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La paz, tarea misionera de la educación

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El profesor Abel Rodríguez Céspedes es considerado uno de los grandes hombres de la educación en Colombia. Intervino en el proceso de paz de su país y su vida es un ejemplo para las nuevas generaciones. Escribió innumerables artículos sobre “educar para la convivencia pacífica”. Fue maestro de primaria y profesor universitario, ex Secretario de educación que murió por Covid a fines del año pasado. Síntesis de un manuscrito.

 

La misión social de la educación es formar para la convivencia respetuosa y pacífica, esto es, para la paz. Antes que atiborrar el cerebro de los estudiantes con un mar de informaciones y conocimientos, en muchas ocasiones superfluas, los maestros tienen el imperativo pedagógico de formar para la convivencia social pacífica y armoniosa. El compromiso de la educación con la construcción de la paz deriva de sus propios fines y objetivos, consagrados en la Constitución, los tratados internacionales sobre derechos humanos y las leyes de la república.

 

Los conflictos armados y las guerras no son constitutivos de la naturaleza humana, son invención de unos individuos para someter, explotar, oprimir y gobernar a otros; por lo tanto, son evitables y solucionables cuando se presentan. La violencia es un instrumento de dominio de los poderosos sobre los débiles. En la medida en que sea proscrita, rechazada, deslegitimada y castigada, la paz entre los pueblos y los individuos podrá ser posible.

 

La paz, en cambio, es un valor ético de la humanidad; es un deber y un derecho de las personas y es una condición para la vigencia plena de los derechos humanos, comenzando por el derecho a la vida. La paz es así mismo indispensable para el establecimiento del Estado social de derecho, es decir, para alcanzar el imperio de la democracia y de un orden social justo.

A la educación le corresponde, al lado de otras instituciones fundamentales de la sociedad, y entre ellas, las religiosas, la misión histórica de contribuir con la enseñanza y prácticas escolares a erradicar de la conciencia humana, las concepciones erróneas y reaccionarias de la vieja cultura de la guerra y reemplazarlas por los principios, valores e idearios de la cultura de la paz.

La convivencia pacífica

La educación en todos los países del mundo, dispone de los centros escolares, que son sin duda las instituciones más potentes y eficaces con que cuenta la sociedad y el Estado para aclimatar la paz y cimentar los valores de la convivencia pacífica democrática, no sólo entre los niños, adolescentes y jóvenes, sino entre la comunidad en general.

Los colegios cuentan a su vez con los maestros, quienes poseen los conocimientos, los saberes, y la experiencia. Para ello tienen que disponerse a superar sus limitaciones académicas y a cambiar sus concepciones y formas de ser frente a los alumnos, comenzando por reconocerlos como personas – sujetos de derechos. Tienen la tarea de formarse en las teorías y métodos de construcción de la cultura de paz y el reto de convertir los colegios en territorios de reconciliación y convivencia pacífica.

La participación de la educación en la construcción de la paz no sólo es imprescindible por su capacidad para reconstruir la cultura. También lo es porque a través de la educación, asumida como un derecho fundamental de todos y todas y como un factor de desarrollo humano, social y cultural, y cristalizada en un escenario de libertad, democracia y convivencia pacífica, es posible avanzar de modo eficaz en la superación de los factores de segregación, discriminación e iniquidad social que históricamente han caracterizado a la sociedad en todas partes del planeta.

 

La participación de la educación en la construcción de la paz no sólo es imprescindible por su capacidad para reconstruir la cultura. También lo es porque a través de la educación, (...) es posible avanzar de modo eficaz en la superación de los factores de segregación, discriminación e iniquidad social que históricamente han caracterizado a la sociedad

Frente a los desafíos de la paz, el sector educativo está llamado a jugar un papel de primer orden: la inclusión de los reinsertados que requieran educación; el restablecimiento del pleno derecho de educar a las poblaciones rurales y urbanas afectadas por conflictos; la reconciliación de los grupos confrontados; la construcción de una cultura de paz y el impulso de una reforma educativa para la paz.

Así, la agenda educativa para la paz comprende tres tareas concretas: contribuir a la ejecución de las tareas del posconflicto; construir en los colegios y entre la comunidad educativa una cultura de paz y lograr una reforma educativa para la paz.

 De las tres tareas señaladas, la construcción de cultura de paz es la prioritaria, la más vital y estratégica. Con la formación en una cultura de paz, se podrán alcanzar entre otros los siguientes objetivos: deslegitimar el uso de la violencia (armada, física, psicológica o verbal) para resolver discrepancias, controversias y conflictos; legitimar las instituciones y los procedimientos democráticamente establecidos para dirimir esas situaciones; erradicar la indiferencia; factores determinantes de la cultura de la violencia; cultivar el cuidado de la naturaleza, el ambiente y los animales; introducir el cariño y la ternura como elementos fundamentales en la formación; y lograr que los hombres dediquen más tiempo a los niños y a los ancianos y a las actividades domésticas; cimentar la práctica del cuidado; protestar ante todo acto de injusticia y estar dispuesto a mediar ante un conflicto.

Fuente: Homenaje de Revista Magisterio.

 

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