“Los chicos y las chicas, especialmente en los últimos años de primaria y en toda la secundaria, están buscando activamente espacios de interioridad donde crecer en espiritualidad”. Un aporte del Pbro. Juan Manuel Ribeiro, Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Educación.
En el corazón de su Regla, escrita en el siglo VI, San Benito de Nursia dejó una directriz tan humilde como revolucionaria: al tomar una decisión importante, el abad debía consultar a toda la comunidad, prestando especial atención a los más novatos, «porque a menudo el Señor revela al más joven lo que es mejor». Esta milenaria intuición resuena con una fuerza profética en nuestros días y se convierte en el faro para el encuentro de jóvenes «Alas y Raíces», una iniciativa que busca dar voz y protagonismo a quienes habitan nuestras aulas.
La escuela tiene en su esencia la potencia de educar para la escucha y el diálogo. Este es el camino pedagógico-pastoral que nos lleva al conocimiento verdadero, no solo de contenidos, fechas o reglas ortográficas, sino al conocimiento profundo de las personas. Sin embargo, vivimos tiempos paradójicos donde todos opinan sin conocer, donde la palabra se devalúa en el ruido incesante. Como Iglesia que camina en las escuelas, sentimos el llamado urgente a hacer silencio para escuchar a las nuevas generaciones, a quienes desde hace años son el alma de nuestras comunidades y tienen mucho para decir.
El desafío de una pastoral que transforme
El Papa Francisco nos advierte en Christus Vivit que «la escuela necesita una urgente autocrítica si vemos los resultados que deja la pastoral de muchas de ellas, una pastoral concentrada en la instrucción religiosa que a menudo es incapaz de provocar experiencias de fe perdurables.” (CV 221). Esta reflexión nos interpela directamente: ¿Cómo podemos provocar esas experiencias de fe que perduran en nuestros estudiantes, docentes y familias?
El Espíritu Santo nos regala hoy una nueva oportunidad para revitalizar nuestros proyectos, para aggiornar la mirada que tenemos sobre la escuela y generar un nuevo latir. Es un tiempo para la autocrítica honesta. Nos preguntamos por qué las familias nos eligen y, a menudo, la respuesta son «los valores», aunque a veces desconocen que esos valores nacen del Corazón de Jesús. Pero también debemos preguntarnos por qué no nos eligen, o por qué, habiéndonos elegido, se generan a veces desilusiones o sentimientos de estafa. La respuesta a estas preguntas no está en nuestras oficinas, sino en el corazón de aquellos a quienes servimos.
El camino de Emaús como modelo de escucha
Cuando Jesús peregrina a Emaús con los discípulos, no comienza con un sermón. Camina con ellos, les pregunta, los escucha en su desesperanza. Fue un auténtico pastor que acompañó el paso y sólo después, en el signo compartido de partir el pan, todo cobró sentido. El caminar juntos y la escucha atenta son las claves para nuestra vida educativa.
Este es el eco de la sinodalidad a la que nos invita el Papa Francisco. Es el mismo espíritu que animaba a Don Bosco cuando aconsejaba: “camina con los pies en la tierra, pero teniendo la mirada y el corazón en el cielo”. Esta tensión entre «alas» y «raíces» —entre la realidad concreta y la aspiración trascendente— es el espacio donde se da el verdadero crecimiento.
La voz protagonista de la Juventud
Las nuevas generaciones tienen mucho más que aportar que simples datos o diagnósticos. Su voz es la de un protagonista activo, comprometido y desafiante. Hoy, los chicos y las chicas, especialmente en los últimos años de primaria y en toda la secundaria, están buscando activamente espacios de interioridad donde crecer en espiritualidad.
Debemos aprender a leer los signos de esta sed de trascendencia:
- Su sensibilidad ambiental y el reclamo por un planeta habitable.
- Su profundo sentido del compromiso social y la justicia.
- La crítica pacífica pero firme que hacen sobre las incoherencias del mundo adulto.
- Su análisis sobre el futuro laboral y la búsqueda de un propósito.
- Sus preguntas abiertas y honestas sobre las opciones afectivo-sexuales.
Es cierto que algunos jóvenes, al no encontrar una invitación a la profundidad, se refugian en espacios superficiales, competitivos y consumistas. Pero no están solos en ellos. A su lado hay muchísimos adultos que los critican, pero que hipócritamente los imitan.
El encuentro «Alas y Raíces» nace de la convicción de San Benito: escuchar a los más jóvenes no es una concesión, sino una necesidad vital para la salud de la comunidad educativa. Es abrir las ventanas para que entre el aire fresco del Espíritu, que a menudo elige las voces menos esperadas para revelarnos lo que es mejor. Es nuestra tarea, como educadores y pastores, preparar la mesa, partir el pan y escuchar atentamente lo que tienen para decirnos en el camino.


