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A cinco años de un lanzamiento…

En 2019 el Papa Francisco impulsó el Pacto Educativo Global. Esta realidad dinámica lo llevó a afirmar que la educación: “es apostar y dar al presente la esperanza”. Una esperanza “que rompe los determinismos y fatalismos con los que el egoísmo de los fuertes, el conformismo de los débiles, y la ideología de los utópicos quieren imponerse tantas veces como el único camino posible”.

 

Reaccionar ante el individualismo

La educación es también un antídoto natural para la cultura individualista, ella es capaz de entender la diversidad, no como un factor amenazante o desestabilizador, sino como una bendición para la propia identidad. 

En un mensaje dirigido a los colegios jesuitas en América Latina, el papa Francisco sugirió que los colegios estén realmente con las puertas abiertas y no solo en el discurso, donde los pobres pueden entrar y de donde se puede salir para encontrarse con los pobres. Colegios que no se enreden en un elitismo egoísta, sino que aprendan a convivir con todo.

También reconoció a las universidades como un ámbito privilegiado para pensar y desarrollar este compromiso de evangelización de modo interdisciplinar e inclusivo (Evangelii Gaudium, n.134).

Ciudadanía ecológica

Tomando en cuenta la interdependencia entre el ambiente humano y la naturaleza, Francisco enfatizó la necesidad de una educación ecológica integral, que promueva una alianza entre la humanidad y el ambiente, en los diferentes niveles del equilibrio ecológico: el interno con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con todos los seres vivos y espiritual con Dios (Laudato si’, n.210). La dinámica de este enfoque educativo no privilegia los contenidos, sino un estilo de vida basado en la contemplación y en el cuidado de la naturaleza. Y la posibilidad de generar nueva ciudadanía ecológica, capaz de incidir en la conversión de una sociedad egoísta y beligerante a una nueva sociedad armoniosa y solidaria con sus miembros y el medio ambiente. Para ello, Francisco sugiere ofrecer a los jóvenes un amplio abanico de experiencias de vida y procesos de aprendizaje.

Apertura al contexto

El Papa propuso que la formación integral esté atenta a la realidad circundante para poder captar los desafíos que se presentan a la humanidad. Por eso, él preguntó muchas veces a los educadores si son capaces de advertir a los alumnos que no se desconecten de la realidad y lo que sucede a su alrededor, porque es necesario sacarlos de clase, su mente tiene que dejar la clase, su corazón tiene que salir de clase. 

Incluir la periferia

Al considerar el contexto, la educación resignificada descubre las periferias, sociales y existenciales, a las que debe prestar su servicio y promover una amplia inclusión. Para animar a los educadores escépticos o resistentes a esta dirección hacia las periferias, el Papa pregunta: ¿Cuál es la mayor tentación de las guerras en este momento? Los muros. Defiéndete, las paredes. El mayor fracaso que puede tener un educador es educar dentro de las paredes. Educar dentro de los muros de una cultura selectiva, de una cultura de seguridad, o de un sector social acomodado que no avanza.

Insistir en la fraternidad

El Papa propuso incluir en los procesos educativos la educación para la fraternidad porque es precisamente el desprecio por ella lo que ha dado lugar a la cultura del descarte, del egoísmo, de la consideración de los demás como rivales o enemigos. La fraternidad, antes de ser un deber moral, es un rasgo de identidad, es constitutivo de la humanidad.

Reorganización curricular

Para que el sueño de la nueva educación se vuelva realidad, Francisco exhortó a los educadores a no cerrarse a propuestas audaces de educación. El ofreció diversos elementos para reorganizar el currículo de un nuevo tipo de educación, destinada a producir los frutos que la humanidad y el mundo necesitan.

La formación integral o pluridimensional aparece con frecuencia en los escritos y pronunciamientos que hizo el Papa argentino.

Y la dinámica del proceso educativo debe abrir espacio para las experiencias de vida y el aprendizaje de los estudiantes, escucharlos y dialogar con ellos porque son quienes nos interpelan sobre la urgencia de esa solidaridad intergeneracional, que desgraciadamente ha desaparecido en los últimos años.

FUENTE: Una perspectiva de Oscar A. Pérez Sayago. Secretario General de la Confederación Interamericana de Educación Católica.

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