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Educación para el Desarrollo Sustentable

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La doctora Graciela Canziani – especialista en Ecología Matemática, y que estudia la dinámica de las poblaciones – plantea por qué “las sociedades humanas se comportan de una manera tan destructiva con los recursos que sostienen la vida en general”. Junto a su hermano Pablo, investigador del cambio climático, escribieron una serie de libros que buscan poner en perspectiva “la situación crítica del ambiente” y “el escenario de vida en todas sus formas”.

“Cambio Global” es el primer volumen de una colección “Visiones sobre el ambiente”, que está destinada al público en general, pero aspira llegar a docentes y catequistas. Fue escrita por dos hermanos, científicos de nuestro país, que se interesan por “la interrelación entre cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y el uso de los suelos; tres factores – cuyo deterioro -amenazan la calidad de vida”.

 Ambos investigadores se dirigen a nosotros, “ciudadanos, consumidores, que mediante nuestras decisiones de compra de bienes y servicios enviamos señales claras de nuestros comportamientos y valores, a los empresarios que los producen”. ¿Qué tiene que cambiar en esta forma de vida para poder incluir a todos los hombres y mujeres que están fuera del sistema económico? ¿Es posible realizarlo desde una visión exclusivamente tecnocrática?

De visita por CONSUDEC, la doctora Graciela Canziani conversó sobre estos temas y consideró que la educación “tiene que profundizar en la acción”, por ejemplo, como el compromiso de los jóvenes, entre ellos el de Greta Thunberg, que se manifiestan reclamando un cambio cultural y exigen soluciones a los gobernantes”. O también “ocupándonos en servicios a la comunidad”.

En el último Congreso Latinoamericano de Ciencias y Religión la científica trajo esta reflexión; “hay que pensar en un sistema que permita el desarrollo de las personas para que vivan tranquilas de acuerdo a sus necesidades físicas y espirituales…”

En el siglo 21 todo cambió

La doctora Graciela Canziani expone que ya pasaron varias décadas desde que se alertó a nivel mundial sobre “la finitud de los recursos”.

  • Hoy tenemos un planeta densamente poblado, con un desarrollo tecnológico avanzado y un consumo creciente de los recursos naturales a una tasa de velocidad que nunca se ha visto, técnicas que permiten extraer a un ritmo considerable, y sobre todo hay despilfarro, no cuidamos lo que tenemos.
  • También hay un mayor poder de consumo. Un cuarto de la población del mundo tiene acceso a casi toda la riqueza, es decir, al 80 por ciento. Mientras que otra cuarta parte de la población tiene un consumo moderado, es decir, un acceso al 15 por ciento de la riqueza del planeta, y la otra mitad apenas puede llegar al 4 o 5 por ciento de la riqueza disponible. Este es el sistema económico mundial.
  • Miremos un poco que significan las palabras economía y ecología. Ambas comienzan con “eco” que viene del griego “oiKos”, que quiere decir hogar, casa. Y si la ecología es el “conocimiento” de la casa en que vivimos; la economía es la “administración de la casa”. Por eso, – plantea la doctora Canziani –  tienen que ir de la mano, no pueden estar divorciadas.
  • Hoy se habla de biodiversidad y se le dan muchos significados. En realidad, la biodiversidad es la variabilidad entre organismos vivientes de todas las fuentes:  terrestres, marinos, ecosistemas acuáticos y de los otros sistemas de los cuales forman parte.  La diversidad es una característica estructural en estos organismos, por eso se producen los servicios de los eco sistemas. Los cambios en la biodiversidad impactan en la calidad servicios que proveen a los eco sistemas.

Más allá de los intereses que tengamos los seres humanos, la diversidad de todas las especies tiene un valor en sí misma, que no le otorgamos nosotros, es el valor que tiene cada una dentro del sistema del cual forma parte. Cada especie tiene un rol específico, no hay ninguna que sea prescindible

Es importante entender este punto porque no estamos hablando de un listado de especies, sino también de cómo interactúan y que proveen esas interacciones. Más allá de los intereses que tengamos los seres humanos, la diversidad de todas las especies tiene un valor en sí misma, que no le otorgamos nosotros, es el valor que tiene cada una dentro del sistema del cual forma parte. Cada especie tiene un rol específico, no hay ninguna que sea prescindible, todas son importantes.

Nosotros tenemos la mala costumbre de decir esta especie es buena o esta especie es mala. Pero en realidad es una percepción puramente humana que no tiene nada que ver con el sistema en sí; nos parece mala si nos perjudica en algún aspecto. Y nos parece buena si nos beneficia en algún aspecto.

Lo que llamamos servicios de los ecosistemas, son las funciones que tienen valor para los seres humanos. Y no sabemos exactamente de qué manera su estructura genera los servicios que nosotros apreciamos, muchas veces ni siquiera los reconocemos hasta que nos faltan.

Esto me da pie a mirar como sociedad, a la economía. En este momento es primordial porque se disocia a la economía de la naturaleza, que es la que le provee la capacidad de funcionar. Hay una serie de principios que me parecen muy claros. Enunciados por un economista chileno Manfred Max- Neef:

La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía.

El desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos o la naturaleza

El crecimiento no es lo mismo que el desarrollo y el desarrollo no precisa necesariamente del crecimiento.

Ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas

La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biósfera, y por lo tanto el crecimiento permanente es imposible.

La biósfera tiene límites.

Una nueva relación

La humanidad depende totalmente de los servicios que proveen la biósfera y los ecosistemas. La composición de la atmósfera y el suelo, el reciclado de los elementos del aire, el agua y muchos otros procesos son realizados por organismos vivos, no son puramente físicos o químicos, son mediados a través de organismos vivientes.

La especie humana que se separa del ambiente inmediato por medio de la cultura o la tecnología es completamente independiente de los servicios de estos ecosistemas. La destrucción del entorno natural genera cada vez más pobreza, marginación e inequidad. Entonces ¿cómo hacemos para satisfacer las necesidades globales de alimentos, energía, agua y servicios de los ecosistemas? ¿Cómo se transforman los estilos de vida? Este es el problema, lograr gobernanza en todos los niveles para generar sistemas nuevos para administrar el planeta.

¿Dónde está el agua? El 96,5 por ciento está en los océanos. El 1,7 está en los glaciares y los hielos polares, y otro 1, 7 por ciento es agua subterránea. También hay un porcentaje de cuerpos de agua superficiales (lagos, lagunas, ríos y arroyos, es decir, todo lo que circula y recicla) y uno en diez mil en la atmósfera, en vapor de agua.

Lo que tenemos a disposición es básicamente esto: agua subterránea y lo que circula por la superficie de la tierra. Es realmente muy poca, y estaría disponible para todos los organismos vivos terrestres: plantas, hombres, aves, mamíferos, hongos, microorganismos en el suelo, todos dependemos de menos de un dos por ciento de agua que hay en el planeta.

Esto nos hace pensar que tenemos que ver – urgentemente – cómo usar mejor el agua.

El agua se usa para producir alimentos. Un trabajo de la FAO, Organización Mundial de Agricultura y Alimentación señala que 1300 millones de toneladas se desperdician anualmente sin ser consumidas por distintas razones. También en todos los países y por distintas razones, se pierden entre un 30 y un 50 por ciento de los alimentos que se producen, y que directamente no se consumen. Es un desperdicio increíble, es de una ineficiencia alucinante. Entonces en lugar de seguir destruyendo ecosistemas naturales para hacer campos de cultivo en suelos marginales, donde no tendría sentido la tecnología, hay que pensar como hacer más eficiente el sistema productivo.

El agua dulce es un bien muy escaso y necesario. Debemos repensar el uso que hacemos de ella.

¿Cómo transformar el estilo de vida?

Claramente el cuarto de la población que gasta el 80 por ciento de los recursos, va a tener que cambiar algo. Se necesita transformar los hábitos de las sociedades. No hablo de rebajar la calidad de vida, si no de mejorarla, pero globalmente. Es necesario reducir el consumismo, el desperdicio de energía en la reducción de residuos. Realmente el consumismo es lo que más daño produce. Tener y tener y después tirar o descartar. Es necesario un cambio de actitud, o que se ponga de moda el comportamiento austero, que no quiere decir miserable, hablo de austeridad no de carencia, de respeto por la naturaleza, y de mayor equidad en cada sociedad y entre los países.

Se necesita transformar los hábitos de las sociedades. No hablo de rebajar la calidad de vida, si no de mejorarla, pero globalmente. Es necesario reducir el consumismo, el desperdicio de energía en la reducción de residuos

Estamos en una situación que nunca se dio. Tenemos que encontrar formas nuevas, porque jamás tuvimos un problema de la magnitud del que tenemos ahora, y los sistemas internacionales no están pensados para manejar estos desafíos. Tampoco pueden tomar la responsabilidad de hacerlo, entonces es necesario imaginar sistemas en distintas escalas: local, regional y global para que haya una administración eficiente y efectiva de los recursos del planeta.

Termino con una reflexión de 1967 de Pablo IV, porque hace décadas que se plantea este problema:

“Cada uno de los hombres es miembro de la sociedad, pertenece a la humanidad entera… Herederos de generaciones pasadas y beneficiándonos del trabajo de nuestros contemporáneos, estamos obligados para con todos y no podemos desinteresarnos de los que vendrán a aumentar todavía más el círculo de la familia humana. La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber” Populorum Progressio, 1967.

 No necesitamos gastar para ser felices, se puede gastar menos, y creo que es cuestión de empezar a hablar del tema.

En general cuando uno deja la naturaleza sola, ella se las arregla de modo fantástico sin nosotros. Los seres humanos tenemos una capacidad de destrucción increíble. No hay otro organismo vivo que tenga tanta capacidad de destrucción, como el ser humano. Por eso, hay que pensar un sistema que pueda permitir el desarrollo de las personas para que vivan tranquilas de acuerdo a sus necesidades físicas y espirituales.

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