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Y yo ¿qué soy?

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Fernando de Haro

Periodista radial de la cadena COPE de España. Profesor universitario. Padre de cuatro hijos. También es miembro del movimiento Comunión y Liberación.

“La pregunta es acuciante, cultural, antropológica… y está en la calle” señala el periodista y educador español, Fernando de Haro, quien conversó con padres, profesores, y maestros de América Latina. Con gran agudeza invita a mirar cómo “los temas de identidad – sexual o política – marcan este momento”, y “llegan al aula”. Entonces planteó “intentar comprender las circunstancias que vivimos, y ver, si la fe cristiana, es capaz de responder a este interrogante”.

 

“La batalla… ¿hay que darla por perdida?” preguntó una profesora desde Santiago de Chile. El diálogo virtual con el educador y periodista, Fernando de Haro, lo remitió a un suceso reciente, contó que, durante el recreo de un colegio católico de España, hubo un conflicto de identidad; algunos chicos habían sacado una bandera para gritarles a todos que ellos eran LGTB: “Bueno – dije yo – ya habéis puesto vuestra bandera y ahora qué”.  

Para este educador “el tema de la identidad puede convertirse en una trampa si no se provoca a un camino de experiencia en el que el yo se descubra a sí mismo, como infinito”.

 Su testimonio llama la atención. Porque la historia de Fernando de Haro está impregnada por el encuentro que tuvo cuando era joven con el fundador de Comunión y Liberación. A él le resulta especialmente actual lo que dice el sacerdote Luigi Giussani en su libro “El sentido religioso “en donde afirma que la personalidad de un hombre adquiere consistencia y densidad cuando encuentra un significado”.

Es un recorrido que invita a ver cómo en cada persona y su búsqueda de identidad, “hay algo más”. Por eso expresa que “La gran tarea como educadores, es acompañar la pregunta que muchos llevamos encima: Yo ¿quién soy? ¿soy nada? ¿soy algo? ¿o soy algo más que lo que quiero en cada momento?”

El periodista cuenta que la cuestión de la identidad puede replantearse en cada instante.  Recuerda cuando visitó a una persona amiga que todavía pasa por esta profunda crisis en el Reino Unido; “entonces estaba sentado en Cambridge, ciudad universitaria, medieval; y mirando el río veía pasar delante de mí una especie de zoológico humano; asiáticos con acento británico, británicos que quieren ser latinos, amantes y personas con distintas heridas que tal vez dieran la razón a lo que leía en esa circunstancia… Mi libro se refería a uno de los más grandes sociólogos del siglo 20, Erving Goffman, llamado también padre de la microsociología, afirma que el yo no existe, y que nosotros somos lo que decidimos ser cada uno en cada momento… Entonces pensé: estamos como en un laberinto”.

Sin embargo, ante los oyentes de México, y de tantos países de Sudamérica, Fernando de Haro manifestó que “más que discutir sobre etiquetas o hegemonías perdidas, es mucho más interesante lo que podemos aportar en este momento: una educación que abra continuamente a la experiencia del misterio del yo”. Y lo expresó así:

“Tanto para padres, como maestros o profesores la diferencia está entre aparecer en medio del mundo defendiendo una posición hegemónica; o, simplemente abriendo un proceso, como quien ama realmente. Y en el caso de la educación católica; o se afirma en una posición que tiene que mantener una cierta bandera moral, o re abre continuamente la partida de mi yo, que puede ser un paisaje, un dolor, una relación y seguir …. contándonos esto”. 

La diferencia está entre aparecer en medio del mundo defendiendo una posición hegemónica; o, simplemente abriendo un proceso, como quien ama realmente

“Si uno les dice a los alumnos: ¿y ahora? entre tu y yo ¿hay un misterio que va más allá del rol profesional que tengamos? Me parece esta dinámica es apasionante.”

Cuando la identidad se cierra nocionalmente

“En este tiempo difícil en el que todo el mundo está buscando una identidad, pienso que la identidad se cosifica, se cierra nocionalmente, sobre todo cuando se busca una definición perfecta; soy católico o de izquierda, o soy tal o cual…  entonces, el yo desaparece ¿por qué?

 A mí me interesa re descubrir el misterio de mi propio yo permanentemente.  Porque el yo no es algo que esté hecho de una vez para siempre… uno se está recibiendo a sí mismo todo el día, continuamente. Y en este ser hecho, uno va asombrándose del misterio que es; que no bastan ciertas cosas, o que, ante una belleza o amistad, uno vibra. Es una aventura permanente que te puede asaltar con un poema, un dolor, o una relación.

 Cuando decimos que el yo es misterio, estamos en la aventura. El yo es como un manantial que está surgiendo y personalmente creo, que éste es el tesoro de la relación con los otros.

Si digo soy católico, o consagrado nos cerramos y consentimos una definición que ahorra la aventura, la posibilidad de la riqueza del misterio. Entonces se puede decir: Ok, la bandera es tuya, pero ¿y qué? ¿qué más eres?

A nosotros no nos define el estado de vida, nos define el bautismo. Y es en la historia y en las circunstancias donde se desvela la presencia de ser bautizado.

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