, vínculos de solidaridad». En el servicio experimentamos que hay más alegría en dar que en recibir (cf. Hch 20,35). En esta perspectiva, todas las instituciones deben interpelarse sobre la finalidad y los métodos con que desarrollan la propia misión formativa.” (GCE, 2021:5)

El Papa Francisco ha dicho que “no vamos a cambiar el mundo si no cambiamos la educación”. Con los proyectos de aprendizaje-servicio solidario creemos que podemos hacer las dos cosas al mismo tiempo, y también preparar a nuestros alumnos para ese examen final -el más importante de todos- en el que el Maestro nos preguntará si fuimos capaces de amar al prójimo con obras concretas (Mt. 25, 31-46).

 

 

Referencias: https://clayss.org/ https://www.educationglobalcompact.org/resources/Risorse/vademecum-espanol.pdf

 

 

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