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La Escuela Especial es una Escuela

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“Nuestro propósito es mejorar la comprensión de la escolarización de alumnos con discapacidad, ante la tendencia más o menos generalizada expresada en publicaciones, o tomadas como fundamento de normas, acerca de la inclusión en la Escuela Común”; escribe el profesor Andrés Reale, especialista en el tema, Director del Instituto Génesis.

 

Hay escritos que abordan el tema de la inclusión como “un objetivo deseable, y (…) la disyuntiva que se presenta, es si tiene sentido continuar con la Educación Especial o si la escuela común está capacitada en un futuro cercano para hacerse cargo de la instrucción de toda clase de alumnos…”

Una primera reflexión es que no debería haber disyuntiva sino complementariedad entre Escuela Especial y Escuela Común, y que tiene sentido continuar con la Educación Especial.

Conceptos como discriminación e inclusión usados de forma tan extendida, muestran el efecto contrario al que procuran conseguir: la sociedad, las familias que concurren a escuelas, y los comportamientos ciudadanos dan cuenta de la persistencia de creencias y representaciones que no trasmutan por decreto.

Es necesario establecer cierta territorialidad de la Escuela Especial. Hoy son aproximadamente cuarenta las instituciones de Gestión Privada, con niveles de Pre Primaria, Primaria, Post primaria y Secundaria, 1628 profesionales docentes y 3.908 alumnos. Todas otorgan títulos oficiales, acreditando grados y años, que acentúan la Formación Académica y Laboral.

Estas Escuelas brindan un espacio a aquellos alumnos que requieren recursos, y apoyos especiales para acceder a los conocimientos prescriptos en el currículum jurisdiccional, que les permite participación en la vida de manera autónoma, crítica y transformadora. Estos contenidos se abordan con criterio de accesibilidad y objetivos análogos a la Escuela Común. (No es un currículum paralelo como suele pensarse por desconocimiento acerca de estas instituciones). La Formación Laboral implementa el desarrollo de habilidades y destrezas para una futura inclusión en el mundo del trabajo. Se favorece también el desarrollo integral.

Este quehacer de las Escuelas Especiales vuelve paradójico que se plantee una disyuntiva en términos de inclusión, y se dé consistencia, opcional excluyente de la modalidad común o especial, cuando se habla de inclusión, ya que la lógica inclusiva habría de encaminarnos, a una complementariedad entre ambas alternativas educativas. Plantearlo como opción corre el eje del debate, y no resuelve el problema de las representaciones sobre discapacidad en el plano social además de renegar de la singularidad, las dificultades y posibilidades individuales.

La inclusión educativa parece reducirse a la matriculación en la Escuela Común. Este reduccionismo con lleva riesgos para los niños/as y jóvenes y sus procesos de aprendizaje.

Desde este paradigma se invita a no aceptar simplificaciones, sino a reconocer una cantidad de interacciones e interferencias. Es necesaria esta lectura, porque se trata de “incluir”, la diversidad de situaciones y causas que atraviesan al sujeto con discapacidad y al sujeto de la Educación Especial.

Reducir el sentido de la existencia de la Escuela Especial conduciría a efectos contrarios a la inclusión.

La exclusión de las diferencias, están presentes en la vida social. Es necesario un debate, para evitar los efectos de informar preconceptos. Pero, para adentrarnos en un debate serio, habría que partir de un diagnóstico situacional en cada jurisdicción, buscando puntos de encuentro correlatos teóricos, y relevamiento de realidades institucionales. Entender que el sistema es inclusivo y las diferentes modalidades son complementarias no excluyentes.

 

Fuente bibliográfica:

  • Número 344 de la Publicación especializada El Cisne
  • Panorama de la Educación Especial Privada en Caja de Herramientas del Ministerio de Educación del GCABA – 2007

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