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Ciencia, maravilla, sentido y trascendencia

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La ciencia produce un vasto conjunto de conocimientos y nos revela un mundo increíble. Pero en esta visión ¿queda lugar para la pregunta acerca del sentido de la vida, o del significado del amor? Acompañar a los jóvenes en esta área de la enseñanza, es la especialidad del profesor Gabriel Ferrero, un doctor en Astronomía que busca respuestas en el cosmos y sus leyes.

“Trataremos de encontrar un rumbo para navegar en este océano de incertezas, que nos permita llegar cada tanto a un puerto sereno…” explicaba el astrónomo Gabriel Ferrero a los docentes que presenciaron su taller en el último Curso de Rectores. Se trata de un conocido columnista de artículos relacionados con la física y la evolución del universo que acaba de recopilar en un libro de reciente aparición. Se titula: “¿Nacemos estrellados?” de editorial Ciudad Nueva. Y es una síntesis de vida y vocación profesional que llama a la reflexión acerca del modo en que los educadores transmitimos los conocimientos científicos a los alumnos.

El doctor Ferrero comenta lo mucho que le costó encontrar un título a su obra, ya que no responde precisamente a la pregunta sobre si ¿Nacimos estrellados? sino que “la deja planteada”. Allí sostiene que “nosotros, los seres humanos formamos parte de una gran evolución que llevó muchísimo tiempo; miles y millones de años y ocupó un espacio enorme. Todo esto – afirma – es un regalo que hemos recibido. Y hace sentir, que por más que a veces me parezca, que todo sale mal, no nací estrellado…”

La especialidad de Ferrero es la astronomía y la fascinación que le despierta este conocimiento no le impide tocar temas complejos y por lo general difíciles de abordar, con un lenguaje accesible. Por esta razón, su libro atrae también a los chicos. Presenta en la primera parte, la cosmología, el tamaño y la evolución del universo, y en una segunda parte, permite aprender sobre las estrellas, los planetas y la posibilidad de vida extra terrestre.

Los últimos capítulos contienen una reflexión sobre el quehacer científico, sus motivaciones y la constante búsqueda de respuestas. Por eso señala que tantos conocimientos le hicieron comprender en un sentido muy real que “nosotros provenimos de las estrellas”.

Explica que recién en 1957, y antes de que naciera, se comprendió este fenómeno, que describe así: “cuando comenzó el universo existían solamente dos tipos de átomo, el hidrógeno y el helio. El hidrógeno es muy conocido por su presencia en el agua y el helio es ese gas que sirve para inflar globos… además, existen átomos de carbono, nitrógeno, oxigeno, hierro, fósforo, calcio, que al principio no estaban y que fueron creados en el interior de las estrellas…” Con el correr del tiempo, explica el docente: “cuando en estas estrellas se agota su combustible, dejan de brillar y explotan; entonces inundan el espacio de radiaciones letales y al mismo tiempo inyectan en el gas y en el polvo interestelar todos esos átomos que antes no existían y que dieron lugar a la creación de los planetas”. Gracias a este proceso, concluye que, “en el universo aparecieron los átomos que hoy forman parte de nuestro cuerpo”.

Todo está relacionado

 

“Cuando miro el cielo, me siento muy pequeño…” dice Ferrero. Pero invita a descubrir “que tan chiquititos no somos”. Para él “la evolución física del cosmos, y de las cosas: átomos, estrellas, planetas y luego la evolución biológica de la tierra, tiene un sentido”.

Según su reflexión, “en el universo todo está vinculado, y el trabajo de un científico consiste en tratar de mostrar esas relaciones entre las cosas… que van creciendo en complejidad. Cuando aparecemos nosotros, los humanos, nada alrededor parece semejante, nada, ni las hermosísimas estrellas, ni los interminables bosques verdes, ni siquiera los animales parecen darse cuenta de que existen. Sólo nosotros lo sabemos, y en ello, los seres humanos ganamos en complejidad, riqueza, y diversidad. Somos el sentido de toda esta evolución” valora el astrónomo.

 

En la página 76 de su libro, el profesor cuenta una anécdota que profundiza este concepto. Señala que años atrás, cuando murió el padre de una amiga que fue cremado, ella le preguntó: ¿qué son las cenizas? “Yo le conté en cierto sentido cómo se producen las cenizas físicamente, -dice el autor- es un proceso acelerado, parecido a los procesos químicos que se producen en nosotros cuando respiramos o cuando quemamos algo rápidamente. Pero la combustión mucho más violenta. Entonces le explico a mi amiga que tengo una sensación; la materia que nos forma, los átomos y electrones, no son tan indiferentes al hecho de que forman parte de nuestro cuerpo. Y nosotros a la vez, dependemos de ellos. Si no, no podríamos hacer nada, ni siquiera pensar o comunicarnos.

El hecho de que la materia física haya formado nuestro cuerpo dice algo también de lo que es la materia. Nosotros tenemos un vínculo muy fuerte con ella, entonces me imagino que cuando hayamos desaparecido, algo nuestro en el cosmos, siempre va a quedar. De una manera misteriosa, difícil de comprender.  Tal vez para un cristiano esto tiene un significado más profundo. Por ejemplo, en la resurrección tiene que ver con el hecho de que no se termina todo acá, ni en sentido espiritual, y tampoco en un sentido físico. Esto significa que de alguna forma resucitará nuestro cuerpo.

Caminos para llegar a la verdad

 

La ciencia y la religión nos dan una noción del mundo y de la vida, con visiones distintas, pero complementarias. Esto es necesariamente así, dentro de nosotros mismos, porque al final el ser humano se hace preguntas de dónde viene, a dónde va, o ¿quién es Dios? Y es la misma persona que también pregunta de que están hechas las cosas y cómo funcionan. Nos despierta como una obligación de hacer una síntesis.

Muchas veces me pregunto si aceptar vivir de acuerdo con una lógica que me precede no equivale a renunciar a mi libertad. Al respecto, hace algunos años un amigo me hizo notar una analogía que me gustó: una violinista interpreta a Beethoven. Pero es ella la que interpreta. La melodía brota de los movimientos de sus manos, de las órdenes de su cerebro, de su sensibilidad, de una vida entera de decisiones y ella misma está en ese maravilloso sonido que nos conmueve. Es ella, y, sin embargo, es también la música que compuso Beethoven. Nosotros podemos decidir el siguiente paso en la historia del cosmos, y en cierto modo es el cosmos mismo que decide en nosotros. Me pregunto si querremos interpretar una nueva página de su partitura. Me parece que antes de decidir, nos conviene conocerla.

El diálogo también es necesario para la religión, porque sino esta se puede convertir en una superstición.

El diálogo entre ciencia y fe sirve – como decía San Juan Pablo II – “para que la ciencia no cree falsos absolutos: convertir cosas relativas en cosas absolutas…”  Sin embargo, también decía el santo padre que este diálogo también es necesario para la religión, porque si no la religión se puede convertir en una superstición.

El Dr. Gabriel Ferrero es Licenciado en Física por la Univ. Nacional de San Marcos (Lima, Perú) y Doctor en Astronomía por la Univ. de La Plata (UNLP). Allí da cátedra de Sistemas Estelares en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas y desarrolla tareas de investigación. Además, enseña Física en el profesorado del CONSUDEC. Y forma parte del grupo de estudios interdisciplinarios sobre las ciencias de la naturaleza del Movimiento de los Focolares. Es autor de varios artículos científicos, y colaboró en libros de su especialidad.  Su última publicación se llama: “¿Nacemos estrellados? Buscando respuestas en la ciencia y sus leyes”.

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