“Todo lo vivido fue una gran renovación de la fe personal y de la vocación educativa. Roma nos recordó que educar no es solo enseñar, sino acompañar, escuchar y amar. Porque en cada aula, también se construye el Reino de Dios.” Joaquín Viqueira, Magíster y Director en la Vicaría de Educación del arzobispado de Buenos Aires nos regala un testimonio de su viaje al Jubileo educativo. Una celebración que constituye la temática de este número de noviembre con un mensaje claro: “que el Jubileo de la Educación —afirma Viqueira— fue un encuentro de Fe y de humanidad”.
En el marco del Jubileo de la Esperanza, la Ciudad Eterna volvió a ser epicentro de fe, cultura y educación. Miles de peregrinos cruzaron las cuatro puertas santas, acompañados por la fervorosa presencia del Papa León XIV, para celebrar un acontecimiento que dejó huella: el Jubileo de la Educación, una cita internacional que reafirmó la misión educativa como vocación y camino espiritual.
El evento, concebido como un verdadero “museo a cielo abierto”, reunió a educadores, estudiantes y comunidades de todo el mundo bajo un mismo espíritu. En una atmósfera de gratitud y comunión, se hizo visible la universalidad de la Iglesia a través de lenguas, culturas y tradiciones que convergen en una misma búsqueda: formar corazones y mentes para la verdad y la esperanza.
Educar es interioridad, amor, comunidad y alegría
En su discurso central, el Papa León XIV retomó la idea de que educar va mucho más allá de transmitir conocimientos. La educación no se reduce a técnicas o estructuras —afirmó—, sino que es un camino interior de encuentro entre maestros y alumnos en la búsqueda de la verdad. Cor ad cor loquitor: el corazón habla al corazón.
El Pontífice insistió en que enseñar implica interioridad, amor, comunidad y alegría. “Compartir el conocimiento no basta para enseñar —dijo—, se necesita amor. Sólo así el conocimiento será provechoso para quien lo recibe”. Y agregó una imagen luminosa: “Los verdaderos maestros educan con una sonrisa y logran despertar sonrisas en el alma de sus discípulos”.
Bajo el lema de su pontificado, In Illo uno unum (“En Aquel que es uno, somos uno”), el Papa volvió a impulsar el Pacto Educativo Global, una iniciativa que busca tejer redes de colaboración entre familias, escuelas, comunidades y naciones: “Para educar a un niño hace falta toda una aldea.”
Una red de escuelas que es fuente de esperanza
En el Congreso Internacional celebrado durante el Jubileo, el Cardenal Mendonça, Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, subrayó que “la escuela es vida” y que los educadores “no envejecen cuando están con los jóvenes”.
Con tono esperanzado, invitó a los maestros a ser “estrellas de la verdad, la bondad y la belleza” en un mundo fragmentado y a menudo desencantado. Sin embargo, se recordó también los desafíos globales: 61 millones de niños aún no acceden a la educación primaria, y más de 160 millones de adolescentes no completan la secundaria, un derecho básico.
La Iglesia puede aportar mucho en este contexto de fragilidad con su mensaje de Esperanza. Actualmente, la educación católica tiene presencia en 171 países, con 231.568 instituciones educativas y más de 71 millones de estudiantes en todo el mundo.
En ese marco, el cardenal Mario Poli, arzobispo emérito de Buenos Aires, presentó la experiencia del Pacto Educativo Argentino, destacando la colaboración entre comunidades educativas, familias y autoridades para lograr una educación integral y humanizadora.
Newman, un doctor para el siglo XXI
Uno de los momentos más significativos del Jubileo fue la proclamación del Cardenal San John Henry Newman como co-patrono de la educación católica, junto a Santo Tomás de Aquino, y su reconocimiento como Doctor de la Iglesia.
El anuncio fue recibido con particular entusiasmo por los educadores, que reconocen en Newman a un inspirador del pensamiento universitario moderno. Su lema —“Cor ad cor loquitor”— resonó como eje de todo el Jubileo: la convicción de que el conocimiento se transmite de persona a persona, en un vínculo de confianza y respeto mutuo.
Las ideas de Newman sobre la formación integral, la influencia personal del maestro y la búsqueda de la verdad, la bondad y la belleza fueron recordadas como faros para una educación que no se limite a la instrucción técnica, sino que abra el corazón al misterio y al sentido.
Educar para un mundo nuevo
La celebración dejó un mensaje claro: la educación es una tarea espiritual y comunitaria. No puede reducirse a competencias, estadísticas o resultados, sino que debe sostenerse en una profunda convicción de esperanza, servicio y amor.
Los participantes coincidieron en que el Jubileo de la Educación fue mucho más que un congreso académico: fue un encuentro de Fe y de humanidad, un llamado a los educadores de todos los ámbitos a renovar su vocación como artesanos de la verdad y del bien común que vienen de Cristo y llevan a Cristo.
Como resumió uno de los testimonios: “Todo lo vivido fue una gran renovación de la fe personal y de la vocación educativa. Roma nos recordó que educar no es solo enseñar, sino acompañar, escuchar y amar. Porque en cada aula, también se construye el Reino de Dios.”
FUENTE: Joaquín Viqueira es Magíster y Especialista en Gestión Educativa de Universidad de San Andrés y Licenciado y Profesor de Filosofía de la UNSTA. Director de Educación de la Vicaría Episcopal de Educación del arzobispado de Buenos Aires y profesor de la Universidad Austral.


