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Gabriela Gambino

Miembro del Dicasterio para los laicos, la familia y la vida, es licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Milán, y obtuvo un doctorado en el Instituto de Bioética de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Roma. Es profesora de Bioética y Bio-derechos en el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia (Universidad Lateranense). Colaboró con el Pontificio Consejo para los Laicos, y la Pontificia Academia para la Vida. Es autora de numerosas publicaciones sobre la vida humana, el matrimonio y la familia.

En la continuidad del año dedicado a San José y a la “Familia Amoris Laetitia”, el Dicasterio para los laicos de la santa sede plantea “organizar encuentros para los padres sobre la educación de sus hijos y sobre los desafíos más actuales”.  La escuela, “como todos los agentes de pastoral tiene que salir más al encuentro de las familias, con nuevas formas, tiempos y espacios, entrar en diálogo con ellas y atenderlas” sostiene la sub secretaria de este organismo, Gabriela Gambino.

“El matrimonio es una vocación; no es cómo elegir un trabajo o una profesión, por lo tanto, debemos hablar a los jóvenes, pero también a los niños, de esta vocación”. Así habla la profesora Gabriella Gambino, licenciada en Ciencias Políticas, con un doctorado en Bioética quien el Papa Francisco nombró Sub secretaria del Dicasterio para los laicos, la familia y la vida.

Se trata de una madre de cinco hijos, que hoy agita las aguas en las redes sociales a propósito del año de la Familia y de San José. Sostiene que el santo padre “desde hace mucho tiempo está hablando de la importancia de un catecumenado al matrimonio que sea remoto, es decir, que empiece durante la niñez”.

“Esto necesita una renovación en la preparación pastoral, y la catequesis, – dice – para enseñarles a los niños que están llamados al amor”. Según la doctora Gambino, otro primer paso que podemos dar como educadores “es fortalecer a los jóvenes hablándoles de esta vocación para que nazca el deseo del matrimonio dentro de sus corazones, con testigos que muestren su belleza”.

“Formar al matrimonio es necesario también para que los niños o jóvenes sean conscientes de que tienen un don entre sus manos, verdaderamente un regalo para brindarse a los demás”.

“¿Dónde estamos con Amoris Laetitia? La aplicación pastoral de la Exhortación del Papa Francisco”, preocupa a la Subsecretaria del Dicasterio, Gabriella Gambino. Ella considera que hay itinerarios posibles “para que cada realidad eclesial se vea impulsada a tomar la iniciativa. Hay propuestas elaboradas a partir de las necesidades que surgen de la pastoral familiar en todo el mundo y con la mirada de Amoris Laetitia” dijo. Pero, “el criterio es hacer transversales los proyectos pastorales, para que no haya más compartimentos estancos. El acompañamiento de los niños, de los jóvenes, de los novios y de los ancianos debe hacerse a la luz de una visión integral y unificada de la planificación pastoral, que puede ser fuente de gran creatividad. Hacer que dialoguen los agentes de pastoral de las distintas áreas, actuando con espíritu sinodal, es importante para dar continuidad y gradualidad al camino de crecimiento en la fe de los laicos”.

Una orientación vocacional

Gambino, que también es profesora en el Pontificio Instituto Teológico de la Universidad Lateranense de Roma; explica que: “En los cursos de catequesis para niños, continuando después de la comunión y la confirmación con una formación remota a la vocación esponsal, en muchos contextos pastorales se podría evitar el riesgo de perder por el camino a muchos chicos y chicas, que después de la primera comunión ya no se asoman a la Iglesia. No porque estén realmente desinteresados, sino porque ya no se les ofrece nada, ni a ellos ni a sus padres, para acompañarlos en el crecimiento espiritual de sus hijos”.

“Es hermoso que la Iglesia se conceda este tiempo de conversión pastoral – afirma – Es el signo de una Iglesia que quiere crecer, hacerse adulta, que no se contenta con utilizar métodos antiguos e ineficaces, porque sabe ponerse en juego por amor a la familia. Porque se ha dado cuenta de que, a efectos prácticos de la evangelización, la familia es la vía por la que debe pasar la Iglesia. Hay un pasaje muy incisivo de Evangelii Gaudium, el documento programático del actual pontificado, en el que el Papa Francisco dice: “las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se conviertan en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación.” (EG 27). Si aplicamos estas palabras a las familias, ya tenemos algunas indicaciones claras de la conversión pastoral. Por ejemplo: ¿se adaptan las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y nuestras estructuras eclesiales a la vida concreta de las familias? Si pensamos en las familias que viven en grandes ciudades y tienen que mantener juntos los compromisos laborales de sus cónyuges y los compromisos escolares y extraescolares de sus hijos, todo lo cual implica continuos traslados de una parte a otra de la ciudad -y muchas veces sin mucha ayuda de los familiares cercanos- nos daremos cuenta de que para muchas familias es casi imposible participar en los eventos parroquiales escolares, o diocesanos si no se adaptan a sus posibilidades”.

“Se trata, pues, de un gran reto para la Iglesia. Todos los agentes de pastoral, por tanto, deberían tener más en cuenta a las familias, salir a su encuentro, encontrar nuevas formas, nuevos tiempos y nuevos espacios para establecer un diálogo con ellas y atenderlas. Como ya hemos tenido ocasión de explicar, nuestro Dicasterio participará activamente en la difusión de algunos instrumentos pastorales para las parroquias y las diócesis, con el fin de ayudar y sostener el trabajo, a veces muy laborioso, de las iglesias locales”.

“Periódicamente pondremos en nuestra web recursos y pequeñas herramientas de las que seguiremos dando noticias a lo largo de estos meses. Además, cuenten con los vídeos sobre la exhortación apostólica, que se publicarán mensualmente: en ellos participa el Santo Padre, con algunas familias de todo el mundo. Y, no olvidemos, que este año se celebrará el primer Día Mundial de los Abuelos y Mayores el 25 de julio.

Pero, la mayor parte de los recursos pueden provenir de las diócesis, los movimientos y las asociaciones familiares, que en un espíritu de auténtica comunión trabajan intensamente para tomar nuevas iniciativas. Asimismo, las instituciones académicas católicas y pontificias se movilizan para promover reflexiones capaces de tener efectos concretos, en diálogo con la pastoral.  Ellas elaboran, a fin de cuentas, ese pensamiento cristiano que hoy urge poner a disposición del mundo. Los temas a tratar son muchos, las dificultades de las familias en las complejas sociedades actuales son numerosas y a menudo están interrelacionadas.  Que todas las iglesias locales se sientan llamadas a intervenir allí donde entrevean las mayores urgencias familiares, poniéndose a la escucha de las familias, dándoles espacio y caminando con ellas.

Hoy vivimos una emergencia vocacional, no sólo de la vida religiosa, sino también del matrimonio, porque como hemos dicho: elegir el matrimonio no es como elegir un trabajo: es una vocación. Este año, más que nunca, todos estamos llamados a trabajar para revitalizar la institución de la familia, no sólo en la Iglesia, sino también en la sociedad. El camino es largo y no terminará con el Encuentro Mundial de las Familias de 2022”.

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