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En el camino hacia la conversión ecológica: un relanzamiento

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El fundador y director ejecutivo del Movimiento Católico Mundial por el Clima, Tomás Insúa, es un argentino formado en la espiritualidad de la escuela franciscana que vive en Roma. Desde allí se dirigió a los educadores de América Latina, y les observaba que: “cada vez que san Francisco miraba el sol, la luna, los pequeños animales, su reacción era cantar”.  Entonces dijo; “necesitamos una revolución educativa; enseñar a los niños y a los jóvenes este modo de ver la Creación”.

“Como alabanza a las demás criaturas:  hermano sol, hermana luna, hermana agua…, San Francisco de Asís pensaba en toda la creación como una fraternidad universal. Somos hermanos no sólo entre seres humanos, sino también con el resto de la creación” señaló Tomás Insúa, el dirigente que lanzó en 2015, la primera organización católica llamada a concientizar por “la gravísima crisis de nuestra casa común y la emergencia climática”.

 La institución que preside trabaja para que la encíclica Laudato Si se convierta en acción. Por eso, a este docente que fue becario en Harvard y que colaboró con la Secretaría del Clima de las Naciones Unidas, le interesa promover una educación para la Humanidad y el Medioambiente en todas las escuelas. Insúa interviene entonces en muchos encuentros no solo para hablar de la cuestión climática, sino también del papel de la Iglesia, y los procesos de políticas globales de la ONU. Su foco de atención está puesto en los gestos del Papa Francisco que “nos invita a mirar con honestidad esta crisis, utilizando palabras muy fuertes: “Parecen advertirse síntomas de un punto de quiere” (LS 61) “¡Estamos al límite! ¡Estamos al borde del suicidio!” como llegó a decir en noviembre de 2015.

En este contexto, nace el movimiento global por el clima. Su director describe que está conformado por más de 750 organizaciones – entre las cuales figura la CIEC (Confederación Interamericana de Educación Católica)- y más de 8 mil animadores de Laudato Si trabajando cerca del Vaticano, y acompañando a los obispos de todas partes del mundo. Señala también que muchos maestros de América Latina son animadores de la encíclica. Ellos trabajan a nivel local, en parroquias, por eso les pide a los educadores y autoridades de distintas instituciones a contactarlos, sobre todo, “para saber cómo tratar esta conversión ecológica”.

 “La conversión ecológica – explica Insúa – es la raíz del problema; que, en el fondo, es un problema del corazón”. Entonces recuerda que “este concepto no se lo inventó el Papa Francisco, sino que fue San Juan Pablo II quien lo utilizó por primera vez al expresar que “es preciso estimular y sostener esta conversión ecológica que en los últimos decenios hizo a la humanidad más sensible, con respecto a la catástrofe hacia la cual se estaba encaminando”. 

La revolución educativa

 ¿Cómo llevar una pastoral desde la escuela para la conversión del corazón? El fundador del movimiento católico para la emergencia humana y medioambiental explica con un gráfico las distintas acciones. Refirió que el Papa Francisco habla de una reconexión espiritual con la creación” que “implica la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal” (LS 220).

El referente añade que “esta conversión no sólo nos reconecta con el clamor de la creación, con su belleza y sacralidad, sino también con su dolor y su grito. El objetivo es tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir el sufrimiento personal y lo que le pasa al mundo, para reconocer así, cuál es la contribución que cada uno puede aportar”.

“Uno no cuida lo que no ama – agregó el educador – Pero el amor con la creación, todo el dolor que vemos… y los síntomas de nuestra tierra, se puede hacerlos propio”.

Un modelo a seguir, es San Francisco – dijo Insúa – Porque cada vez que este santo miraba el sol, la luna los pequeños animales su reacción era cantar. Lo suyo era una alabanza:  hermano sol, hermana luna, hermana agua, él pensaba en toda la creación como una fraternidad universal”.

El momento que estamos viviendo es una oportunidad propicia para transitar un camino y desarrollar una espiritualidad. Nosotros como franciscanos promovemos retiros Laudato Si, pero pueden surgir distintas iniciativas de sensibilización, que en el ámbito educativo son esenciales adoptar”.

“Necesitamos una revolución educativa, a nivel escolar, poder enseñar e inculcar a los niños esta forma de ver la creación. Es el modo en que trasformaremos nuestros estilos de vida” señaló el dirigente parafraseando al Papa Francisco. Entonces agregó que la conversión ecológica es un antídoto a la cultura del descarte. En esta sociedad en la que el mercado crea un mecanismo consumista compulsivo, alentado por la maquinaria publicitaria y los medios de comunicación, tenemos una tarea en las escuelas, enseñar la importancia del buen vivir.

Esta cultura del buen vivir se puede trabajar a nivel institucional pensando en reducir la huella ambiental, con programas claves de sustentabilidad: tantas escuelas y parroquias que tienen consumo de electricidad muchas veces ineficiente, o de calefacción o usos de energía altamente contaminante.  Tenemos que tomar medidas en nuestras instituciones.  Y liderar con el ejemplo.

Por último, apuntó Insúa, “no alcanza con que cambiemos nosotros en ámbitos eclesiales, ni que tampoco lideremos con el ejemplo, también hay que involucrarse en el debate público”.

Continuó con una cita de Benedicto 16, “la iglesia tiene una responsabilidad con respecto a la creación y debe hacerla valer en público (…) no sólo debe defender la tierra, el agua, el aire, como dones de la creación que pertenecen a todos. También debe proteger al hombre, sobre todo, contra la destrucción de sí mismo”.

A nivel educativo hay que apoyar el protagonismo de los jóvenes. Hoy hay toda una generación Laudato Si. Los jóvenes y niños tienen más conciencia que los adultos sobre la crisis ecológica. Por eso es importante pensar como educadores adultos, ¿cuál es nuestra responsabilidad en la dinámica intergeneracional? y también ¿qué pasa dentro de este sistema que ahoga una intuición casi innata que tienen los niños por cuidar?  

Es bueno retomar el tema de la familia, de la cercanía, o los detalles…, que nos llevan “a un buen vivir” como dice el Papa Francisco.

Fuente: Tomás Insúa. Espacio virtual de septiembre. Mov. Católico Mundial por el Clima y su compromiso por la conversión ecológica. CIEC.

Fratelli Tutti: un nuevo documento

En el convento que fundó San Francisco de Asís, el papa firmó una nueva carta encíclica.  “Hermanos Todos” es su título en español y trata “Sobre la fraternidad y la amistad social”.  Este es el tercer documento de su pontificado, luego de ‘Lumen fidei’ y ‘Laudato si’. El Papa habla de los últimos meses, en los que “la crisis del coronavirus ha desvelado las miserias de una “economía enferma”, que está sobreexplotando los recursos naturales y a los propios seres humanos”, dijo. 

Y señaló que hay que “actuar como un solo pueblo, incluso ante las otras epidemias que nos acechan”, para conseguir así, “un impacto real”.

¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos?”, pregunta el pontífice. Plantea que “ojalá nos encontremos con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad”.

En el “Instrumentum Laboris” documento del pacto educativo global que también tendrá lugar en octubre, el santo padre desarrolla el tema de la fraternidad originaria, y habla de introducirla en los procesos educativos.  Esto significa reconocer la fraternidad como un dato antropológico de base, -escribe – a partir de la cual se pueden injertar todas las “gramáticas” principales y positivas de la relación: el encuentro, la solidaridad, la misericordia, la generosidad, pero también el diálogo, la confrontación y, más en general, las diversas formas de reciprocidad.

Para los creyentes, subrayó el Papa en la Declaración Conjunta – Sobre la fraternidad humana- de Abu Dhabi, “se trata de un reconocimiento como hijos de un solo Padre y, por lo tanto, hermanos llamados a la recíproca benevolencia y a la custodia fraterna”.

 La vocación a la custodia fraterna recíproca “no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que, corresponde a todos”, señala Francisco.

“Toda la humanidad, al recibir la vida, se descubre unida en el vínculo de la fraternidad, como el principio que expresa la realidad estructural del ser humano. Podemos elegir a nuestros amigos o a algunos compañeros, pero no podemos elegir a nuestros hermanos o hermanas, porque no somos los autores de su existencia”.

Es por eso que, en el instrumento de trabajo sobre el pacto educativo global, la fraternidad “no se expresa como un deber moral, sino más bien como la identidad objetiva del género humano y de toda la creación”.  La actual cultura del descarte, proviene precisamente de rechazarla como elemento constitutivo de la humanidad: “Hace falta la conciencia de un origen común, reitera el Papa Francisco –  de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos».

Hoy, en la perspectiva de la construcción de una aldea global de la educación, este principio recibe un renovado impulso, convirtiéndose en cierto sentido en el verdadero punto de llegada de todo proceso educativo exitoso. Bendita Fraternidad universal.

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