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Una aproximación a las Máximas del General San Martín

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Guillermo César Elías

Discófilo, Coleccionista. Locutor Nacional de Radio y TV, Profesor de Enseñanza Primaria y Bibliotecario Nacional. Es Maestro Bibliotecario en la Escuela 1 DE 1 “Juan José Castelli y Colegio Champagnat de Buenos Aires. Profesor de las Cátedras de: “Historia del Libro y de las Bibliotecas”, “Psicología, Estética y Formación del Lector” y “Documentación” en la Escuela Nacional de Bibliotecarios de la Biblioteca Nacional.

“Es probable que la interpretación de las Máximas, generalizada hoy por la escuela, sea el resultado de una enseñanza centrada en “efemérides”, y no en un proceso histórico”. Con esta mirada, el profesor y bibliotecario Guillermo César Elías invita a observar el contexto y las particularidades propias del “Padre de la Patria”, quien, tras la campaña libertadora, “encuentra desafíos no menores”, educar a su hija “a tiempo completo.”

 

Como lectores, en el afán de interpretar documentos del pasado, no podemos desatender las variables que implica su lectura, es decir, conocer su momento histórico, social y político, y las particularidades propias de la persona que lo ha generado. Si esa lectura no se renueva y complementa con estos datos, podemos estar expuestos a una vaga interpretación.

Ante la pregunta: ¿A quién estaban dirigidas las Máximas escritas por San Martín? La respuesta es unánime. -A su hija Mercedes.

Entendiéndose, lisa y llanamente, que la enumeración de premisas propuestas por el Libertador, tenían como destinataria a su hija, quién al leerlas, sería la encargada de seguir estas recomendaciones o consejos.

Nada parece más alejado a una interpretación minuciosa del documento y al entorno histórico en el que se concibió.

José de San Martín redactó en el año 1825 las doce Máximas, luego de haber participado en la emancipación de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Chile y Perú. Ahora la tarea del “Padre de la Patria” encontró otros desafíos, no menores. Debía abocarse a la educación de su hija Mercedes Tomasa, de sólo 9 años de edad, a tiempo completo, recordemos que su esposa Remedios Escalada había fallecido en 1823.

Asumida la total responsabilidad de Padre, y tal como lo hiciera en la guerra, su espíritu militar acostumbrado al lenguaje técnico de la táctica, le llevó a diseñar un plan que le facilitara esta tarea.

José de San Martín escribió las Máximas para él mismo

La observación del documento original que obra en el Archivo del Museo Mitre de Buenos Aires, da cuenta de que el manuscrito ha sido redactado en una hoja suelta, en el que se expone el título:         “Máximas para mi hija -1825”, anotando once premisas en el anverso y la décimo segunda en el reverso.

Esta forma material, (la de una hoja suelta) nos acerca a la idea de que el documento fue realizado para su uso personal, como un “ayuda memoria”. Lo concibió, para tener siempre presente sus objetivos, en el diario trato con Mercedes. Un padre en nuestros días, si se trazara un plan similar, y deseara visualizarlo diariamente, lo colgaría en “la heladera”. El enunciado de los verbos en el documento, delatan a su destinatario, es decir él mismo: Humanizar, Inspirar, Estimular, Acostumbrarla. Es decir que se encuentra en posición de redactar los objetivos de su planificación.

La ambigüedad en el título

El Libertador emplea una frase corta, con el objeto de tener presente el contenido del documento, recordemos que su uso es “personal”. De ninguna manera estaba destinado al público, sino probablemente hubiese elegido un encabezado con descriptores más acertados, que no propiciara la ambigüedad con la que se interpreta hoy.

En tal caso hubiese escrito: “Máximas para con mi hija” o “Máximas para educar a mi hija”

Pero, el enunciado utilizado por San Martín, denota su eminente uso personal.

Es probable que la interpretación de las Máximas, generalizada hoy por la escuela, sea el resultado de una enseñanza centrada en “efemérides”, y no en un proceso histórico. Y donde, al aproximarse el mes de agosto, se toman desprevenidamente las “Máximas”, para enseñárselas a los alumnos. Desprovistos de toda explicación, la interpretación se reduce, reteniendo finalmente solo el título con que dotó su autor al documento.

El recuerdo del Libertador, que engrandece la memoria de la América toda, es además la de un padre obsesionado por la educación de su hija, que hace de este verso del poeta Belisario Roldán “Padre nuestro que estás en el bronce” la antítesis del rasgo más valioso de Don José de San Martín, su Calidad Humana.

 

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