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Enseñemos a cuidar la vida

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“Necesitamos hacer de la palabra de Dios el centro de nuestros encuentros, y entrar en un diálogo mucho más fuerte y activo con la realidad de los niños y de los jóvenes”. Así habla la profesora Liliana Ferreirós, animadora del equipo de misioneros claretianos que diseñó el Proyecto Tekora, sobre “El cuidado de la vida”.

Cuando el Papa Francisco sorprendía al mundo con la encíclica Laudato Si, un equipo animado por la profesora Liliana Ferreirós recién terminaba de diseñar el proyecto Tekora; la colección de editorial Claretiana que entrelaza contenidos de todas las materias, con la actividad catequística.

 Tekora significa “cuidemos la vida” y nace de la expresión de los pueblos originarios y su respeto por el creador. Al presentar este material, Ferreirós señalaba que “la misión de la educación católica – también – es desarrollar un paradigma de cuidado que arraigue en el carácter sagrado de la vida. Mejor dicho, en comunión con el Señor de la vida”.

Para esto, dijo, “la iglesia selló un acuerdo sin precedentes; el pacto educativo global, destinado a generar paz y justicia y a recuperar una sana ecología integral eligiendo el mejor camino: el camino educativo”.

Un nuevo paradigma

Ferreirós sostiene que los educadores tenemos que lanzarnos con una nueva mirada hacia una cultura del cuidado de la vida, y lo sintetizó así:

La humanidad ha perdido la conexión con el creador, con lo sagrado de la vida. En consecuencia, el hombre lejos de sentirse ser humano, administrador de todo lo recibido como don, ha desplegado toda su voracidad, limitación, miseria, e hizo lo que estamos viviendo hoy.

Los educadores nos vemos interpelados desde el evangelio para tomar en serio nuestras prácticas, contenidos curriculares y transformarlos; tenemos adelante nuestro a los ciudadanos de este siglo que necesitan nuevas habilidades: esto no pasa tanto por el qué hacer, sino por el ser.

Entonces, cada proyecto institucional puede filtrar el grito y el llamado de Jesús, Señor de la Vida.

Algunos colegios de nuestro país, también de Chile y Brasil ya replican fecundamente la experiencia transversal de llevar la ecología humana con todos los contenidos de Laudato Si y de Fratelli Tutti, a la catequesis. Por eso comparto algunos conceptos fundamentales: nosotros hablamos del cuidado de toda forma de vida, y el nuevo paradigma es que podamos llevar al corazón de los niños esa semilla de la palabra de Dios con contenido y experiencia de fraternidad. Necesitamos hacer de ella el centro de nuestros encuentros, en un diálogo mucho más fuerte y más activo con la realidad que vivimos, y de la cual niños adolescentes y jóvenes están impregnados a diario. Ellos son muchos más conscientes que nosotros del tema ecológico. Y la pandemia como broche de oro, instaló esta conciencia.

Por lo tanto, trabajemos nuestra aula de catequesis con un enfoque más integrador, pongamos en diálogo el primer anuncio, mensaje de salvación, de amor, esperanza y vida, con las realidades que fuerzan y entran al aula en cada niño, familia, y en todo lo que nos está pasando como educadores. En nuestra localidad, ciudad o región hay contaminación, problemas con los residuos, alteraciones en los ecosistemas, todo eso tiene que ser materia de trabajo. Incluyendo en el ecosistema a los más pobres, discriminados de esta sociedad.

El contrapunto del cuidado es el autocuidado, prestemos atención al tema de la autoestima. Reconocer el don de la vida con su maravilla, extrañeza, perfección desde la más temprana edad forja una conciencia y un pensamiento que va a valorar naturalmente el cuerpo y la situación existencial del otro, en tiempos de maduración progresiva de todas estas realidades.

Autocuidado para un cuidado integral, inclusivo y con un concepto de fraternidad en el que incorporamos a nuestro Francisco de Asís que fue capaz de sentirse agua con el agua y llamarla hermana, y sentirse lobo con el lobo y llamarlo hermano

El cuidado integral e inclusivo abreva en una fraternidad y en una experiencia de comunión que tenemos que estar trabajando y haciendo fluir en el aula, desde lo más mínimos detalles: mesas fraternas, comunión, diálogo, disenso, tolerancia son palabras claves para poder abrir la puerta a este cambio de paradigma pedagógico – didáctico.

Un recorrido

Con una visión panorámica, integradora, nuestros proyectos educativos institucionales pueden proveer una catequesis o enseñanza religiosa en diálogo con las ciencias naturales o sociales, las prácticas del lenguaje, matemáticas, el arte y la educación física. ¿Es posible? Si, es un camino extraordinario.

Necesitamos hacer comunión de todos los saberes. Porque la creación y la vida que nos fue dada para religarse con lo divino justamente parte de toda la experiencia humana, desde la forma de la piedra, hasta el color del agua, el tamaño de un árbol, o el comportamiento de los animales. Toda la gran cadena biológica de la interdependencia; el ser humano, y la evolución histórica de las conductas sociales, están llamadas a ser redimidas.

Necesitamos hacer comunión de todos los saberes. Porque la creación y la vida que nos fue dada para religarse con lo divino justamente parte de toda la experiencia humana

¿Cómo? Al trabajar para desechar adecuadamente el plástico, o al evitar el consumo terrible de juguetes o bienes que ostentan algunos pocos, mientras que otros no tienen nada. O también, cuando aprenden alimentarse mejor, no sólo por la educación física, sino por la conservación del planeta.

Para completar estos conceptos, considero que en el pensamiento y el corazón de ustedes tiene que haber una nueva espiritualidad, que integre a todos los santos, padres de la iglesia, y a quienes están dando la vida por la causa de la humanidad hoy.

Todas estas formulaciones nos llevan a caminar. Necesitamos trabajar la interioridad y recuperar ese espacio sagrado en el que Dios habita, con las señales que nos da, a través de las situaciones humanas.

Conclusión

 Conmovidos por el Sínodo de Amazonía, desde la editorial Claretiana tratamos de integrar recursos que pueden ser inspiradores; con contenidos que permiten a los chicos hacer exploración, experimentación, análisis, lectio divina, y compromiso para la acción.

Buscamos motivadores dinámicos y novedosos para cada una de los niveles, por eso, trabajamos los textos con personajes que a lo largo de todo un itinerario de enseñanza religiosa y de catequesis, van a experimentar una maravillosa transformación. Elegimos como personajes los elementos naturales; el aire, el agua, la tierra y el fuego. Ellos tienen la virtud de ligarnos con el anuncio de los signos sacramentales. El agua bautismal, de la vida nueva. El fuego del Espíritu Santo o el viento es un concepto integral, transversal, y es lo que nos pide el Papa para esta nueva educación.

Para integrar lo ecológico trabajamos una zona libre, donde incorporamos también a la familia en la investigación. Buscamos con los chicos el sentido de palabras como planicie, fertilidad, conflicto, competir o cooperar. Tratando de abrazar lo humano y lo divino en estas páginas para que cada una de las narraciones se convierta en un disparador que nos lleve al concepto curricular, de catequesis, que queremos profundizar con los niños.

Este trabajo nos ha llevado un tiempo, porque el formato de la colección apunta a que cada docente, institución, o equipo directivo piense en esta aplicación de recursos para sus proyectos institucionales.

Los libros se pueden conocer en la editorial Claretiana a través de todas sus redes. Ingresando a tekora.claretiana.org

 

 

FUENTE: Síntesis de una conferencia en el 58 Curso de Rectores “Ecología Integral y Pacto educativo Global” de Liliana Ferreirós. Profesora de Letras. Especialista en Literatura Infantil y Juvenil. Autora de libros de enseñanza religiosa, textos didácticos y cuentos para niños.

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