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Entre clases virtuales y vida familiar

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La combinación de trabajo y niños puede ser una gran oportunidad para nuevos aprendizajes. Una colaboración del Centro de Comunicación Emocional – Consultora Argentina.

 

Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quieres oír, lo que oyes, lo que crees entender, lo que quieres entender, lo que entiendes, existen nueve posibilidades de no entenderse.  ¿Te imaginas cuántas posibilidades más, se han generado en lo que vamos de esta cuarentena?

Si lo pensamos, estamos en medio de un evento totalmente desafiante, no solo para el sistema estatal mundial, sino para toda la humanidad, como especie.  Esta crisis sanitaria, obliga a las familias a permanecer en sus hogares, por lo que se pone a prueba la convivencia familiar. La combinación de trabajo y niños resulta difícil, sin embargo, puede ser una gran oportunidad para adquirir nuevos aprendizajes y mejorar los vínculos y hasta sanar heridas del pasado. Toda nuestra rutina cambió, por lo que nosotros mismos cambiamos y no solo eso, cada día significa en sí, la posibilidad de un nuevo cambio. Por lo que las palabras “cambio, adaptabilidad y resiliencia” están más presentes que nunca.

Ahora bien, nuestro cerebro, está procesando, de manera permanente nuevos comportamientos, nuestra propia biología está activando y desactivando programas biológicos inconscientes para adaptarse a los contextos que habitamos a cada momento y, por otro lado, nuestro plano emocional se encuentra algo inestable. Por momentos nos comandan, la química del miedo, del enojo o de la tristeza de manera inconsciente y si no hemos adquirido el hábito de auto-observarnos, estaremos en “modo defensa” de manera permanente, respondiendo impulsivamente a los estímulos que se nos presenten sin saber cómo procesarlos ni gestionarlos.

El encierro, hizo que miremos hacia adentro. Sea hacia nosotros mismos o hacia nuestras familias y al hacerlo, descubrimos lo que estaba “oculto”, en muchos casos se mostraron dificultades en la comunicación: “que me dijo esto”, “que no me dijo”, “mirá cómo me lo dijo”, “siempre dice lo mismo”, “no quiero que me digas más”, etcétera.

Para que nuestros vínculos puedan evolucionar satisfactoriamente con el paso del tiempo, hemos de convertirnos en maestros en el arte de la “comunicación intra e interpersonal”, es decir, en una comunicación emocional, asertiva y equilibrada, conmigo mismo y con los demás. Una comunicación, que nos permita poner sobre la mesa asuntos delicados e incómodos, sabiendo plantearlos de forma armónica y exponiéndolos con asertividad. Que tengamos “conflicto de intereses” no quiere decir que tengamos que entrar en conflicto.

Es indispensable que venzamos los miedos que nos impiden ser, vulnerables y auténticos. Es momento de atrevernos a mostrarnos desnudos emocionalmente, tal como somos, al menos con quienes más nos aman.

Cuando pensamos en la comunicación emocional en la familia, podemos preguntarnos, ¿soy un buen modelo de comunicación emocional para mi hijo?, ya que somos nosotros quienes traspasamos a ellos, un “modelo de comunicación” y no otro, mediante el cual manifestarán sus sentimientos, pensamientos y elecciones, el resto de sus vidas. Es curioso pensar que cuando los hijos llegan nos ocupamos de su comida, de su habitación, de sus primeros juguetes. Pero me pregunto si, paralelamente a todo lo anterior, también nos aseguramos de proporcionarle los modelos más adecuados de aprendizaje emocional y de comunicación de sentimientos.

¿Por qué preguntarnos algo así? Primero porque los sentimientos componen el sustrato sobre el cual el niño, en su interacción con el mundo, elabora su interpretación del mundo y de sí mismo, este tipo de aprendizaje se realiza fundamentalmente en el seno de la familia. Segundo, es este un buen momento para sembrar y cosechar nuevos hábitos de convivencia y comunicación familiar. Siempre nos “faltó tiempo para” … pues ahora, ya no. Es tiempo, de ocuparnos, hacernos cargo. Para acompañarte en ese proceso te dejo una serie de sugerencias y entrenamientos para explorar de manera individual o junto a tu familia. Lo primero que deberás hacer es revisar tus propios hábitos de respuesta frente a las situaciones de conflicto emocional en las relaciones familiares.

  1. Debes ser capaz de escuchar con toda tu atención a tu hijo cuando te esté explicando un problema, un conflicto, un logro o una duda, dejando de lado lo que estés haciendo, los problemas que te preocupen e, incluso, el concepto que tengas forjado de él. Es importante demostrar a nuestro hijo que realmente sus sentimientos son tan importantes para nosotros como lo son para él.
  2. Dale tiempo suficiente para que se explique, sin intervenir hasta conocer el problema en su totalidad. Después, permítele llegar a sus propias conclusiones haciéndole preguntas mediadoras.
  3. Concede credibilidad y confianza a los sentimientos de tu hijo. Así aprenderá a confiar en sí mismo y en nosotros. No neguemos sus sentimientos: “no te pongas así”, “no debe ser para tanto”, si no lo hacemos facilitamos que se observe porque no se siente ni recriminado ni juzgado.
  4. Ten en cuenta que, en ocasiones, las mejores palabras son aquellas que no se dicen. Asentir con la cabeza, o con expresiones cortas y neutras del tipo: ¡Vaya!, ¡Hum!, ¡Ajá!, le dará a nuestro hijo el espacio que necesita para expresarse sin sentirse juzgado, pudiendo a la vez pensar en voz alta y buscar sus propias soluciones. Este tipo de diálogo nos permitirá a nosotros escucharle, intentar comprenderle más allá de las palabras y no intervenir hasta conocer totalmente la situación que nuestro hijo ha vivido y cómo se ha sentido.
  5. Debes ayudarle a nombrar lo que siente. La identificación es necesaria para que tu hijo comprenda sus emociones. Los niños a menudo confunden las sensaciones más elementales o se angustian ante un sentimiento al que no saben nombrar y, por tanto, reconocer y enfrentarse a él. Debemos verbalizar el estado emocional de nuestro hijo desde pequeño para ayudarle a identificar lo que siente y mostrarle que somos capaces de ponernos en su lugar y comprender sus reacciones.
  6. Promueve en casa un ambiente general de escucha y de respeto por los sentimientos de todos los miembros de la familia. Recordemos que somos para nuestros hijos modelos de conducta. Ellos aprenderán más sobre sus emociones de lo que capten del ambiente que de lo que les enseñemos directamente.

 

Fuente: Johana Vazquez. Diplomada en Educación Emocional. Directora de “Comunicación Emocional Consultora Argentina”. comunicacionemocionalcba@gmail.com

 

 

 

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