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Una experiencia de primera línea

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Así valoran el programa “Aprender a emprender 2021” educadores de distintas localidades quienes, en un encuentro virtual con Consudec, conversaron sobre la propuesta de Junior Achievement, la ONG que promueve el espíritu emprendedor de los jóvenes hace varias décadas dando respaldo a “un servicio que la escuela por sí sola no puede dar, y que permite a los docentes presentar la materia de otra manera”.

 

“Junior Achievement” es una de las ONG más grandes del mundo, y cuando se presentó en Argentina en 1994, fue a través del Curso de Rectores de Consudec. Así lo recuerda Sandra Selva, quien asistió al encuentro en ese entonces, como profesora de Ciencias Económicas del Colegio San José Obrero de Caseros. Ella cuenta que la directora de su escuela “fue una visionaria” que “supo motivar a otra profesora y a mí para encauzar el programa en tercer año del polimodal”.

Lo cierto es que esta organización con más de cien años de historia logra que sus voluntarios brinden educación financiera, preparación para el trabajo, y emprendimiento a estudiantes de miles de escuelas de todos los países. A través de sus programas tanto alumnos como docentes, puedan alcanzar una experiencia de aprendizaje basado en proyectos muy completa. 

Hoy, uno de sus programas “Aprender a Emprender 2021” se ajusta a los tiempos de la pandemia y está respaldado por becas a escuelas públicas o semi privadas que no tienen recursos.

Sandra Selva, que es vice directora del Juan XXIII de Ramos Mejía y licenciada en Gestión educativa recuerda que en los primeros tiempos “necesitábamos tener un espónsor, o auto subsidiarnos como hacían otras escuelas, para poder encausar un proyecto”, pero, cuando lo pudo ejecutar, quedó muy conforme.

En 2007 le llegó una invitación de “Junior Achievement” que, por cumplir 25 años en Argentina invitó a un desayuno a los colegios que participaron de sus proyectos. La docente volvió a establecer el vínculo con la ONG, a partir de los nuevos espacios institucionales y de los cambios en la ley federal de Educación.

Durante la entrevista, la vice directora contó que conseguir un sponsor y volver a la experiencia del proyecto Aprender a Emprender le sigue dando “resultados maravillosos tanto para la vida del docente que puede presentar su materia de otra manera, como también para la vida de la escuela, porque les brinda a los chicos una experiencia de primera línea”.

Es así que Sandra Selva coordina el proyecto en el Colegio Juan XXIII desde el 2015. En ese momento, al asumir el cargo de vice directora, lo introdujo en el plan de estudios porque “la experiencia del colegio San José Obrero, me enseñó que este proyecto pierde mucho si es extraprogramático u optativo”. Esta materia se llama “Proyecto Organizacional” y se imparte en sexto año, con una carga horaria de cuatro horas semanales, a la que se anexó una hora más de taller contable.

El programa en tiempos de covid

La metodología de esta propuesta pedagógica siempre funcionó al acoplarse al ciclo escolar en el que se cumplen varias etapas: la organización, el desarrollo, la administración y la liquidación.

El año pasado los alumnos del Colegio Juan XXIII crearon una compañía llamada “Vegany” que obtuvo el segundo premio por la producción de jabones veganos, a pesar de la pandemia. Los chicos compraban a un laboratorio los bolsones con mil pastillas y elaboraban un packaging utilizando tubos de plástico con tapa rosca, al que le incorporaban las etiquetas que ellos mismos diseñaron. Pero, como describe la vice directora Sandra Selva “hubo que surfear el proyecto en la virtualidad”.  El grupo era numeroso, contaba con más de 40 chicos en el que “afloran siempre líderes positivos y negativos, y también se dan los conflictos, que demandan la presencialidad. Para nosotros fue un gran desafío trabajar desde casa y sin poder acompañarlos, sin embargo, nos han sorprendido, sobre todo, en la etapa de la producción que fue un tema muy delicado debido al aislamiento obligatorio”

Entonces “se organizaron muy bien – cuenta la docente – los chicos tenían que manipular, entregar, recibir a los proveedores, además de colocar los sitios de venta de aquello que estaban produciendo. Para mí fue muy importante el soporte que nos dieron todos los viernes desde la ONG, porque nos acompañábamos mutuamente”.   Además, “el programa salió igual o mejor, – agregó la docente – porque, cuando las capacitaciones eran presenciales concurría una comitiva pequeña (no más de cinco chicos), pero, la capacitación virtual, integró a todos. Por lo tanto, desde ahora, todas las convocatorias de junior son obligatorias.

Como conclusión, Selva señala que “el proyecto de la ONG ofrece al colegio la posibilidad de que el alumno experimente todos los conocimientos adquiridos a lo largo de su trayectoria escolar”.  Así logran atravesar “una experiencia real en el mundo real: no solamente registran una realidad en sus libros contables, sino que manejan plata, trabajan con proveedores, y tienen accionistas”. Además, cuentan con el soporte de los voluntarios de la fundación, un servicio que la escuela por sí sola no puede darles, porque tienen capacitaciones con personas de primer nivel, economistas, o gerentes de marketing, que han atravesado el mundo, con maestrías. Sin dudas, la fundación le da un plus a la escuela y mantiene actualizada la tarea docente”.

Desde Mar del Plata

La profesora Marisa Lis Villarreal, desde el Colegio San Roque e Inst. Ayelen de la ciudad de Mar del Plata describe otra experiencia. Ella trabajaba “Emprendimientos” como materia “extra curricular” y conoció por Facebook las actividades de “Junior Achievement”.  Entonces nos cuenta que en plena pandemia abordó el programa “Aprender a Emprender” por primera vez. La experiencia le hizo valorar el aporte de los profesionales de la ONG, su respaldo, y la ventaja de poder operar con el formato que ofrece la propuesta.

Recuerda que en abril de 2020 la directora de una de las escuelas le planteó: “¿te parece Marisa en este contexto? Igual nosotros te vamos a apoyar”.  

La docente sostuvo que comenzó “a buscar cómplices, profesores de otras materias, para que los chicos vean otra forma de transitar una propuesta de valor en los espacios curriculares y en toda su formación”. En los colegios donde trabaja, se decidieron encarar tres emprendimientos: el primero, aceites esenciales, el segundo, Olovka, “estuches con diseño y diversos tamaños para organizar lo que necesites” y, un tercer desafío, implicó la venta de bolsitas terapéuticas con semillas.

“Chicos que jamás agarraron hilo y aguja, buscaron una máquina de coser, y aprendieron a manejarla. – describe la profesora – y realizaron un producto que no tenía defectos; ellos se distribuyeron bien los roles: cortar, hilvanar, y coser”.

Pero, el hecho más significativo que asombró a la docente de Mar del Plata ocurrió durante una reunión de capacitación, “una mamá nos interrumpió pidiendo permiso al zoom y expresó algo que fue más allá de todo el proyecto, dijo que, gracias a esta propuesta su hija que es una excelente estudiante, logró levantarse de la cama durante todo el confinamiento”.

La profesora Marisa Lis Villarreal señaló: “los chicos quedan teñidos de un espíritu emprendedor, que no solamente les va a servir para llevar adelante una iniciativa económica, sino que aprenden a tomar decisiones, y analizarlas sin dejar nada al azar. Buscan la forma de resolver un problema (como cuando se les rompió la máquina de coser) y sin que ellos se den cuenta, los profesores y los padres observamos su coraza.

 

 

El Instituto IAM de San Miguel del Monte

Mario Castro es un tutor de este establecimiento agropecuario que como alumno participó del programa de Junior Achievement en los noventa. Cuando egresó en 2001 volvió al colegio como preceptor y ahora trabaja el programa con otros dos tutores durante el turno tarde. En su escuela el proyecto de la ONG dejó de ser obligatorio, pero, con sus colegas que también son ex alumnos hacen un seguimiento directo de la propuesta. 

Mario – que es el más joven de esta entrevista – señala que con el correr de los años vio pasar de una generación a otra el programa de la ONG y observar las ventajas de su digitalización.  “No era no era como antes, que hacíamos alfajores… Hoy lo trabajamos con los chicos desde el laboratorio del colegio y como preceptores seguimos los horarios, y lo que tienen que cumplimentar”.

Esta evolución del programa, su adaptación a los nuevos tiempos “nos permite empezar de cero, y tomar de la fundación su didáctica para usarla dentro de las aulas. En esto Junior abre el abanico de posibilidades que son bienvenidas. Y los chicos están muy motivados, sobre todo, después de lo que pasó el año pasado”.

Fuente: Entrevista con Sandra Selva, Vice directora del Colegio Juan XXIII (Ramos Mejía) y Prof. Del Instituto San José Obrero. Prof. Marisa Lis Villarreal, Colegio San Roque e Inst. Ayelén de Mar del Plata. Tutor Mario Castro, preceptor del IAM de San Miguel del Monte, pcia. de Buenos Aires.

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