Editoriales

Fratelli tutti

P. José Alvarez
Presidente del CONSUDEC

«Sólo el hombre que acepta acercarse a otros seres en su movimiento propio, no para retenerlos en el suyo, sino para ayudarles a ser más ellos mismos, se hace realmente padre»[4]. En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos. (FT1)

 

Fratelli Tutti es una hermosa guía para ayudarnos a una conversión educativa de la enseñanza, nos muestra el camino que propone el Papa Francisco como Iglesia que necesita una nueva conversión, y como hemos dicho otras veces, la escuela católica es la Iglesia. Al citar esa frase de Leclerc nos muestra como la actitud hacia los demás hombres no tiene la necesidad de convencerlos de nada. No hay que retenerlos en nuestros proyectos y doctrina sobre ellos, tampoco un amor verdadero se desinteresa del otro cuando no responde a nuestro plan sobre ellos o lo que nosotros pensamos que es mejor, no hay nada más maravilloso que dejarse sorprender con lo que el artífice del mundo y de la historia hace con cada uno de nosotros por caminos que solo El conoce. El otro no es un proyecto nuestro, quien verdaderamente es padre, quien verdaderamente genera, es gratuito, libre de sus propios proyectos sobre los demás.

Describe el Santo Padre un mundo de torres de vigilancia y murallas para defenderse de guerras sangrientas, es el sabor que tiene hoy las luchas ideológicas por el modo de pensar, de concebirse, de creer. Sabor a guerra y sangre. Donde prevalece el gozo por el modo de imponer sobre los demás mi modo de entender el mundo, la vida y la felicidad. Mientras tanto cada uno construye su camino a veces en la clandestinidad de la mirada del poderoso, equivocándose, arriesgando y hasta fracasando muchas veces, pero haciendo un verdadero camino de búsqueda frente a un misterio del que no sabe decir su nombre. Un camino propio, que lejos de ser instrumento de un fracasado con título docente, se consuela intentando encaminar la vida de los demás. “Atrincherémonos es la consigna, sobre un mundo perverso con ideas degeneradas que intentan envenenar la juventud”. Y así asesinan a la juventud adoctrinándola, para que no tenga deseos de volar con sus propias alas. El camino educativo lee, en la vida, en la historia, en el corazón y las circunstancias del otro, penetra y se llena de estupor en cada uno, no teme, porque sabe que la vida se construye así. El educador se vuelve compañía en los tropiezos y caídas, se vuelve amistad que sana y anima, paciencia y llanto, porque ama. Cuando no existe el educador, los verdaderos talentos quedan excluidos a la periferia, porque ya no pertenecen a nadie, no son como nosotros, no piensan  como nosotros, no profesan, ni se conciben como nosotros. En la escuela no puede haber periferia, no puede haber excluidos, marginados, todos tiene un camino positivo de vida.

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