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El desafío de la Educación Ambiental

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“La EA es educación para la acción. Como docentes nos encontramos frente a la tarea de incluirla con creatividad en las clases” escribe la Profesora de Biología y Comunicadora ambiental, Andrea Truffa. Fundación Espacios Verdes. (www.fev.org.ar)

 

La Educación Ambiental (EA) llegó para quedarse. Aunque aún faltan orientaciones, lineamientos oficiales concretos, capacitaciones y recursos tanto materiales como humanos, somos los docentes quienes debemos enfrentarnos al desafío de implementar diversas estrategias para incluirla con creatividad en nuestras clases.

Teniendo en cuenta la crisis ambiental que nos atraviesa y afecta, no se puede omitir este abordaje y es imperioso vincular los conocimientos de las distintas áreas con la realidad que atraviesa la sociedad en su conjunto, considerando las particularidades de cada población para que este aprendizaje sea realmente significativo.

La EA es educación para la acción que puede ser comprendida dentro del marco CTSA+V (Ciencia, Tecnología, Sociedad, Ambiente y Valores). Es parte imprescindible en la construcción de una ciudadanía responsable, con personas que puedan tomar decisiones conscientes e informadas, que puedan conocer problemáticas, desarrollar herramientas y actuar en consecuencia.

En este caso no se propone modificar los contenidos de las materias (cuyos diseños curriculares son el resultado de profundos debates e investigaciones), sino que, al contrario, la idea es pensar qué opciones se presentan desde cada área para poder acercar al alumnado a las problemáticas ambientales (que son multifactoriales y complejas) y así profundizar en diferentes enfoques y metodologías.

¿Cómo trabajar EA en el nivel secundario?

La respuesta es buscar su vínculo con el Diseño curricular y la transversalidad que es real y palpable. Históricamente se han estudiado problemáticas ambientales como extinción, recursos energéticos, contaminación o cambio climático (por dar solo algunos ejemplos), limitando su análisis a la mirada biológica, física y química.

La propuesta, en cambio, es finalizar con la fragmentación de contenidos, logrando que los y las adolescentes puedan integrar esos conocimientos que están construyendo. Una misma problemática ambiental requerirá diversos abordajes que se complementen y enriquezcan mutuamente. En las clases existen infinitas oportunidades y temas (sean de la coyuntura o de procesos más extensos) que podrían servir de puerta de entrada para la EA.

Los alumnos, en general, llegan a la escuela cada vez con más acceso a la información y con más preocupaciones ambientales. Es fundamental encausar esos intereses en propuestas concretas y que tengan objetivos claros (que no queden vacíos de contenidos ni sean utópicos o imposibles de concretar). Esto es una forma de transmitir que como personas adultas queremos hacernos responsables del cambio necesario y que también contamos con las nuevas generaciones en este proceso.

Así, por ejemplo, el cine, la literatura, la música y la expresión plástica pueden ser herramientas de análisis, reflexión y materialización de dichas inquietudes. Espacios donde pensar y abordar temáticas ambientales, utilizar otros materiales, escuchar otras voces y donde cada estudiante pueda expresar la propia.

Nuestro lugar en los ecosistemas puede reconocerse a través del contacto directo también en la Educación Física, pensando en la salud humana y de la naturaleza como una sola, experimentando ese vínculo inseparable.

Para, por ejemplo, realizar gráficos, calcular áreas de deforestación, analizar estadísticas de lluvias, modelizar fenómenos o comprender sobre las huellas de carbono, necesitaremos herramientas de Matemática y de Informática.

Las materias Humanísticas pueden aportar reflexiones sobre el rol de los seres humanos y su vínculo con el ambiente; el documento Laudato Si puede ser un gran disparador en este punto.

Las Cs. Sociales presentan un marco amplio para estudiar y comprender cómo los conflictos políticos, sociales y económicos no pueden desligarse de la cuestión ambiental. Los modelos extractivistas, las consecuencias de las guerras, los exiliados ambientales, diferentes vínculos con el ambiente a lo largo del tiempo, políticas sociales y económicas que también implican consecuencias ecológicas. Se puede pensar la Formación Ética y la Construcción de la Ciudadanía desde una visión integral, donde se considere la justicia ambiental y el derecho a un ambiente sano como responsabilidad civil y del Estado.

El presente nos convoca a analizar la realidad, sin buscar miradas amarillistas o catastrofistas, pero tampoco superficiales. No limitarnos a un afiche que diga “salvemos la naturaleza” en el aula y que no conduce a nada. La EA es una gran oportunidad para desarrollar proyectos transversales que conjuguen la teoría y la práctica, comprendiendo que se pueden sentar bases sólidas para la construcción de sujetos críticos y reflexivos desde la escuela.

Transformar la realidad es posible, las responsabilidades son compartidas pero diferenciadas. El rol de la educación es clave como parte de este cambio social que la naturaleza nos está exigiendo.

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