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La adolescencia del siglo XXI

A la luz de San Carlo Acutis tiene lugar esta reflexión sobre la adolescencia; la cual “ante una realidad amenazada y vulnerable, puede comunicar valores y belleza”. Una colaboración de la Magíster Claudia Enríquez a partir del proyecto “Con Alas y Raíces,” que busca la voz de los jóvenes. “La adolescencia no es una realidad que podamos analizar en abstracto” escribe, reconociendo su mirada sobre la educación y la vida. 

La huella que ha dejado San Carlo Acutis es una oportunidad para abrir espacios de reflexión que nos ayuden a visibilizar la realidad que viven nuestros adolescentes y jóvenes en el ámbito educativo a la luz del Evangelio. Sin embargo, esta reflexión debe ser auténtica y comprometida con la misión que tenemos —como docentes— de acompañar procesos de búsqueda del sentido de la vida y la trascendencia. En este aspecto, es necesario rescatar, una y otra vez, la importancia de nuestra tarea docente que es, en el mismo acto, educativa y evangelizadora.

Vivimos realidades complejas a partir de las cuales debiéramos hacer el esfuerzo de pensar nuestras realidades, nuestras instituciones educativas, nuestras aulas y nuestros equipos de trabajo tomando distancia de las afirmaciones que muchas veces nos limitan: “la juventud está perdida”, “siempre se hizo así” o “los tiempos de antes eran mejores”, para poder entrar en diálogo verdadero con la cultura que atraviesa la manera de estar en el mundo de nuestros adolescentes de hoy. Ya el Papa Francisco en su exhortación apostólica postsinodal a los jóvenes Christus Vivit mencionaba a Carlo como ese adolescente que “no cayó en la trampa” de su época.

Entonces, el aula, no será solo el aula, sino que se convertirá en tierra de misión, habitada por lo sagrado de la vida, corazones para acompañar a descubrir que la plenitud tiene que ver con la fertilidad de nuestras acciones y no con el tener o aparentar tan instalado por la sociedad del consumo en la que estamos inmersos. Es así, como nuestro sujeto de la educación, persona dotada de dignidad, nos interpela hoy a reafirmar nuestra vocación, a responder nuestra llamada a hacernos don, a entregarnos a quienes nos necesitan para crecer.

En este camino, crecer nos pide acoger la vida como viene sabiendo que cada persona no es un “yo terminado” sino un “yo haciéndose” al que tenemos la misión de promover. San Carlo Acutis, motiva e inspira estos pasos iluminando con la verdad cuando nos afirma que “todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias” dando lugar a una oportunidad de reflexión filosófica acerca del sentido de la existencia con nuestros adolescentes que no podemos desperdiciar.

Sin embargo, estos nuevos espacios de diálogo y escucha activa nos requieren nuevas miradas. Miradas limpias de prejuicios y diagnósticos apresurados. El encuentro que habilita la transformación, es un encuentro profundo, que no deja de asombrarse ante el misterio de otro. De aquí la importancia de renovar nuestras propuestas para que entren en diálogo con la cultura actual de los adolescentes de hoy. Para todo ello, necesitamos ser comunidad educativa, y ser plenamente conscientes de que es la comunidad entera la responsable de acompañar, alentar y acoger propiciando lugares significativos de valoración, afecto y comprensión.

La adolescencia no es una realidad que podamos analizar en abstracto. En realidad, no existe “la adolescencia”, existen adolescentes con sus rostros y vidas concretas. Y en el mundo actual, muchas de esas vidas están en peligro. En esta realidad amenazada y vulnerable la huella de Carlo nos reaviva la esperanza:  la vida de nuestros adolescentes puede comunicar valores y belleza. Nosotros como docentes podemos hacer un aporte en este sentido. Lo mencionó el Papa León XIV en la homilía de canonización el pasado 7 de septiembre, Carlo es una invitación para todos, a no malgastar la vida y a orientarla hacia lo alto.

La adolescencia de nuestro tiempo a la luz de la vida de San Carlo Acutis es una valiosa oportunidad para que la santidad vuelva a ser motivo y motor de nuestras vidas

Es así, como de a poco, a la luz de la vida de San Carlo Acutis pueden surgir propuestas pastorales de acompañamiento dentro de nuestras comunidades educativas que sean punto de partida a una actualización pedagógico-pastoral. Para ello, comparto algunos apuntes para la reflexión: es necesario limpiar y custodiar nuestra mirada, ¿cómo miramos a nuestros adolescentes?, ¿desde qué lugar lo hacemos?; en este mismo sentido es necesario entrenar el corazón y preguntarnos ¿cómo respondemos a nuestra llamada cada día?; asimismo, en esta tarea una actitud de apertura que nos interpele a hacernos cargo es ineludible, ¿nos ocupamos de cultivar en nosotros —como adultos— los valores que reclamamos carecen nuestros adolescentes?

La adolescencia de nuestro tiempo a la luz de la vida de San Carlo Acutis es una valiosa oportunidad para que la santidad vuelva a ser motivo y motor de nuestras vidas. Este adolescente, puede ser ese amigo que intercede, ese amigo del buen consejo para nuestros estudiantes. También, para cada uno de nosotros, puede ser quien nos ayude a recuperar la esperanza. Carlo, puede convertirse en faro que oriente muchas vidas hacia el bien con pequeñas acciones cargadas de amor y realizadas con verdadera autenticidad. A pesar de las tensiones que se puedan vivir en esta etapa de la vida, su santidad es signo de que hay belleza para redescubrir. Es aquí donde las palabras de Francisco vuelven a ser providenciales: “la educación es un acto de esperanza”. Y nosotros, desde el aula, nuestra tierra de misión, podemos sembrar y regar esas semillas.

FUENTE: Claudia Enríquez es Magíster en Periodismo graduada de la Universidad de San Andrés. Diplomada en Comunicación de la Iglesia por la Escuela de Cultura Religiosa y Pastoral de la Universidad Católica de Cuyo. Es Licenciada en Relaciones Internacionales graduada de la Universidad del Salvador y Profesora Superior en Ciencia Política graduada de la Universidad Católica Argentina.

Actualmente se desempeña en el ámbito de la comunicación católica en la Conferencia Episcopal Argentina, en la Comisión Episcopal para la Pastoral Social (CEPAS) y en la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales a través de la Plataforma de Formación para Comunicadores “Fratelli Tutti” donde brinda capacitaciones. Es delegada de la región NEA para la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales.

Asesora y acompaña diversos proyectos pastorales de evangelización en el mundo digital. Es miembro del equipo “Evangelizadores Digitales de Argentina” y de los “Amigos de Carlo Acutis Argentina”. En el Instituto Montoya, es docente y directora de Relaciones Institucionales.

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