Una imagen habla más que mil palabras, por eso, en esta nota asumimos el bello desafío de intentar volcar algunas de las escenas más significativas que vivimos este año.
Esas que conmueven y, al mismo tiempo, revelan la profundidad educativa de un campamento. Nos gusta decir que el acto educativo es, en primera medida, un encuentro.
Y, ¡cuánto más poderoso se vuelve ese encuentro cuando ocurre en la naturaleza!
Mientras recorríamos las carpas antes de dormir, un grupo de chicas se contaban cuentos e historias ya acostadas en sus bolsas de dormir.
Un niño de nueve años le decía al amigo que tenía al lado: “Este es el mejor campamento de mi vida”, mientras escuchaba fascinado la explicación de la actividad con cuerdas que estaban por vivir. Son escenas que podrían parecer simples, pero ellas envuelven la riqueza del asombro, de la curiosidad, el disfrute y el compartir con el otro.
Qué interesante se hace observar cómo crece la autonomía y la responsabilidad. Cómo arman sus mochilas, desarman sus carpas, cómo resuelven desafíos por equipos en los grandes juegos, crean sketchs para el fogón o trabajan juntos en tareas comunitarias.
La creatividad, el trabajo en equipo, la comunicación y el servicio quedan a la vista, confirmando que el aprendizaje se llena de sentido porque se lo experimenta con el cuerpo y el alma.
En Bariloche, después de un trekking hicimos una parada para contemplar. Un joven adolescente en silencio frente a la imponente belleza del paisaje se preguntó: “¿Cómo abrazar toda esta inmensidad?”. Ese gesto, tan sencillo, resume lo que muchas veces ocurre en estos viajes: la naturaleza despierta preguntas profundas que no necesitan respuestas inmediatas. Preguntas que invitan a abrir la mirada, a encontrarse consigo mismo y con los otros, a percibir que hay algo más grande que también nos involucra.
En esos momentos volvemos a confirmar la belleza de este trabajo: acompañar a niños y jóvenes a reencontrarse con el asombro, su deseo de aprender, su sensibilidad frente al mundo y, como solemos decir, con esa “sed de infinito” que late en cada persona. Por eso, los campamentos no son una pausa en nuestras escuelas, por el contrario, son la llama que apoya y potencia los proyectos educativos.
“El contacto con la naturaleza nos lleva a la sobriedad y a la capacidad de admirarnos, que tanta falta nos hace frente a las distracciones del mundo moderno.” (Francisco, discurso a estudiantes, 2015)
FUENTE: Navarro Giménez Agustín. Director de Nuevas Sendas Campamentos Educativos


