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Actividad deportiva y desarrollo emocional

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¿Sabías que a través de la práctica deportiva se pueden desarrollar las competencias emocionales? Desde Córdoba escribe la prof. Johana Vaquez, Diplomada en Educación Emocional. Máster Internacional en Educación Emocional y Neurociencia Aplicada.

 

 “Estaba casi en la lona, parecía que iba a caer… En ese asalto, el siguiente, y en el siguiente, Alí estuvo contra las cuerdas encajando golpes de Foreman. De vez en cuando, soltaba un golpe y decía: George me decepcionas, no pegas tan fuerte como creía… Foreman poco a poco se iba volviendo loco de rabia, lanzándole un golpe tras otro, todos muy fuertes. A mitad del quinto asalto estaba agotado, se había consumido pegando tan solo en tres asaltos. De repente Muhammad Alí salió de las cuerdas, conectó una derecha directa a la cara de su rival y el sudor de la frente de Foreman salió despedido… (Gast, 2010)

En este fragmento del combate entre Muhammad Alí y George Foreman, encontramos una buena expresión de inteligencia emocional (IE). Los sentimientos y emociones proporcionan señales de lo que está sucediendo y de cómo se comportan las personas involucradas en una situación determinada. Si se analizan estas situaciones teniendo en cuenta la información emocional, podemos extraer conclusiones que pueden ayudar a que se tomen mejores decisiones, tal y como lo hizo Alí, en el mejor combate de boxeo del siglo XX, para muchos.

Cuando se habla de las ventajas de la actividad física, a menudo centramos la mirada únicamente en los beneficios que ésta aporta en el cuerpo. Ahora bien, la actividad deportiva es tan favorable para el físico, como lo es también para la mente. De hecho, el deporte es una de las herramientas más útiles para trabajar y mejorar factores como la salud mental, la inteligencia emocional y la gestión de las emociones. El componente de la inteligencia emocional que más se trabaja con el deporte es la autorregulación emocional. Durante la práctica deportiva sentimos una infinidad de emociones, por lo que acaba convirtiéndose en un ensayo para cuando las experimentemos en el día a día.

Durante la práctica deportiva sentimos una infinidad de emociones, por lo que acaba convirtiéndose en un ensayo para cuando las experimentemos en el día a día.

Por ejemplo, si estoy jugando un partido de fútbol y recibo una entrada dura, (que es cuando un jugador intercepta la pelota y se la quita a un oponente) sentiré una emoción de ira que, en el momento, debo controlar. Después, cuando en la vida cotidiana sienta de nuevo esa emoción, tendré más capacidad de autogestión y de control. Este ejemplo tan simple, se puede aplicar a todos los deportes y a las emociones.

Los padres y madres muchas veces me preguntan qué hacer; cómo ayudar a sus hijos a desarrollar su inteligencia emocional y salud mental, siempre les sugiero que indaguen, junto a ellos, las opciones y gustos deportivos de sus hijos, ya que a edades tempranas y en etapas adolescentes, ayuda a estimular además las funciones ejecutivas del cerebro (planeación, atención, concentración, inhibición, pensamiento flexible), indispensables para todo tipo de trabajo e interacción social.

Uno de los primeros trabajos que analizó la relación entre inteligencia emocional y rendimiento en béisbol (Zizzy, Deaner y Hischron) fue en 2003. Estos autores evaluaron la IE a través de la escala de autoinforme de Schutte (1998) y el rendimiento a lo largo de una temporada, de 61 jugadores (20 eran lanzadores y 41 eran bateadores). Los autores observaron que la puntuación en la escala de inteligencia emocional se correlacionaba positivamente con el número de strikes y walks que provocaban los lanzadores, quienes al iniciar la jugada requerían mayores habilidades personales e interpersonales. Esto, no sucedía con los bateadores.  El procesamiento adecuado de los estados emocionales, así como la necesidad de comunicarse con los recibidores hace que obtengan esas altas puntuaciones. 

Por otro lado, los autores Lane, Thelwell, Lowther y Devenport estudiaron en 2009 la relación entre la inteligencia emocional, a través de la escala Bar On, una prueba psicotécnica, durante el entrenamiento y competición de 54 estudiantes que jugaban al fútbol, hockey y rugby.

Estos investigadores observaron relaciones positivas y significativas entre estrategias de competición y habilidades de inteligencia emocional, evaluación de las emociones propias y de los demás, regulación y establecimiento de objetivos, imaginación y relajación.

Por todo lo anterior concluimos que existe relación entre la IE y las estrategias deportivas, por lo que invito a los entrenadores, docentes y padres a trabajar la IE con los deportistas y viceversa.

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