Editoriales

La libertad en la educación

P. José Alvarez
Presidente del CONSUDEC

Palabras de la Jornada Inaugural, durante el 53 Curso de Rectores.

Agradezco a todos, su presencia. El camino que ustedes han hecho; de un tiempo que es de descanso personal, de vacaciones; con esfuerzos económicos personales y también de las instituciones. Porque este encuentro, que suele ser un lugar de renovación de nuestra vocación educativa, requiere hoy de nosotros, un desafío de la libertad.

Estamos aquí porque Otro nos ha traído, Otro nos ha tomado de la mano y nuestra presencia ya es un gesto de respuesta a Este que nos ha hecho la propuesta de seguirlo. Pero también no alcanza estar de cuerpo presente: hace falta estar con los ojos abiertos y los oídos atentos al misterio que se manifiesta y llega a nosotros a través de cada encuentro, de cada persona, de cada charla, propuesta o stand que visitamos. El misterio se manifiesta a través de gestos y signos en la realidad que nos encuentra, y por eso hoy debemos salir de ese letargo y aburrimiento de la vida para aprovechar a fondo cada momento de este suceso maravilloso que te trajo aquí, y es El. Porque hay algo más entre lo que tocas y ves, y es El.

Me han pedido que explique brevemente el lema del encuentro “Libertad e Independencia: Cómo responder al deseo”: Cuando hemos sido convocados aquí en Tucumán en el ámbito del Bicentenario, estas dos palabras jugaban en el fondo, pero también con mucha confusión de criterios.

 Porque en realidad, ¿la independencia conduce a la libertad? Es decir, ¿Toda independencia conduce a la libertad?, ¿la libertad es no tener a nadie?, no depender de otros?, ¿estar sin otros, agota la independencia; el camino de la libertad? ¿cuál es el objetivo del hombre pleno?, es hacer lo que yo quiero…, y ¿qué es lo que yo más quiero, qué es lo que me hace más libre?

¿Es más libre el hombre que tiene a otros, o el hombre que no tiene a nadie? En los criterios positivistas en los que se ha manejado los términos de “independencia” y “autonomía”, se ha imbuido en nosotros qué es un camino de libertad.

Pero poder corroborarlo, crear el diálogo, y crear el desafío a nuestra inteligencia y a nuestro corazón del juego de estas dos palabras nos pareció importante: porque la educación no consiste solo en instruir en determinados temas, sino que consiste en crear criterios con los cuales corroborar en nuestra vida cuál es el deseo de nuestro corazón y qué es lo que responde a él.

Pensamos que crear este desafío de “independencia y libertad” desde distintos puntos de vista: históricos, psicológicos, pedagógicos, o desde los criterios que enfrentan la vida, era una ocasión que no podíamos perder en estas circunstancias. La propuesta es Independencia y Libertad cómo responder al deseo del corazón del hombre. Y este deseo, crea también un método educativo: la confrontación de aquello que aprendemos, enseñamos y tomamos como criterio de la vida, con lo que nos pasa en el corazón.

El Papa en el último encuentro educativo de noviembre en Roma nos ha invitado a todos a abandonar ese criterio “selectivo y elitista” de apuntar a una educación dirigida solamente a lo intelectual. La educación debe apuntar a la cabeza, al corazón y a las manos; al saber y al afecto de lo que se aprende. Y a la realización de lo que se aprende y se quiere. Por eso, tenemos adelante un camino de renovación, en este momento clave de la historia de nuestra patria, y del camino educativo de la Iglesia.

“Independencia y Libertad” nos invita también a reconocer cuales son los caminos de libertad educativa que estamos asumiendo: ¿existe realmente la libertad educativa? ¿Qué es la libertad de educación? ¿puede llamarse libertad cuando los papás no encuentran diversas ofertas educativas cerca de sus casas para poder educar a sus hijos en aquello que ellos tienen como opción de vida? ¿Pueden elegir la educación o van solamente, a lo único que tienen? ¿Se puede hablar de libertad en educación cuando para poder elegir el colegio de mi hijo debo pagar doblemente la educación de ellos, una vez, a través de los impuestos y otra, a través de una cuota diferencial? ¿Puede llamarse una educación libre cuando los que no pueden pagar se quedan afuera? ¿Puede llamarse educación libre un camino educativo que no es para todos?

Tenemos un desafío adentro y afuera. La libertad de educación es un camino que nos conduce a un bien. Un pueblo que vive en democracia debe escuchar a las minorías y a las mayorías y debe ofrecer una educación para todos. Porque cuando un estado se transforma en el único educador del pueblo, eso forma una tiranía. Debe haber distintas propuestas educativas, y gracias a Dios, que haya una opción de la escuela confesional, es ya una garantía. Pero además nosotros no defendemos la educación católica, el Papa nos enseña mucho de esto.

 Nosotros defendemos “la libertad en la educación”, es decir que también puedan existir otras ofertas privadas y de gestión, pero con propuestas diferentes a las de la Iglesia y a la que está haciendo el estado, para que esta riqueza educativa pueda formar hombres diferentes en este jardín del país.

Por eso “libertad de educación” es un camino, que requiere de salarios justos para nuestros docentes; el Papa lo decía en Roma, y no solamente para la Argentina: “los docentes están mal pagos, porque al Estado no le interesa la educación”. Sin embargo, entre los derechos del niño primero es el pan, y segundo, la educación. ¿Estamos garantizando una educación para todos? ¿realmente estamos satisfechos con la educación que estamos dando a todos? Se nos ofrece hoy un camino de libertad, se nos ofrece un debate, un diálogo, la alegría de una Presencia que nos anima en cada instante de nuestro caminar cotidiano. Que sea este comienzo de nuestra labor del año, un camino de libertad, de independencia y de felicidad verdadero.

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