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Directivos con esperanza y resiliencia

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“Esta pandemia mundial nos regala una oportunidad de oro para atesorar. Un nuevo amanecer para el fascinante universo de la educación”. Escribe José Marino Gallego, un profesor de Colombia premiado rector del colegio La Consolata, que enseña sobre el futuro de los aprendizajes cooperativos, “para pasar de una escuela plana, a una inteligente”.

 

Sería un total desperdicio pedagógico una vez pasada la crisis sanitaria, volver a los antiguos modelos escolares para seguir replicando un sistema educativo que cada día era más anacrónico, y “quedado” en relación con los cambios vertiginosos que venía experimentando nuestra sociedad.

Si algo logró este nuevo sentir y vivir mundial de confinamiento, fue poner a todos los actores del sistema educativo en un modo profundo de reflexión, confrontación, diálogo, creatividad, y resiliencia para repensar, entre todos, nuevos caminos. Aquí, ofrezco algunas pistas.

Directivos y rectores de la pos pandemia

Era un secreto a gritos que antes de la crisis sanitaria, la salud emocional de nuestros niños y jóvenes estaba en absolutos “cuidados intensivos”.

Por eso, el desafío inmenso para el “rector de la pospandemia” es ser un generador del ambiente emocional de la escuela en su reapertura y presencialidad. Su primera acción será la de acompañar, apoyar y fortalecer esta dimensión en su comunidad. Ayudarla a volver a creer en la cercanía, en las prácticas restaurativas, en una convivencia basada en el autocuidado y cuidado del otro, en el manejo positivo de las emociones, en la satisfacción de las necesidades básicas del espíritu y del corazón. No debe centrar su gestión única y exclusivamente en las dimensiones financieras y académicas, tan necesarias e importantes, sin antes garantizar un entorno de vida y amor que fortalezcan el ser interior de sus estudiantes, maestros y colaboradores.

Ser gestor de la ética del cuidado para una comunidad eco sostenible

Así como el contexto prepandemia marcaba una preocupante realidad emocional en medio de nuestras comunidades académicas, no menos importante y preocupante era la realidad ambiental y ecológica del mundo que nos rodeaba. Todos los indicadores, lo muestran en crisis ambiental, signado por las preocupaciones en torno a los recursos no renovables, y por encontrar energías limpias, modos de subsistencia ante las crisis alimentarias, y condiciones de salubridad.

Pero, en el escenario concreto de la escuela, nos damos cuenta de que no eran tanto los macrosistemas ecológicos los que estaban únicamente en crisis. Nuestras comunidades académicas ya reflejaban entre sus miembros, indicadores alarmantes de una ausencia de salud integral estable. Muchos estudios lo reafirman: los maestros están entre los profesionales que más ausentismo laboral presentan por sus dolencias físicas, estrés y descompensación psicológica. Tenemos un alarmante índice de estudiantes mal nutridos, sedentarios, alterados en sus rutinas de sueño, con preocupantes índices de fatiga ocular y auditiva y atrofia muscular por las eternas horas en torno a los dispositivos digitales.

Esta pandemia nos enseñó profundamente el valor de la vida

El Papa Francisco en su encíclica Laudato Sí, llama a todo educador a ser un “ecólogo integral”. Durante muchos años, en la gran mayoría de instituciones educativas los proyectos educativos ambientales quedaron como un saludo a la bandera o como una cantidad de actividades inconexas que se desarrollaban en jornadas culturales o días del medioambiente.

 Pero, en este contexto el rector debe “atesorar” con el apoyo de todo su equipo, la gran sensibilidad ecológica y de cuidado, con la que regresa toda su comunidad académica a la presencialidad.

Continuar acompañando y formando al maestro

La soledad del maestro del siglo XXI es evidente. Y en la gran mayoría de países ser maestro es una profesión de segunda o tercera categoría. Pero lo que sí quedó absolutamente demostrado es que, acompañando a los profesionales de la salud en las clínicas y hospitales, los “otros héroes” de nuestra sociedad en medio de la pandemia fueron nuestros MAESTROS. Así, con palabras mayúsculas.

Un héroe total en medio de esta pandemia

Una vez confinados, acuartelados en sus viviendas, y sin tiempo de asimilar la nueva realidad, nuestros maestros pasaron de ser los planeadores y ejecutores de la presencialidad a ser los “protagonistas y guerreros de tiempo completo” de la virtualidad. Fue algo asombroso y maravilloso ver esa capacidad de aprendizaje, de resiliencia, de inventiva y creatividad. Sin importar el estrato social, la edad, su disciplina académica, su medio o nivel, de la noche a la mañana se volvieron youtubers, booktubers, influenciadores académicos, expertos en Zoom, Teams, o Google meet.

Por eso ahora, que regrese de nuevo a la escuela para llenar con su amor, pasión, y entrega, los pasillos, las aulas, y espacios pedagógicos. Entonces su rector debe luchar para abrazarlo, sostenerlo emocionalmente, y gestionar todos los recursos necesarios para “dignificar” su labor.  Al fin y al cabo, la grandeza de una institución educativa está en la grandeza de sus maestros.

A modo de conclusión

No sabemos a ciencia cierta cuándo se decretará a nivel mundial el final oficial de esta pandemia. Lo que sí sabemos es que la escuela, como institución social para la vida, seguirá siendo imprescindible. Y debe ser, de una vez por todas, la de la vida feliz, plena y abundante que hace más de dos mil años el maestro Jesús vino a predicar.

 

Fuente: José Marino Gallego Ramírez/ rutamaestra.santillana.com.co Fundador y rector del colegio La Consolata Bilingüe de Manizales. Doctor en Filosofía y Pastoral de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma. Licenciado en Filosofía y Letras.

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