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Algunos nuevos escenarios de nuestro ser y hacer

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“Necesitamos incorporar pautas de discernimiento y de diálogo en nuestros itinerarios catequísticos”, expresó Lía Zervino, miembro de la Junta de Catequesis que intervino en su ciclo de charlas: Ánfora web 2021. En el mes en que se celebra el día del catequista, compartimos su reflexión sobre los tiempos actuales de una actividad por la cual se educa en la fe a niños, adolescentes y adultos.

 

Quisiera compartir con ustedes simples reflexiones sobre el contexto contemporáneo y cultural de la catequesis.

Veo un cambio de época con tantas contradicciones y dentro de un escenario eclesial similar al de San Francisco de Asís. El recibió la misión de Jesús de restaurar la Iglesia cuando le habló desde el crucifijo, y también de descubrirlo dentro de la naturaleza y los pobres.

Nuestro Papa Francisco, nos impulsó desde la Evangelii Gaudium a una conversión pastoral para una transformación misionera de la Iglesia y de la catequesis. Segundo, nos exhortó a una escucha del grito de la naturaleza y de los pobres en la Laudato Si… Y luego, nos abrió las puertas en la Fratelli Tutti para que juntos logremos una humanidad que viva en paz, justicia, y en una casa común construida, gozada en la hermandad, por el encuentro y la solidaridad.

Todo esto afecta a la catequesis. Y si sumamos la pandemia podemos intentar reflexionar en ciertas claves de los escenarios culturales actuales.

Hoy vivimos en la hiper conectividad e interdependencia; pero, que todo esté conectado no significa que estemos, necesariamente, mejor comunicados. Hay sin dudas aspectos positivos como las novedades creativas que surgieron por el uso de soportes digitales, sin embargo, esta forma de conectarse no siempre favorece una comunicación profundamente humana, donde la frescura, la transparencia, la intimidad de las relaciones cara a cara, es esencial en todo proceso de comunicación integral.

En este escenario, corremos el riesgo de que la conectividad y la interdependencia sean tan altas que podemos estar sujetos a un determinado modo de ser, de percibir, y también de rezar.

Personalmente me quedé muy impresionada cuando fui al África y compartí vivencias cotidianas, espacios para la liturgia y peregrinaciones, con las mujeres. Ellas rezan, cantan, y se ofrecen en cualquier momento del día, con todo su ser. Tienen muchos menos filtros que nosotros los occidentales, y tal unidad interior que expresan con su cuerpo, sus afectos, y su ritmo, integran todas las dimensiones de su persona. Esto sí que es una comunicación propiamente humana, integral, diría yo, un recuerdo que no solo me asombra, me interpela.

Entonces, al preparar estas palabras, se me ocurrió ver cuál es mi modo de comunicación con Dios y con los demás. Decidí ir a las catequesis del Papa, sobre todo, la oración de los miércoles donde encontré que, desde mayo de 2020 a junio de 2021, durante casi un año el nos explica y nos hace re descubrir la oración cristiana. Es decir, tenemos aquí un tesoro de comunicación verdadera, como si le hubiéramos preguntado a Jesús: Señor, enséñanos a orar.

Creo que, si gestamos escuelas de oración en nuestras catequesis y comunidades, habremos aprovechado este escenario de hiper conectividad como una gran oportunidad para desarrollar una comunicación íntima, transparente, vivificante, integral, profundamente humana, con Dios y con nosotros mismos.

Un camino de diálogo

Hace tres años empecé un diálogo interreligioso con mujeres líderes de comunidades musulmanas, hinduista, judía, y católicas. Juntas hemos entrecruzado miradas sobre el magisterio del Papa Francisco, al celebrar cada año el 8 de marzo, día internacional de la mujer.

Con ellas experimentamos coincidencias, tejiendo algo muy bello que nos ayuda a ser pro activas, construyendo la paz y amistad social en la medida de nuestras posibilidades, en nuestros países y en el mundo entero.

Estoy convencida que, en este escenario de heterogeneidad cultural, necesitamos incorporar dos cosas: las pautas de discernimiento y de diálogo en nuestros itinerarios catequísticos.

En “Fratelli Tutti”, el Papa nos señala que para el diálogo son necesarias siete acciones; acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse y buscar puntos de contacto. Cada una de ellos merece ser aprendida y ejercitada. No recuerdo que me hayan enseñado este conjunto de acciones en mi catequesis, tampoco recuerdo haber promovido esta experiencia de diálogo en tantos años de haber sido catequista.

Se trata de dialogar como lo hizo Jesús en el evangelio. Quizás sea hora de incorporar estas acciones que hacen posible el diálogo en nuestros encuentros catequísticos. Claro que hay una condición para que el diálogo sea fecundo, y es que, en medio de ese escenario cultural, nosotros podamos hacer un discernimiento personal y comunitario. Para discernir es imprescindible escuchar al Espíritu Santo que nos habla en nuestro interior, en la profundidad de nuestro yo, mente, afectos, donde está el sagrario de nuestra conciencia o el corazón en el sentido bíblico.

Esto es fundamental para poder leer la realidad, “los signos de los tiempos”. Sabiendo que podemos prestar el servicio de las verdades que nos han sido reveladas, y de las cuales no somos dueños, sino simples servidores.

 

El objeto de la escuela será: formar individuos competentes en el manejo de herramientas digitales, y la institución deberá adecuarse. El tiempo ahorrado estará destinado (...) a “Pensar y Razonar”.

Y si realmente logramos sentir con la Iglesia, podremos encarnar en nuestros itinerarios comunitarios un discernimiento en común, con un estilo sinodal que es el que Dios desea para la Iglesia en el tercer milenio.

El pueblo de Dios espera nuestra resiliencia

Vivimos en un contexto sociocultural signado por la incertidumbre. Es difícil planear, planificar, porque no sabemos qué puede suceder. Tanto formadores como catequistas podemos sentirnos un poco desesperanzados, cansados, hartos, desilusionados con la tentación de dejar caer los brazos, o pensando sálvese quien pueda. Pero es precisamente en esta coyuntura cultural, que el pueblo de Dios espera de nosotros resiliencia. Para consolar, sanar, iluminar y acompañar, fortificar, en una palabra, para cuidarnos.

El papa este año nos habló precisamente que la cultura del cuidado es el camino de la paz. La deseada paz social que todo país, región, o familia, desea. No les parece que en el escenario actual las actitudes evangélicas que nos vacunen contra la indiferencia, el racismo, la xenofobia, las brechas sociales, las venganzas y los fundamentalismos deberían ser pilares de nuestras catequesis. ¿cómo hacer si no para erradicar la cultura de la confrontación?

Hoy se nos exige para hacer palpitar el corazón las enseñanzas de la doctrina social de la iglesia, que ha sido maravillosamente enriquecida por el Papa Francisco. De aquí vamos a poder extraer y compartir la gramática del cuidado, la promoción de la dignidad, la solidaridad por los pobres, y la salvaguardia de la creación.

Nuestra misión es la de Jesús. Desde la cruz nos armonizó con el Padre, y estoy segura que quien por gracia de Dios siga los pasos del maestro logrará hacer frente al escenario de las incertidumbres, mediante una cultura del cuidado.

 

Fuente: Síntesis de la conferencia de Lía Zervino en el espacio de animación que promueve cada año la Junta Nacional de Catequesis, con el Instituto Superior. Ella es una mujer consagrada, servidora, asistente social y socióloga, que vive en Roma hace varios años por su trabajo como Consultora del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso y la cultura. Además, fue recientemente nombrada presidenta de la Unión Mundial de las Organizaciones femeninas católicas.

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