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La reconstrucción del tejido social fraterno

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“La educación que necesitamos debe poder afrontar la idolatría del yo, y encontrar palabras adecuadas para volver a la originalidad y riqueza de la vocación humana, en la relación con los demás”.  Carina Rossa, del Movimiento de los Focolares, retoma el pacto del Papa Francisco y el significado de sus expresiones: “juntos” o “mística del nosotros” para educar en la fraternidad.

Como formadora de futuros educadores, la doctora Carina Rossa recuerda que el tema del pacto educativo ha sido central para el Papa Francisco desde que era cardenal, en la diócesis de Buenos Aires. Su memoria registra “los reconocidos discursos que realizaba cada año en la Vicaría de la Educación, donde se pueden encontrar algunas referencias”, y ahora, “durante los ocho años que lleva de pontificado hay alrededor de 140 mensajes en los que cita y solicita con frecuencia la recomposición del pacto educativo, que está roto”.

Para esta especialista es necesario repasar una vez más el documento Instrumentum Laboris y el contexto social de esta convocatoria: “Allí se habla de egolatría y de fracturas. De la tendencia en el mundo occidental a encerrarse en sí mismo, y de proteger derechos y privilegios concibiéndose dentro de un horizonte limitado. También habla de un narcisismo justificado, de personas que se miran al espejo y que son incapaces de volver sus ojos a los demás y al mundo”.

La doctora continuó con las palabras del santo padre: “La educación que necesitamos debe poder afrontar esta idolatría del yo, encontrar palabras adecuadas para volver a la originalidad y riqueza de la vocación humana en la relación con los demás. La tarea educativa debe intervenir a este nivel, ya que las guerras comienzan dentro de nosotros cuando la alteridad se convierte en un obstáculo para la afirmación de la propia identidad”. Palabras como “juntos” o “mística del nosotros” son expresiones del Papa Francisco que también podrían ayudarnos.

Pero hablemos de educación y comunión

En la historia de la pedagogía hemos pasado de la educación centrada en la enseñanza, a una educación centrada en el aprendizaje. Sin embargo, solo en las últimas décadas se ha llegado a comprender que el componente más importante de la acción educativa es la relación de reciprocidad. La educación es una cuestión de relación. Y son muchas las relaciones de reciprocidad positiva que se establecen entre la enseñanza y el aprendizaje; entre profesores y alumnos, y también con otras personas de la comunidad educativa.

Pero, la experiencia que tratamos de generar desde la espiritualidad y la unidad no es una relación diádica, sino triádica, porque, la relación que procede entre dos sujetos es reveladora y transformadora y se convierte en cierta medida, en un tercer elemento que es la comunidad, la comunión.  

Hablamos en este sentido del clima educativo, de la acción en la comunidad y el territorio. Paulo Freire habla de la superación de esta relación y la expresa muy bien diciendo: “Ahora ya nadie educa a nadie, así como tampoco nadie se educa a sí mismo. Los hombres se educan en comunión y el mundo es mediador”.

Esta comunión que nace del continuo diálogo con el mundo es la principal característica de la pedagogía de Chiara Lubich. Aún, cuando desde su carisma se recaban distintas obras de la vida social, económica, política, también desde el arte y el derecho, no hay una palabra, gesto o mirada que no esté marcado por una precisa o profética visión educativa. Ella misma dice que, toda su obra se puede ver desde un gran y extraordinario evento educativo.

Cito uno de los espacios que tiene que ver con el pacto educativo a nivel local o global. Nosotros, tenemos ciudadelas, existen veinte en el mundo. La ciudadela es una pequeña ciudad donde se experimenta cómo puede ser la sociedad cuando la relación fundamental entre sus miembros es la fraternidad. Es un boceto, laboratorio o banco de prueba, una escuela de fraternidad abierta a todos, donde se construye y se ofrece con hechos concretos de la vida cotidiana un anticipo del mundo unido que nace de la convivencia entre las generaciones, las religiones, y culturas.

La educación impregna todos los ámbitos de esta ciudadela. Es la misma ciudad que forma, los vínculos entre sus miembros, y la armonía del lugar junto con las exigencias del territorio. Si uno observa un polo de este pacto educativo a nivel local, se ven al menos uno de los objetivos que marca el Papa. Por ejemplo: la persona está al centro de las decisiones de la ciudad. Los jóvenes juegan un rol de participación activa. Existe una verdadera paridad entre mujeres y hombres. La familia ocupa su rol junto a los demás educadores. En general son interculturales e interreligiosas; y ponen en práctica el cuidado de sí mismo, de los demás, y el medio ambiente.

Entonces, si tenemos en cuenta las perspectivas del pacto educativo global para construir alianzas con todos los componentes de la sociedad, podremos buscar nuevos métodos o propuestas pedagógicas que puedan responder.

Una de ellas es el aprendizaje y servicio solidario que genera fraternidad y comunión. Tiene lugar cuando está presente la intencionalidad pedagógica del servicio. Generalmente en nuestras instituciones educativas estas intencionalidades viajan en paralelo y por definición nunca se tocan; oponen teoría versus práctica, reflexión versus experiencias, estudio versus vida.

Temas como el voluntariado, el servicio, la ciudadanía activa, el aprendizaje de conocimientos, habilidades y valores son elementos conocidos, pero, la innovación se encuentra en su estrecha vinculación con una actividad coordenada y coherente.

Aprendizaje y servicio tiene 3 componentes: – primero, la actividad se hace “con” la comunidad, y no para satisfacer sus necesidades.  – segundo, el protagonismo es de los estudiantes a lo largo de todo el proyecto. No solo del servicio, sino también del aprendizaje. – por último, lo innovador es que sea curricular, que esté conectado con los contenidos, proyectos de investigación, y reflexiones requeridas en el programa.

Esta es una perspectiva de comunión y de fraternidad. Porque cuando se habla de solidaridad hay muchas miradas. Existe el modelo tradicional, en la cual un sujeto o comunidad se relaciona de forma vertical con el otro; tiene el saber y el poder de dar un rol activo. Su actitud entonces es de beneficencia, pero ignora al otro, y también lo que necesita. Además, lo mantiene en un rol pasivo.

 La solidaridad en un modelo horizontal, en cambio, está caracterizada por la fraternidad y considera que ambas comunidades son iguales. Así se mantiene un vínculo de reciprocidad positiva y el énfasis está en el compartir. En este modelo, cada sujeto sabe que tiene algunos saberes para compartir, pero también reconoce que necesita saber de los demás. Tiene poderes, pero está limitado, puede dar, pero también necesita recibir. Y lo que lo caracteriza este hacer juntos, es el vínculo que genera fraternidad.

Si profundizo cuál es la motivación a ser solidarios, podemos decir que responder a las necesidades de la comunidad es responder a la propia necesidad de comunidad que originariamente, y desde el nacimiento, cada uno de nosotros lleva adentro. En este sentido el otro, no es una causa ajena, a mi yo.

 Es precisamente en la dificultad, como en este momento de pandemia, cuando aflora con mayor énfasis la necesidad de escucha, de solidaridad de una comunidad que pueda sostener nuestra fragilidad. Por eso considero que proponer este tipo de educación que es el kairós, para la comunión y la fraternidad, es muy oportuno.

 

Fuente: Encuentro sobre el pacto educativo global. (Crónica Blanca Argentina) Carina Rossa es doctora en Psicología del Desarrollo y de la Transformación Social por la Universidad de LUMSA en Roma. Investigadora del Instituto Universitario Sophia de Loppiano. Representante de la Fundación Pontifica Scholas Ocurrentes en el Vaticano.

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