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Ser sanados para acompañar a nuestros chicos

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El especialista Juan Ignacio Fuentes, autor del Libro “Honrar la Inocencia”, participó en la presentación del protocolo para el cuidado de niños, niñas y adolescentes que elaboró la arquidiócesis de Corrientes. Allí fue entrevistado y habló sobre la seriedad de este compromiso y de generar espacios de diálogo para “abrazar nuestra propia vulnerabilidad”, y progresar con esta tarea por todo el territorio.

El reconocido educador marista Juan Ignacio Fuentes fue invitado a un multitudinario encuentro de educadores católicos en la capital correntina. El escenario le permitió volver a hacer hincapié en el tema del cual es experto; la protección de la infancia en la escuela y en las organizaciones. Allí fue consultado sobre los avances que registra el país en la redacción de protocolos y políticas para el cuidado de las personas más vulnerables. Fuentes señaló algunos logros, y lo que todavía falta hacer.

¿Por qué estos temas aquí en Corrientes?

Es una opción del obispo y de la diócesis de Corrientes trabajar a fondo los temas de la protección de la infancia para prevenir cualquier forma de abuso, maltrato o negligencia que pueda darse en el trabajo con niños, niñas o adolescentes. La arquidiócesis con mucha seriedad está implementando una política de prevención para que esta situación no ocurra y también un protocolo de prevención para cuando hay sospechas y denuncias de abusos y que la gente de las escuelas, capillas o parroquias sepan que hacer.

¿Los primeros pasos de este protocolo se está dando en todo el país?

En la Iglesia hay un impulso muy fuerte. El Papa Francisco se dirigió a todas las Conferencias Episcopales, a las cuales ordenó que se tome muy en serio el tema. Entonces, hay una intención muy clara de ir en esta línea en Argentina y el mundo. Después, como todo, cada lugar tiene sus ritmos: algunos avanzaron mucho y otros tienen todo por hacer.

Pero en este aspecto ¿cómo estamos a nivel país?

Creo que la arquidiócesis de Corrientes dio un paso muy significativo en la redacción de un protocolo y en la creación de una comisión diocesana que está dispuesta a recepcionar y acompañar denuncias y sospechas. Están dando pasos de una manera muy inteligente y eficiente, como para continuar la formación, sensibilización y demás. Yo leí el protocolo y me pareció muy bueno. De los mejores que he leído, es completo y vale tanto para parroquias como para escuelas, y todas las obras de la Iglesia. Pero ahora el camino pasa por la sensibilización y la formación.

Usted dice que muchas cosas tienen que pasar por el corazón y no tanto por el conocimiento, o la cabeza…

Si. Porque muchos adultos tenemos nuestro niño interior o adolescente herido. Hemos sufrido quizás algunas formas de maltrato, no necesariamente abuso sexual. Hay que trabajar mucho la emocionalidad de los adultos. Tenemos que posicionarnos abrazando nuestra propia vulnerabilidad, y sanar lo que necesita ser sanado para poder acompañar a nuestros chicos. Es decir, la formación de las personas o docentes que acompañan este tipo de situaciones y para detectar qué chico puede tener un problema, no pasa tanto por estudiar, que es importante, sino por trabajar el propio mundo que es emocional.

El tema es tan sensible que puede despertar la vivencia de algún profesor o directivo, porque es una realidad que no escapa a nadie…

Sin dudas. Es parte de la responsabilidad que tenemos al emprender este tipo de procesos y de políticas; y la verdad es que esto despierta situaciones que tienen que ser acompañadas. Por eso, en nuestro ámbito, estamos hablando de educación emocional. Y los adultos que elegimos la vocación de ser educadores tenemos que trabajar la propia emocionalidad. Si no estamos dispuestos a hacerlo no tendríamos que dedicarnos en este tiempo a la educación. Los chicos de hoy necesitan de nosotros este tipo de acompañamiento. Que es un compromiso muy serio también de la formación docente, donde hay que generar espacios de diálogo, de talleres y de trabajo con el propio mundo emocional para poder capacitarlos.

Usted habla de distintos tipos de abuso, pero también de “abuso espiritual” ¿a qué se refiere con este término y concretamente cómo se puede trabajar con eso?

Es muy delicado, ya que las personas que tienen autoridad espiritual sobre niños y adolescentes de alguna manera tienen un poder, representan a Dios en la mente del niño y el adolescente. Entonces tienen que ser muy respetuosos de lo sagrado de la conciencia de los chicos. Este es un tema bastante nuevo que tenemos que explorar y reflexionar todavía. Porque a veces se da el triple abuso; es decir la misma persona se aprovecha en forma corporal, emocional y espiritual. Es muy grave y por eso el Papa Francisco cuando escribió la carta al pueblo chileno pidió perdón por lo sexual, por los abusos de poder y de conciencia. Me parece muy interesante que haya hecho esto, porque el abuso de poder y de conciencia son igualmente graves. Es muy sabio de su parte, porque abre a una cuestión que necesitamos explorar más.

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