Editoriales

Ser Educador:

P. José Alvarez
Presidente del CONSUDEC

Lejos de transmitir algunos conocimientos sobre alguna disciplina, cuando vemos un educador vemos una vocación, un grito en el corazón de una persona que tenemos delante, que posee la necesidad imperiosa de transmitir algo de sí, una experiencia en el camino, un modo de enfrentar y comprender la realidad que lo lleva a crecer en la vida. Un educador es una fuente de riqueza que nos grita que la vida está lejana a ser un vacío, una nada.

Un educador es un amigo de brazos abiertos, que está lleno de esperanza y por eso sigue, aunque muchas veces los días oscuros o nublados parezcan envolverlo todo. Sabe que en la experiencia de su vida siempre hay un después y que ese después es positivo.

Con ese convencimiento comunica una mirada sobre la realidad y las circunstancias a los demás, los anima a volver a comenzar; con una mirada positiva sobre los fracasos, sabiendo que de ellos se aprende, se puede crecer.

Un educador sufre la distancia de sus alumnos, aguarda el reencuentro, se deleita en que ellos estén ahí, la mirada expectante de ellos lo llena de consuelo y energía.

El educador es mejor persona frente a quienes tiene como discípulos, ellos suman a su vida, alcanza una madurez de vida cuando ellos existen.

El educador tiene una genialidad particular en el detalle lleno de creatividad para robar del corazón de sus discípulos el afecto de sus corazones, les hace sentir su preferencia por cada uno, siendo que todos son sus preferidos.

Experimenta la nostalgia y la despedida en el desgarro de la partida de cada grupo, pero sabe que los educa para que sigan creciendo, no para volverse imprescindibles en sus vidas.

El educador es un buscador de felicidad, sabe que solo siendo feliz, puede proponer la vida a los otros. Ama la felicidad de sus alumnos.

El educador es fuego, es paz, es luz, es energía, es un lugar en el mundo que me permite ser yo mismo. Me mira con perdón, me justifica en el equívoco, me exalta y valora lo más pequeño, me hace sentir muy importante, porque lo soy para él.

Gracias mi Maestro, porque la vida contigo es más bella.

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