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En el camino formativo de la fraternidad

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Ricardo Moscato

Licenciado en Educación y Ciencias Políticas. Profesor Universitario. También fue expositor en numerosos congresos del CONSUDEC. Síntesis de su intervención en la JAEC - Córdoba/ youtube.

Con motivo de la jornada del Educador Católico 2021, el rector del Colegio del Salvador, Ricardo Moscato, compartió algunas reflexiones. Un diálogo con educadores de Córdoba, que llegó a todo el país.

 

Nuestra vocación educadora está marcada por este llamado a la fraternidad que el Papa Francisco nos hace. Ella implica un encuentro personal y comunitario con ese Jesús que nos invita nuevamente a ser sus discípulos misioneros.

Dicho esto, los invito a mirar esta pedagogía del cuidado del otro – alumno, familia, docente, compañeros – con la vocación del buen pastor. Es decir, nuestra pedagogía del cuidado tiene una raíz evangélica: el buen pastor, la cita de Juan señala que al dar la vida por sus ovejas; hace una diferencia: el que es asalariado, como las ovejas no son suyas, cuando ve venir al lobo (y tantos peligros actuales o tentaciones) las abandona, y se escapa. El lobo que es un mercenario, las dispersa, no está involucrado con las ovejas.

En nuestra misión como docentes afrontamos esta disyuntiva: la de asumir la misión de pastor y superar la tentación del asalariado; o estar como el lobo, que ahuyenta y hace daño a las ovejas.

Por eso, podemos pedir que esta pedagogía del cuidado tenga una mirada humilde, que no busca juzgar, sino amar. A veces, en la gestión educativa y en la docencia se nos congela la mirada que juzga y no tiene en cuenta a la persona, pero sí al problema. Esto nos desvía del camino, de la mirada de Dios, agradecida por el don de la vida que hoy disfrutamos.

Podemos decir a Jesús; “Maestro que yo pueda ver”. Y tenemos que pedir la gracia de la mirada de Dios para poder conocerlo, seguirlo y amarlo; dando testimonio.

Esta mirada no es ingenua, porque se da en un contexto de emergencia. Vivimos como un gran terremoto el cambio de época, con sus aspectos negativos: la deshumanización, la desigualdad, la exclusión, el individualismo, la falta de trascendencia, todo agudizado por la actual pandemia que estamos viviendo.

Nuestra propuesta educativa es una invitación contracultural.  Es necesario revisar qué focos formativos tenemos para orientar la vida institucional pedagógica, comunitaria, y no dispersarnos. La dispersión nos aísla, bloquea el protagonismo de los chicos, nos des vitaliza como educadores y desconcierta a las familias.

Estos focos formativos pueden expresarse en un renovado currículum humanizador y evangelizador; purificando las miradas. A veces estamos como contagiados de miradas que parten de lo abstracto, muy intelectuales, racionales o rígidas, situadas en el deber ser, pero sin bondad.

En tiempos de “invisibilidades” donde tenemos tanta información y redes sociales que nos bloquean y nos hacen incapaces de actuar, invitémonos a una mirada que no sea melancólica,  por lo que aparentemente hemos perdido.

Por eso la pregunta es: ¿cuál es la mirada en nuestra vida, en los colegios, en las familias, comunidades? ¿es una mirada de reconocimiento, de gratitud, o es una mirada de desvalorización, de derrota, de culpabilización?

Los invito a que esta pedagogía del cuidado sea al modo Jesús. Con misericordia y compasión. El nos comparte su misión de pastor, conoce a las ovejas y se deja reconocer por la voz, pero no por los zarpazos, como el lobo. Hay un modo Jesús y un modo lobo. También hay un modo mercenario, aquel que no se compromete y sólo va por la paga.

Como comunidades educativas estamos invitados a renovar el modo Jesús que invita a la misericordia, a la bondad, a esa pedagogía del cuidado tan necesaria en un mundo de zarpazos y mercedarios.

No puedo dejar de señalar que en este año dedicado a San José; el papa nos dice que él es modelo de la vida del cuidado. Hombre discreto, de la vida oculta, pero como presencia educativa cotidiana, es apoyo e intercesor en tiempos difíciles.

El viaje de la pedagogía del cuidado

1- Que podamos llegar a la meta de la formación integral. Se dice que toda pedagogía auténtica no evita que los adultos, los chicos y chicas sean activos. La escuela puede crear las condiciones para llegar a la meta del viaje formativo, tratando de no ser turistas ni vagabundos. Sino ayudándonos entre todos; como peregrinos, acelerando el paso para buscar la voluntad de Dios, aliados en un proyecto con los demás.

 Una pedagogía del cuidado en este viaje implica educar una nueva sensibilidad que amplíe la mirada, supere la indiferencia hacia el otro, y nos libere del narcisismo. Esto se logra con experiencia solidaria de comunión, celebrar, colaborar, y compartir juntos. También es educar en una pedagogía que supere la superficialidad de conocimientos fragmentados y descontextualizados.

2- La pedagogía del cuidado es escucha atenta y respetuosa de los demás. Cuidar es educar. Educar es escuchar, un arte respiratorio que supera la auto referencialidad. Con tanta exclusión que escandalizan a nuestra patria y al mundo entero, necesitamos hombres y mujeres que, desde su experiencia de acompañamiento conozcan los procesos donde campea la prudencia, el arte del esperar, y la docilidad al espíritu para cuidar las ovejas que se nos confían. Escuchar es más que oír, es comunicar y es generar encuentro.

3- Acompañar el proceso integral y progresivo de un aprendizaje existencial, según la etapa evolutiva de los chicos. Esa sensibilidad que les permita mirar la realidad como habitada por Dios. Y ayudarlos a tener el coraje de aprender a pensar y no ser manipulados por algunos vivos que piensan por ellos. Abrirse al asombro, evaluar su consistencia, ser críticos, lúcidos pero esperanzados. Aprender a elegir para que no los manipulen y ningún algoritmo de redes sociales, tampoco elija por ellos. Que aprendan a aceptar el reto de vivir comunitariamente, a no tener miedo de buscar una perspectiva unificadora del corazón en el encuentro con Jesús y con los demás.

Acompañar integrando las dimensiones que todas las escuelas se plantean. La socioafectiva, para el desarrollo de la identidad personal y social sana. La dimensión cognitiva para las habilidades y disposiciones del pensamiento. Y la dimensión espiritual religiosa, para amar a Cristo y poder ponernos al servicio de los hermanos.

4- la pedagogía del cuidado es promover y fortalecer ambientes seguros y saludables, donde no haya ni lobos ni mercenarios.

Nuestras escuelas tienen que ser lugares seguros, refugio de daños que la sociedad provoca. Tengamos cuidado, estemos alertas, generemos un ambiente comunitario que esté a salvo de la violencia, de las adicciones, del acoso, del abuso o del bullying. Que todo esté dispuesto para que los chicos se sientan hospedados, protegidos.

5- Desplegar la pedagogía de la ternura. Ella tiene la levadura de la Misericordia. El evangelista Mateo describe a la mujer que mezcla “tres medidas de harina y hace fermentar la masa”. ¿Cuál es la levadura de nuestras escuelas? ¿o la de tu corazón? A veces esas tres medidas de harina están muy dispersas; las lógicas administrativas, tecnológicas y digitales, las lógicas de lo socio afectivo y, por último, la lógica académica. Necesitamos la levadura del amor que es la ternura.

La pedagogía de la ternura necesita discernir, está en lo pequeño y lo grande de las instituciones.

6- La pedagogía del cuidado es también innovar con un sentido creativo y profundo. Esta pandemia nos ha desafiado a cuestionar y replantearnos nuestra identidad para ser escuelas humanizadoras, de evangelización y esperanzadas. Innovar no es partir de cero, es tener una memoria del camino recorrido, es dar gracias, superando la tentación de anquilosarse como museo para volver a hallar lo esencial, y encontrar soluciones a situaciones difíciles.

7 – Practicar una pedagogía de la fraternidad. Como señala el Papa Francisco en la Fratelli Tutti.  Profundizando este núcleo formativo en la comunidad educativa. Cuidando la casa común, y asumiendo la lucha espiritual que implica educar con oración, formación y discernimiento.

En el pacto educativo global, el santo padre también reafirma el poder transformador de la educación “educar es apostar y dar al presente la esperanza que rompe los determinismos” siempre ha sido así.  Es un enfoque integral, no reduccionista ni nominalista. Poder conciliar igualdad y diversidad. identidad y libertad.  Alteridad. Estamos convocados a cambiar nuestra cabeza. Es un itinerario que no busca resultados, sino que apuesta por los procesos y por unir saberes en alianzas interdisciplinarias y transdiciplinarias.

También el papa denuncia esta dictadura de los resultados. La educación no es objeto de laboratorio. No se puede juzgar por pruebas estandarizadas sin contexto. Tiene que volver a saborear el fruto de los procesos en la vida de las personas.

8- La pedagogía del cuidado es rezar, estar despiertos, permanecer alertas, llenar de aceite nuestras lámparas. Como comunidad educativa necesitamos poner la tienda allí donde otros huyen o simulan. De manera que podamos reconocer tierra sagrada, donde otros solo pueden ver fracasos.

9– Los protagonistas de la pedagogía del cuidado son cada uno de los chicos y chicas que están en nuestros colegios. En lo concreto de sus vidas, somos nosotros los maestros en estas jornadas de encuentro y formación.  

Las familias también, no la familia ideal, sino la real, con quienes colaboramos comunicando claramente nuestra propuesta y generando espacios de diálogo, para que se sientan apoyadas y potenciadas, especialmente las que más lo necesitan.

Por último, “no hay cuidado si no nos acompañamos en el cuidado” dice el Papa Francisco. Y plantea esta pregunta: ¿cuántas veces Jesús está dentro y llama a la puerta para salir y nosotros no lo dejamos por nuestras seguridades? Muchas veces estamos encerrados en estructuras caducas que solo sirven para hacernos esclavos y no hijos de Dios, libres”.

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