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Recrear escuelas con identidad

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En febrero de este año, la Congregación para la Educación Católica, fruto de varios años de reflexión y a la luz del magisterio del Papa Francisco nos regaló a toda la Iglesia un precioso documento llamado “La identidad de la escuela católica para una cultura del diálogo”.  Esta contribución “puede servir para aclarar algunos puntos de actualidad”, dice al comienzo el instructivo, y se presenta como “una herramienta deliberadamente sintética y práctica”. Escribe para la revista Consudec, el padre Juan Manuel Ribeiro, secretario de la Comisión Episcopal de Educación Católica.

 

En febrero de este año, la Congregación para la Educación Católica, fruto de varios años de reflexión y a la luz del magisterio del Papa Francisco nos regaló a toda la Iglesia un precioso documento llamado “La identidad de la escuela católica para una cultura del diálogo”.

Esta luminosa instrucción dirige nuestra mirada a lo más medular de la educación católica, la problemática de la identidad que hace a una escuela católica. Utilizo la palabra problemática ya que la identidad y la coherencia con la misma es hoy día una cuestión crítica.

Hace algún tiempo un joven teólogo argentino se preguntaba en un artículo: “¿hasta dónde se estira la identidad católica?” ya que hoy podemos encontrarnos con personas o instituciones que pueden llamarse católicas, al menos nominalmente, no solo sin sostener un proyecto educativo cristiano sino hasta en algunas cuestiones opuesto. Esto, sin dudas, obedece a un clima de época en donde la identidad puede disociarse, hasta tal punto que varios sociólogos de la religión mencionan que existen tres tipos de identidad: la personal, social y colectiva. El primer nivel de identidad respondería a ¿qué digo yo respecto a lo que creo?; el segundo nivel llamado social, ¿qué digo yo dependiendo del ambiente social?, así por ejemplo, puedo decirme católico pero estar a favor de la eutanasia para estar en consonancia con el medio social; por último, el nivel colectivo de la identidad en donde respondo a lo que creo pero no en singular sino en plural reconociéndome parte de algo mayor, en nuestro caso como católicos de la comunidad creyente, la Iglesia.

La identidad puede disociarse fácilmente, ser plástica y estirarse hasta los límites que puedan rayar con la misma incongruencia entre lo que decimos ser, lo que decimos respecto a lo que creemos y lo que efectivamente hacemos

Ahora bien, comento esto a modo propedéutico para mostrar cómo en la sociedad contemporánea la identidad puede disociarse fácilmente, ser plástica y estirarse hasta los límites que puedan rayar con la misma incongruencia entre lo que decimos ser, lo que decimos respecto a lo que creemos y lo que efectivamente hacemos. Todo esto naturalizado y sin ser vivido como un conflicto interno. Esta disociación que a veces sucede a nivel individual puede acontecer de igual forma a nivel institucional.

Llegados a este punto podemos preguntarnos, ¿qué desafío nos presenta este documento enmarcado dentro de las enseñanzas del Papa Francisco?  Respondiendo con las mismas palabras del Pontífice el documento afirma: “no podemos construir una cultura del diálogo si no tenemos identidad”. Es decir, el Papa nos ofrece las coordenadas para comprender qué tipo de identidad necesitan las escuelas de hoy.

Las identidades de las escuelas católicas pueden también tomar formas que, a veces, podrían desvirtuar su ser y su misión. Los estudiosos de la pastoral educativa mencionan cuatro tipos de escuelas, que a modo de ejemplo, podrían darse en la actualidad. Podemos pensar una escuela que llaman monocromática, es decir, de católicos para católicos, con una enseñanza de la Fe apologética y sin buscar puentes de diálogo y de encuentro. Luego mencionan, un tipo de escuela que llaman multicolor e incoloras, son aquellas cuya identidad se ve diluida o descolorida, la dimensión religiosa lejos de ser transversal queda resguardada, en el mejor de los casos, al ámbito de una asignatura, y ocupa el lugar de lo pastoral actividades de tipo filantrópicas o sociales. Por último, el tipo de escuela al que creo apunta el documento y el Papa, es la escuela dialógica, aquella en donde lo católico se vive en profundidad, pero en diálogo ecuménico e interreligioso con otras visiones. Una escuela con el espíritu conciliar, tomando lo mejor de documentos como Gaudium Spes, en la relación de la Iglesia con el mundo. Los colegios dialógicos citando el documento serían los que: “conciben las escuelas no tanto como instituciones sino como “comunidades”, es decir, lugares donde se gesta la Cultura del Encuentro, y en donde los católicos, podamos recibir las distintas realidades multiculturales y multireligiosas en una convivencia pacífica en donde aprendamos unos de otros.

 El documento magisterial cita, para mí genialmente al Papa Francisco, mostrándonos el horizonte de la identidad dialógica de la escuela católica cuando afirma: “El Papa Francisco ha dado tres indicaciones fundamentales para favorecer el diálogo, “el deber de la identidad, la valentía de la alteridad y la sinceridad de las intenciones. El deber de la identidad, porque no se puede entablar un diálogo real sobre la base de la ambigüedad o de sacrificar el bien para complacer al otro. La valentía de la alteridad, porque al que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compañero de ruta, con la genuina convicción de que el bien de cada uno se encuentra en el bien de todos. La sinceridad de las intenciones, porque el diálogo, en cuanto expresión auténtica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competición en cooperación”. El documento citando al Papa Francisco en otra admirable intervención nos recuerda que “educar es apostar y dar al presente la esperanza que rompe los determinismos y fatalismos con los que el egoísmo de los fuertes, el conformismo de los débiles y la ideología de los utópicos quieren imponerse tantas veces como el único camino posible”.

En fin, en el magisterio de Francisco se nos propone una escuela dialógica, con católicos dialógicos para una cultura dialógica del Encuentro. El diálogo en las coordenadas propuestas por sucesor de Pedro en nada sacrifica la identidad, ni la licua ni la disuelve sino por el contrario, la fortalece no a partir de la confrontación sino a través de un diálogo con mansedumbre evangélica expresando lo que desde nuestra tradición tenemos como belleza para compartir y un Evangelio que nos enseña un Arte de Vivir desde y con Jesús, que nada nos quita y todo nos da.

Juan Manuel Ribeiro

Magíster en Sociología por la Pontificia Universidad Católica Argentina. Ha sido nombrado Coordinador del Consejo de Escuelas Parroquiales. Además, se desempeña como representante legal del Colegio Nuestra Señora de Luján de los Patriotas (Barrio de Mataderos – CABA)

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