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Desafíos e intervenciones de los equipos de orientación escolar

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Elisa Emma Azar

Psicopedagoga por la Universidad Católica Argentina. Magister en Educación y Gestión Educacional. Docente de la UCA. Directora del programa “Un puente de doble mano”. Autora de libros y artículos.

Por la crisis sanitaria, su atención a la realidad socio educativa aumentó. Una mirada al marco legal – teórico y contextual de este servicio escolar que colabora con los padres y que trabaja para un mundo que se ha detenido.

Hablar de las familias y de sus nuevas funciones desde que la educación se mudó al mundo virtual, es el eje de muchos conversatorios entre instituciones, directivos y representantes legales. Hace pocos días, la Junta de educación católica de Córdoba (JAEC) presentó dos disertantes, reconocidas psicopedagogas de la provincia, quienes reflexionaron sobre qué intervenciones positivas pueden aplicar las escuelas para retomar los vínculos con las familias de su comunidad.

La Doctora Elisa Emma Azar – que se formó en el Instituto Superior perteneciente a la JAEC – inició la charla recordando su primer proyecto: “Reunirnos para crecer”. Dijo que hoy debido a la situación mundial “es necesario hablar del rol del orientador escolar / psicopedagogo, y de la tarea que le espera”. Entonces explica que:

“Estamos en una situación de excepcionalidad, con incertidumbre, ansiedad, y falta de contacto con el par. A quienes hacemos asesoramiento, se nos llama a reconocer las distintas realidades de las escuelas y a ver cómo estaban preparadas. Además, esta situación trae aparejada lo que antes era un principio teórico: la singularidad de los establecimientos, sus recursos, y, de la misma manera, a las familias con sus dificultades económicas y afectivas”. 

Entender esta singularidad es esencial. Pensar en el sentido de lo que nos ocurre implica que tenemos que abordar, de nuevo, el hecho educativo en el vínculo familia – escuela, poniendo el lente en favorecer la presencia, el encuentro, la confianza, el creer en el otro, y querer trabajar en favor del otro”

La vida cotidiana sufrió un quiebre; hubo un desequilibrio que nos interpela a dar una respuesta. Esta respuesta se construye en la medida que podamos recuperar todo vestigio resiliente, con estrategias para salir de nuestra zona de confort, que van a significar un aprendizaje para todos. Un crecimiento y una mejora. Porque si no, el otro camino es quedarnos paralizados, en la enfermedad.

 Hay una buena noticia que da sentido a nuestras profesiones, es la capacidad que tenemos y que tiene la educación de resignificar. En este sentido, podemos realizar acciones que hagan que el ser humano desarrolle su capacidad resiliente. Por ejemplo, al avisar a los padres que informen adecuadamente a los niños sobre lo que ocurre con el covid. O también enseñarles algunas rutinas, para que no se mezclen el tiempo de trabajo, con el tiempo de enseñar a los chicos.

Un marco legal, teórico y práctico

“Es muy interesante volver a repasar hoy estos conceptos” expresa la doctora Ema Azar. “El profesional de los equipos de orientación escolar – dice la reglamentación – es el encargado de preservar, mejorar y restablecer a las personas a lo largo de su vida todas las posibilidades de aprendizaje. Su rol debe ser ejercido desde un marco legal, y teórico práctico, atendiendo siempre a la realidad social – educativa en la que va a intervenir. Tiene que procurar, posibilitar el desarrollo de la persona y ayudarla a construir su autonomía moral e intelectual. Y permitir que la persona sea capaz de producir sus propias preguntas.

El profesional de los equipos de orientación escolar (...) tiene que procurar, posibilitar el desarrollo de la persona y ayudarla a construir su autonomía moral e intelectual. Y permitir que la persona sea capaz de producir sus propias preguntas.

El marco legal habla de las incumbencias del psicopedagogo.  Pero también hay autores que dicen que los equipos de orientación deberían estar conformados por profesionales de distintos orígenes o formación. Sin embargo, sostienen que, asesorar sobre los procesos de aprendizaje y sus dificultades, le corresponde al psicopedagogo que debe procurar la salud en el aprender.  La ley nacional de educación, además, impulsa y señala la necesidad de comprender a la familia concreta para construir caminos de entendimiento entre ellas y las escuelas.

Las leyes provinciales revelan también que los padres se involucren y tengan una amplia participación en los procesos educativos. Lo establece la ley de los derechos de los niños, niñas y adolescentes (Ley 26.061)

Por último, hay una resolución que define y fundamenta la función de los gabinetes psicopedagógicos; con puntos para ver y descubrir que se adaptan a todos los niveles:

El primero de ellos, es necesidad de responder inquietudes que los padres o docentes plantean. Orientarlos acerca de las necesidades que tanto niños y adolescentes tienen en sus etapas evolutivas. Los papas requieren ser escuchados, y reconocidos en su singularidad.

 El psicopedagogo escolar en este caso, desempeña un rol dinamizador, es un agente de cambio que trata de generar equilibrio para trabajar en la promoción y prevención de los aprendizajes.

¿Porque intervenir para acompañar a las familias? La familia y la escuela son contextos prioritarios para el desarrollo cognitivo, social y psicomotor de los niños. No olvidemos que es persona.

Hoy la pandemia nos lleva a la emergencia sanitaria y educativa. Cerrar la presencialidad en las escuelas, ha impactado y lo vemos en las consultas.

En este segundo cuatrimestre, encontré padres mucho más conformes con la situaciòn. Para ellos, encontrarse en el hogar fue descubrir que había que seguir construyendo el hogar.

 

Fuente: Espacio virtual de JAEC (Junta Arquidiocesana de Educación Católica de Córdoba)

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