Como cada nuevo inicio del ciclo lectivo, renovamos la esperanza y nuestro deseo de seguir sembrando un futuro mejor para nuestro país, pero particularmente para cada uno de los niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos que se congregan en nuestras aulas.
Recientemente el Papa León XIV nos invitaba a trabajar cuatro aspectos: “la interioridad, la unidad, el amor y la alegría”, como pilares de un camino a recorrer juntos, haciendo del encuentro el inicio de un proceso común de crecimiento y enriquecimiento mutuo1, recordándonos lo que decía San John Henry Newman, inspirado en San Francisco de Sales: “La sinceridad del corazón, y no la abundancia de palabras, toca el corazón de los seres humanos”
En su carta apostólica “Diseñando nuevos mapas de esperanza”, nos comparte tres nuevas prioridades en el marco del Pacto Educativo Global: “La primera se refiere a la vida interior: los jóvenes piden profundidad; necesitan espacios de silencio, discernimiento, diálogo con la conciencia y con Dios. La segunda se refiere a lo digital humano: formemos en el uso sabio de las tecnologías y la IA, colocando a la persona antes que el algoritmo y armonizando las inteligencias técnica, emocional, social, espiritual y ecológica. La tercera se refiere a la paz desarmada y desarmante: educamos en lenguajes no violentos, en la reconciliación, en puentes y no en muros; «Bienaventurados los pacificadores» (Mt 5,9) se convierte en método y contenido del aprendizaje.”2
En el camino recorrido el año pasado de escucha a las nuevas generaciones, “Con Alas y Raíces”, estos tres desafíos surgieron casi al unísono de la boca de nuestros jóvenes. En su proclama final, nuestros estudiantes nos pedían: “que todo el sistema educativo del país, durante un año entero, trabaje la búsqueda profunda de sentido: la pregunta por la vida, las decisiones, los vínculos, la fe, la vocación y el futuro. Queremos un año que ponga en el centro la vida real de los jóvenes”, bajo el lema: “Por una vida con sentido” y nos invitaban al dialogo con dos propuestas concretas: una Semana Nacional de Diálogo Estudiantil y Foros Nacionales Estudiantiles “Con Alas y Raíces”: “La escucha verdadera transforma. Nos abre, nos sana, nos afirma. Pedimos que nunca se pierda la capacidad de escucharnos con respeto y sin prejuicios. Cuando somos escuchados, encontramos sentido y esperanza”3
Nuestras comunidades educativas y nosotros docentes debemos ser estrellas en la “constelación educativa” que ayude a los estudiantes, como lo eran las estrellas para los navegantes que afrontaban los océanos, a descubrir su camino, a construir su proyecto de vida. Que en nuestra tarea cotidiana seamos esas luces que los orienten y podamos construir juntos nuevos mapas de esperanza que los ayuden a encontrar las respuestas que están buscando.
Feliz inicio de clases, recemos unos por otros para que podamos ser los educadores que nuestros estudiantes necesitan en su presente y que les permita construir su futuro.
Adrián Álvarez
Presidente


