Juan Médici, Director Ejecutivo AFS-Programas Interculturales Argentina & Uruguay escribe sobre la llamada “Educación Global” y el potencial que tiene “como proceso dinámico, en el cual los enfrentamientos pueden ser vistos como oportunidades valiosas para aprender y crecer colectivamente”.
El mundo en el que nos toca vivir es, ciertamente, uno de incertidumbre, conflictos y polarización. Ante este escenario, algo tan simple (y a la vez, tan complejo) como la Educación se presenta como una herramienta indispensable para actuar en el presente y poder soñar con un futuro mejor para todos.
Casi por definición, la Educación debe ayudarnos no solo a derribar prejuicios, sino también a superar todas las creencias limitantes que llevamos en nuestras “mochilas” del día a día. Pero hay un tipo de educación específica, la llamada Educación Global, que resulta indispensable para “formar ciudadanos”, entendiendo esto como personas que se involucren en la construcción de un futuro sostenible para todos.
La Educación Global implica formar personas capaces de indagar críticamente sobre el mundo que nos rodea, comprender y relacionarse positivamente con personas diferentes a nosotros mismos, tomar acción hacia el bienestar colectivo y valorar y pertenecer a un mundo común y diverso.
Las competencias que conforman el set de capacidades Globales (también conocidas como “Interculturales”) son, entre otras, escuchar para entender, mantener curiosidad, respeto y apertura mental, aprender a partir de la interacción y acercarnos al otro desde la humildad cultural. Se trata de aptitudes que se desarrollan no a partir de una acumulación de conocimientos teóricos, sino a través de un aprendizaje basado en la experiencia.
Esta particularidad de las aptitudes de la Ciudadanía Global presenta numerosos desafíos cuando pensamos en cómo formar a las nuevas generaciones en estas capacidades, que resultan indispensables no solo para la adaptación a los cambios tecnológicos disruptivos, sino también para desarrollar empatía, colaboración y capacidad de resolución de problemas en entornos diversos.
Por eso, es indispensable acompañar y escuchar a nuestros jóvenes y docentes, para guiarlos de cerca en su camino de educación y aprendizaje y, sobre todo, para potenciar su bienestar emocional y social.
Este acompañamiento es especialmente desafiante desde el lado de los docentes, porque es significativa la cantidad de educadores que admiten no sentirse preparados para enseñar sobre Ciudadanía Global y otras temáticas relacionadas, como el Desarrollo Sostenible.
Los docentes deben saber que existen numerosas acciones muy simples que, en la línea de la educación por experiencia de la que hablaba más arriba, pueden ayudar a desarrollar estas aptitudes en los alumnos.
Por citar algunos ejemplos, podemos mencionar que compartir historias personales es una herramienta extremadamente útil para fortalecer la empatía y el entendimiento, así como fomentar la convivencia en las aulas.
Otro camino destacado es trabajar por desarrollar una cultura de innovación en las escuelas, así como una cultura de encuentro y convivencia educativa, reflexionando sobre los prejuicios que existen entre los miembros de la comunidad educativa. Esto permite enriquecer nuestra propia identidad mediante el diálogo.
Necesariamente, las escuelas son espacios en donde se reflejan conflictos sociales “macro”. Y esto, claramente, puede provocar temores en los docentes y líderes educativos. Sin embargo, el paradigma de la Educación, justamente, ve en la existencia de conflictos en oportunidades para la colaboración y el entendimiento mutuo, convirtiendo a las escuelas en espacios esenciales de diálogo y transformación positiva.
Este ejemplo puntual respecto de los conflictos nos muestra claramente que la Educación está íntimamente ligada a la búsqueda de la Paz, entendida ésta no sólo como una ausencia de guerras, sino como un proceso dinámico en el cual los enfrentamientos pueden ser vistos como oportunidades valiosas para aprender y crecer colectivamente.
Como decía el Papa Francisco, “la educación es, esencialmente, esperanza”. Esperanza de convertirse en una semilla de cambio para el mundo, multiplicando el cambio desde cada aula y cada comunidad educativa para hacer realidad la utopía de un mundo justo y en paz.


