Editoriales

Cuando tú eres un Don para mí

P. José Alvarez
Presidente del CONSUDEC

La banalización del sentido de la  vida de uno mismo, la pérdida del horizonte hacia el cual vamos en el camino de nuestra vida, la incapacidad de estupor frente a la realidad que me rodea, provocan una imposibilidad de ver lo que hay para mí.

Si una persona te envía un regalo a tu casa y no sabes de quien  viene, lo primero que nace luego de abrir el regalo,  es ver si acompaña una tarjeta, algo que indique o haga referencia a quien lo envió o lo que significa este regalo, es decir cuál es el motivo que llevo a alguien a realizar ese gesto.

Si bien el regalo puede agradarte más o tal vez poco, hay una persona que lo buscó, lo pensó, hizo las gestiones para que lo recibieras, y esto no se hace sin un motivo, sin querer decirte algo, hacerte sentir de determinada manera. Un regalo bello, bueno, que te agrada es un regalo que alguien pensó para expresarte su afecto, su amor.

Esto suele suceder cuando llega un nuevo hijo a una familia, un hijo es algo que sobrepasa los cálculos humanos entre causa y efecto. Muchas veces lo buscas y no viene. Otras viene de sorpresa, pero siempre es desproporcionado lo que los papas realizan para que la consecuencia sea algo tan maravilloso, un hijo no lo sabemos hacer, si por un infortunio del destino perdiera una uña en uno de sus dedos, no sabríamos reponérsela, ni aún con la ciencia más avanzada podríamos logra que crezca con el paso del tiempo y tenga el mismo ritmo que las otras. Un hijo es algo que los hombres no nos sabemos dar.

Un  Hijo es un don de Otro, Otro que nos expresa un afecto, una simpatía hacia nuestra vida, un don que expresa un gran Amor del creador, que además para que no te confundas, pone de ti algo en él, el color de tus ojos, tu frente, su sonrisa, el color de tu cabello, en fin de esto saben hacer referencia las abuelas. Sí, un hijo es un gran regalo de Otro, que renueva en tu vida el motivo y las energías para vivir plenamente la vida. Muchas veces un hijo trae también problemas y sufrimientos pero siempre vamos adelante porque es nuestro, alguien te lo dio y tu vida es más grande frente a él.

De la misma manera podríamos  mirar los hijos a los padres, y a los hermanos, y a los abuelos, y a los compañeros de escuela , de trabajo, alguien puesto en tu/ mi camino , en el camino de tu vida como un don, como un regalo con significado para que tu vida viva cada instante el reconocimiento de Otro que te  llama a reconocer su Amor presente en la vida. A veces este Amor lo debes descubrir también en el rostro velado de la contradicción, de la dificultad, de aquello que te desafía a mirar más adentro, a reconocer que el otro es un don para conducirte a un destino de felicidad y es dentro de la circunstancia presente donde se revela el gesto afectuoso que te hace caminar.

En el diálogo intergeneracional necesitamos primero un amor grande por nuestra vida, por su significado, grande como grande es el Amor de Dios hacia ti.  Reconociéndote Amado, con un amor enorme, viviendo en una actitud constante de reconocimiento y recepción afectiva de este Amor, podrás mirar al otro como alguien necesario, alguien que trae escondido un secreto para ti –

Los niños suelen esperar a los adultos con un “que me trajiste”. Así con los brazos abiertos, con curiosidad atenta deberíamos estar adelante del otro preguntándole al  Otro “que me trajiste”.  Te necesito para encontrar al que me Ama. No con mis pretensiones, gracias a Dios no soy yo el que te hago, por eso me sorprendes, por eso muchas veces me enojo, y me asusto, porque no lo esperaba así, te hace Otro, y esto es maravilloso para mi, de ti debo aprender, para poder vivir, debo estar atento, salir de mis juicios previos, para dejarme impactar.

Puedo decir tú porque sé decir yo, sé de que está hecha mi vida, se quien me levanta de mis caídas, se quien me lleva de la mano y sé que donde me conduce es maravilloso. Por eso puedo decir Tu es decir puedo descubrir lo misterioso y maravilloso que se esconde en una vida que hace Otro con Amor.

Aprendemos el diálogo entre generaciones no en adaptarnos a lenguajes diferentes, no en saber de los cambios de costumbres, o hábitos de la sociedad. Sino en descubrirte a ti con tus diferencias, como un don de Otro para mi, sin miedo a que interpeles mi vida, y que tenga que buscar razones que sostengan mis elecciones de vida, sin miedo a que tenga que comparar mis elecciones con las tuyas y saber que llevamos dentro búsquedas comunes a nuestros corazones, que tenemos el mismo  deseo de infinito, de felicidad, de totalidad, que a veces nuestra corta mirada nos hace distraer de lo verdadero. Que nos necesitamos unos y otros con nuestras experiencias, con nuestra comprensión, con nuestro deseo vivo  y muchas veces vertiginoso, para despertar en el otro el encuentro con el verdadero rostro que nos abraza a todos.

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