El mensaje principal de la Pascua es la certeza de que Dios nos ama tan profundamente que hasta se hace cargo de nuestros propios pesares y asume nuestra propia muerte como suya.
Como nos recordara el Papa León este pasado Domingo de Ramos “Al mirarlo a Él, que fue crucificado por nosotros, vemos a los crucificados de la humanidad. En sus llagas vemos las heridas de tantos hombres y mujeres de hoy. En su último grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos. Y, sobre todo, escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra”1
En estos días hemos sido testigos de la tragedia sucedida en una escuela de la provincia de Santa Fe. Vidas segadas por el dolor: la de la víctima, la de su familia, pero también la del victimario.
Muchos de nuestros jóvenes se sienten hoy heridos, lastimados, aislados, agobiados por lo que les toca vivir y no pueden procesar. Necesitan ser escuchados.
Ante esta realidad, la Pascua nos invita a proclamar con nuestro hacer cotidiano y, en particular, en nuestras propias comunidades educativas, que a pesar de las dificultades la vida tiene sentido, que el amor y la entrega generosa siempre vence sobre la muerte, aunque a veces parezca que todo está perdido, que todo concluyó de la peor manera.
Las celebraciones del triduo pascual nos recuerdan que lejos de eliminar la cruz, la pascua nos da la esperanza de que sí permanecemos unidos a Cristo, aun en medio de su pasión, viviremos también su resurrección.
Jesús resucitado nos da “la seguridad de poder encontrar perennemente la estrella polar hacia la que dirigir nuestra vida de aparente caos, marcada por hechos que, a menudo, nos parecen confusos, inaceptables, incomprensibles: el mal, en sus múltiples facetas; el sufrimiento, la muerte: eventos que nos afectan a todos y cada uno. Meditando el misterio de la Resurrección, encontramos respuesta a nuestra sed de sentido …Creer verdaderamente en la Pascua en el camino cotidiano significa revolucionar nuestra vida, ser transformados para transformar el mundo con la fuerza suave y valiente de la esperanza cristiana”2 Solo en Jesús resucitado nuestra vida cobra verdadero sentido.
Feliz Pascua para todos y cada uno; que nuestras aulas, nuestras comunidades y nosotros mismos proclamemos la alegría de la resurrección y la contagiemos a quienes comparten este camino.
Adrián Álvarez
Presidente


