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12 de octubre de 2022: Desde el desafiante norte argentino

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En este día en que se invita a la reflexión histórica, al diálogo intercultural, y al reconocimiento y respeto por los pueblos originarios, escribe monseñor Fray Luis Scozzina OFM, presidente de la Pastoral Aborigen en la Argentina y obispo de la diócesis de Orán, en la provincia de Salta. 

Este nuevo aniversario de la llegada de los europeos a estas tierras americanas, nos da la posibilidad de revalorizar y profundizar los esfuerzos de diálogo y trabajo fraterno entre los hermanos de distintos pueblos y culturas que habitamos la Argentina actual. 

Un diálogo fraterno que debe estar basado, necesariamente, en la escucha y comprensión mutua de los enormes valores materiales y espirituales que Dios ha puesto entre nosotros: “La vida de nuestros niños y la sabiduría de nuestros ancianos, la constancia en el cuidado de la naturaleza de muchas comunidades que luchan contra el extractivismo y contra otras amenazas a sus tierras, la permanente búsqueda de respeto a la Madre Tierra frente a la degradación y desertización por desmontes, incendios y contaminación”.

Frente a este panorama, y valorando la reciente y valiente visita del papa Francisco a Canadá, donde, reiterando una actitud de los pontífices anteriores, pidió perdón a los descendientes indígenas por los atropellos a la dignidad de las personas nativas cometidos por miembros de la Iglesia de ese entonces, tenemos una orientación clara para nuestro proceder evangelizador actual. 

El diálogo y la actitud de escucha, basados en un acercamiento humilde y sencillo a los actuales miembros de los pueblos indígenas y hacia toda la creación, deben ser el signo característico que nos identifique como discípulos misioneros del Señor Jesucristo, ya que Él, siendo Hijo de Dios, no vino a ser servido, sino a servir, y a entregar Su vida por nosotros. 

Esa presencia salvadora en medio de su pueblo, que el Señor nos sigue manifestando, es lo que debemos continuar, como Iglesia actual, entre los hermanos aborígenes y sus territorios, ya que la naturaleza, a quien nosotros pertenecemos y los pueblos originarios valoran mucho, también espera su redención frente a las graves amenazas de las contaminaciones y permanentes agresiones del extractivismo descontrolado.

El diálogo y la actitud de escucha, basados en un acercamiento humilde y sencillo a los actuales miembros de los pueblos indígenas y hacia toda la creación, deben ser el signo característico que nos identifique como discípulos misioneros del Señor

Unirnos a los esfuerzos por salvar la biodiversidad, amenazada en todo el mundo, y frenar las diversas formas de agredirla, es otra manera de pedir perdón y de reconciliarnos con los Hermanos Indígenas ya que, para ellos, el bosque, el agua, el aire, los animales, y toda la naturaleza, constituyen el ámbito en el que, como “en las entrañas de nuestra madre”, crecemos y nos desarrollamos, aprendiendo los códigos de la Vida.

Por ser un país “pluriétnico y multicultural”, reconocido así en nuestra Constitución Nacional, la Argentina debe avanzar en el ejercicio de los derechos que ese reconocimiento implica, modificando todo lo que obstaculiza la armonía de la diversidad de pueblos y culturas que la habitan. Y enriquecerse con los aportes de todos, en especial, de quienes tienen más antecedentes en esta tierra.

En este próximo 12 de octubre estamos invitados todos, sea cual sea nuestro origen de sangre y de lugar, a rechazar todas las formas de avaricia y autoritarismo, repitiendo con el Papa Francisco, en Laudato Si, cuando ora a Dios:

“Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud por cada ser que

has creado, danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos con

todo lo que existe”.


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