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Protagonistas en la emergencia mundial

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La sociedad, las familias y los estudiantes son testigos de toda la energía creativa que partió de la educación en este contexto extraordinario, fruto del trabajo de muchas personas que hicieron de las escuelas, un punto de sostén. Pero hoy, más allá de esta contingencia, muchos docentes de distintas partes del mundo se plantean las mismas preguntas: ¿cuál es el sentido de la escuela, y su desempeño educativo? ¿cómo sostenerla? ¿podrá cambiar? En algunos foros educativos virtuales provenientes de Europa, Latinoamérica y Argentina, refieren que “la escuela del futuro tiene que partir de la realidad y la experiencia”.

 

En el tramo final del ciclo lectivo para el hemisferio sur, y ante la duda que manifiesta Europa sobre la posibilidad de que los colegios abran sus puertas en septiembre, la educación avanza en la pandemia. Encuentros entre docentes tienen lugar en distintas partes del mundo abriendo paso al conocimiento de algunas experiencias educativas que – como expresa el Papa Francisco – pasan del estupor por la situación sanitaria, a asumir la compasión, en medio del sufrimiento, y la fragilidad. “Es un sentimiento de afecto –  dijo – que ha permitido a muchos profesores vencer el cansancio de la enseñanza a distancia, asegurando el año escolar”.

La emergencia sigue dando lugar a que muchos educadores de distintos países puedan encontrar elementos de unidad y de apertura, que, como “sugerencias preciosas”, servirían para retomar la escuela del futuro.  Las experiencias que narran algunos docentes en Europa dan cuenta de ello.

Luca Pozzi, un profesor de letras italiano, ofreció su testimonio en un foro educativo que trascendió por la virtualidad; habló de un “re descubrimiento” de su trabajo, y del punto que lo ayudó en este camino que “fue compartir la preocupación educativa y el ideal vocacional con los propios colegas, partiendo de la realidad, y no de algo imaginado. Esto generó una energía consciente para afrontar los problemas de una manera más positiva”.

Entonces continuó: “Nos hemos reunido de manera virtual para preparar la didáctica a distancia, y ha sido el comienzo de un trabajo sorprendente de formación en el cual han confluido las preguntas, y las dudas de tantos profesores. La cuestión que más me sorprendió en este contexto, fue la participación activa de mis compañeros, es como si algunos se hubieran despertado. Pero ¿qué significa este despertar? Ha sido el deseo de querer acompañar a los estudiantes. Un acontecimiento que nos hizo constatar que en el colegio hay una gran posibilidad de educar a través de la realidad, en la relación entre estudiante y profesor, o en la relación que tiene el estudiante con el objeto de estudio. Esto ha sido importante porque, mientras procedíamos con la didáctica a distancia, me daba cuenta que se enfriaba su motivación. Entonces percibí que lo importante que es que aprendan, sí, pero con interés, queriendo implicarse, para descubrir algo de sí mismos, hasta el final. Esta forma es sostenida por los profesores, pero el problema que generó la escuela a distancia es que la relación se atenúa; la calidad del tiempo compartido, la riqueza de la comunicación es como una relación filtrada, como si los mensajes fueran ambiguos o incomprensibles. Es porque falta participar de un mismo ambiente; la clase on line no es una clase real. Sabemos que un momento en el aula puede ayudar a un estudiante que ha perdido la sintonía, por el sólo hecho de que sus propios compañeros le pidan atender. Esto ha sido difícil, por tanto, hace falta conseguir una relación más personal, y en este aspecto de nuestro trabajo es muy importante no sólo en la escuela en línea, sino también, en general”.

Pozzi habló también de los instrumentos digitales: “hasta ahora no hemos querido innovar y sin querer terminamos innovando. Esta es una provocación, que nos obliga a seguir intentando de una manera o de otra este modo de enseñar y siguiendo un criterio para llegar a los resultados. Esta experiencia me confirmó que en el origen de cada innovación tiene que haber una renovada conciencia sobre qué es la enseñanza. No existe la innovación, por sí misma.

Hasta ahora no hemos querido innovar y sin querer terminamos innovando. Esta es una provocación, que nos obliga a seguir intentando de una manera o de otra este modo de enseñar y siguiendo un criterio para llegar a los resultados. Esta experiencia me confirmó que en el origen de cada innovación tiene que haber una renovada conciencia sobre qué es la enseñanza

Claudia Venturi, docente de nivel inicial, señalaba en el mismo foro que el colegio adquirió para ella un nuevo significado en este contexto tan extraordinario. “La escuela tiene que ser considerada como un ser viviente – expresó –  Hemos visto cómo depende de cada uno de nosotros, y de qué manera los maestros nos hemos podido mover libremente, dando un aporte al mundo de la educación”

“Lo más difícil para los profesores del nivel infantil fue armar la escuela a distancia, pero los niños de 5 o 6 años que necesitan tocar, manipular, nos demostraron que siguen aprendiendo, descubriendo, interrogando a la realidad, porque ellos se basan en el contexto en el que viven, y su identidad y competencia seguramente ya la están ganando en el tiempo que pasa.

Sin embargo, ante la preocupación de los padres, los docentes nos hemos preguntado qué necesitan estos niños para avanzar. Y nos dimos cuenta que ellos deben aprender, ante todo, a vivir en la realidad que es maestra y profesora. Tuvimos que explicar a las familias el porqué de nuestra propuesta didáctica, que cocinen…o que, por ejemplo, pongan la mesa, y cuenten el número de vasos, y tenedores. En esto los padres nos han acompañado y muchos han cambiado, convirtiéndose para nosotros en testigos fiables del crecimiento de sus hijos.  Con ellos se puede consolidar una gran alianza, y colaboración, podemos enviarles materiales para apoyarlos; y a la vez constatar cómo ellos describen el crecimiento en la relación con sus hijos, los pasos que dan y las dificultades que encuentran”.

Otra riqueza, los directivos

Un Director Escolástico, Pier Eugenio Lucchetta no ahorra palabras para describir la experiencia “dramática” de estos meses. Sin embargo, como muchos directivos ofrece un testimonio a partir del cual puede constatar “cómo los profesores, con el deseo de querer construir el bien común, han dado su vida y su tiempo más allá de su propio trabajo para poder ayudar a los estudiantes, y sin perder la ocasión de afirmar el bien que es cada uno de ellos”.

Destacaba también en el foro la importancia de comprender “que este sentido de la responsabilidad nace de una experiencia de comunidad e incluso de una conciencia sobre un bien aún mayor, en la vida de una escuela. Si esto es un dato, la emergencia social lo hizo resplandecer. Esto en el cuerpo docente debe ser reconocido ampliamente y pensado como recurso a implementar. Las autoridades deberían tomar nota de la perspectiva de autonomía que tienen las escuelas, también en la constitución de un país, en la ley…”

La emergencia de dar la didáctica a distancia evidenció un tema cultural y ha obligado a las escuelas a ver qué es necesario y qué no lo es en el proceso de transmisión del saber, a revisitar el currículum, las competencias y todavía hay muchas preguntas que vuelven a surgir. Porque la cuestión no es cuál es la escuela ideal, sino la mejor posible con los datos del presente. Un intento excepcional ya se ha dado, pero recomenzar con confianza, estima y apertura, implica ver el dinamismo de los procesos de gestión y ver a las personas que dan valor añadido, ya sea por la formación que han recibido, como por la modalidad que escogieron para llevar a cabo estas formaciones. También pueden ser interesantes contar con la participación de otras asociaciones profesionales, para que uno pueda vivir una presencia original.

La cuestión es tener una propuesta positiva para formar la sociedad del mañana; que tenga en cuenta que la escuela eres tú, y que también parte de ti, de tu personal iniciativa.

Por eso es importante también sostener la autonomía escolar.  Ha sido siempre una condición que favorece que las personas puedan salir al encuentro de las exigencias de los chicos e incluso de los otros, en su comunidad territorial.  No se trata tanto del colegio, sino del espacio para los sujetos que generan la escuela.

Fuente: Vuelven los colegios. Experiencias Educativas y Autonomía. Youtube: Meeting de Rimini 2020. Versión Argentina.

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