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Compañera y amiga

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El Consudec despide a María Inés Rubí, su vicepresidente desde 2015. Una mujer leal, sensible y trabajadora; que miraba más allá, en la dignidad de cada persona, niño, o adolescente, el destino que porta la experiencia de educar.

“Lo primero que viene a la mente son las flores hermosas que ella misma compraba y acomodaba en la recepción del Consudec”. Así era María Inés; quienes compartían sus jornadas de trabajo, señalan que ella “estaba atenta a los pequeños y grandes detalles, que hacen al conocimiento y bienestar de cada uno”.

En la cotidianeidad se descubría “su capacidad para diversificarse en distintos temas, delegando tareas, y manteniéndose pendiente de su evolución y realización”. Se veía que la suya era “una disponibilidad sencilla; que escuchaba e intercambiaba ideas, ponderaba los aspectos de una situación y seleccionaba lo pertinente para alcanzar cada meta propuesta”.

 Además, ella será recordada por cómo “se tomaba el tiempo para manifestar su cercanía y acompañar momentos personales difíciles con una actitud delicada y afectuosa. Vamos a extrañarla, aunque siempre estará presente en el corazón”.

Antes de asumir su función como vicepresidente del Consudec, María Inés Rubí, era reconocida por su trabajo como psicopedagoga y profesora de nivel superior de la Universidad de El Salvador.  Fue directora de la Licenciatura en Psicopedagogía de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica de La Plata; y luego, secretaria académica de esa Facultad.

Desde este espacio coordinó y dio comienzo a su participación en las Jornadas Trasandinas de Aprendizaje. María Inés fue anfitriona de este evento en el 2014 en la UCALP, que recibió educadores de Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay, Perú y Argentina. En los años siguientes, ya como vice presidenta del Consejo Superior de Educación Católica, siguió participando; porque para ella, este encuentro creaba instancias “de amistad, conocimiento mutuo, y pacificación entre los pueblos, para mejorar la calidad de vida de niños, adolescentes y comunidades de los países del Cono Sur”.

Como vicepresidente del Consudec, María Inés participó de las reuniones de la comisión directiva, colaboraba con equipos de formación de institutos superiores, y también en la organización de la relación pedagógica con las editoriales. Su diálogo con diversas instituciones educativas, era permanente. Además, dirigía esta revista.

Su presencia en el último congreso de la Organización Internacional de Educación Católica

El Consudec a través de su vicepresidente, María Inés Rubí representó a la Educación Católica de Argentina en el último congreso de la OIEC en Nueva York. Muchos fueron los temas que se debatieron en este escenario mundial y que convocó a autoridades de todas las escuelas católicas en el mundo. La agenda abarcó un abanico de temas; cómo promover una cultura de diálogo y paz, cómo fomentar la identidad cristiana, o garantizar que las escuelas sean inclusivas, ambientes que protejan a los niños de todas las formas de abuso. En este evento, la representante africana Augusta Muthigani fue elegida presidenta del OIEC y María Inés quedó impactada por sus palabras: “La educación católica ¿puede salvar al mundo? Sí, si tenemos fe. Si creemos en Cristo y sus promesas. También si tenemos amor”, dijo esta educadora. Como vicepresidenta del CONSUDEC compartía con ella que, muchas veces “la realidad que tenemos en las escuelas puede atemorizarnos y nos refugiamos en el no estoy preparado, antes de enfrentarlas”.

 En las fotos aparece acompañada por el cardenal Monseñor Vincenzo Zanni secretario de la congregación para la Educación Católica de la Santa Sede y Óscar Perez Sayago secretario de la CIEC representantes de otros países de América.

Ser protagonistas de la historia

En 2016, como vicepresidente del CONSUDEC intervino en el espacio educativo del último Congreso Eucarístico de Tucumán; año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia: “queda claro que somos nosotros los actores responsables de darle continuidad a esta libertad y de proyectarla por los próximos cien años – expresó entonces – Por eso, nos tiene que retumbar esta pregunta: ¿cuál es nuestra gran empresa como padres, como docentes? ¿Tenemos alguna?”.

María Inés solía decir que, ante todo, era abuela, y una de las cosas que más la enternecían: “es ver a mi hijo mirando a sus propios hijos”. Así habló desde Tucumán, en una conferencia que tituló: “La ternura de Dios se manifiesta en una educación humanizada”. Partiendo de la cita evangélica: Si no os hacéis como niños, no entrarás en el Reino de los Cielos, preguntó: “¿Qué tienen los niños que yo debo adquirir, desarrollar, recuperar para entrar en el reino?  Porque, dos certezas tenemos en la vida: una, que nos vamos a morir. La otra, que somos “hijos de…”

María Inés recordaba que: “La confianza es la condición indispensable de toda intervención educativa. Una confianza básica es un sí a la vida, un sí a la realidad. Todo se muestra tal cual es… y me conmueve, me obliga a salir de mis esquemas. Para esto tenemos que centrarnos en el otro, sin atrincherarnos en lo que nos da seguridad y aceptar el desafío de buscar lo inesperado.”

En las Jornadas para Institutos Superiores de Formación Docente

Como vicepresidente del Consudec, María Inés Rubí participó y organizó los encuentros que llevaron como título: “Docentes con rostro humano” (en el Instituto Superior María Inmaculada de la ciudad cordobesa de Río Cuarto). Y el siguiente fue “Aquí estoy: Misión, Vocación Compromiso” (en la UCA – Santa Fe). Entonces señalaba la importancia de estas capacitaciones, que “son una oportunidad más de exponernos a la confrontación y proponernos como una opción de calidad, para la educación argentina en el seguimiento de Jesús Maestro”.

 

“Educar, una pasión por lo humano” fue uno de los lemas que más la entusiasmó de otras jornadas como las de nivel inicial y primaria.

 

 María Inés Rubí tenía amigos y ex alumnos que la contactaban también por su trabajo en la Fundación Arché, creada por un grupo de profesionales liderados por el psicólogo Alberto Fariña Videla. El la reconoció como “una de las fundadoras de esta casa, hermana en la vida, la Fe y la Misión”. Con el tiempo, este espacio fue ampliando su accionar hacia otros aspectos de la cultura y de la integración comunitaria. 

Grandes temas en algunas entrevistas

La familia y la formación integral

“Es muy importante distinguir la formación integral, de la capacitación en saberes específicos, conocimientos y competencias profesionales. Porque cuando uno trabaja en estos ámbitos ve cómo la familia está acompañando a un niño desde el desarrollo de una actitud y de un compromiso que va más allá de los saberes. Este punto es fundamental.

Uno ve familias humildes con poco desarrollo de conocimientos pero que tienen un gran respeto por los otros, y, paralelamente, en niveles social y económicamente altos, muchas veces la familia no acompaña a los chicos, tienen una distorsión de los valores y de lo que hace al comportamiento ético de las personas en pro de un exitismo, o de un poder adquisitivo mayor. Por todo esto, los docentes tienen que mantener la llama inicial, y, un sentido trascendente de su accionar; esto es lo que va a permitir muchas veces rectificar falencias que los chicos en sus lugares de procedencia no tienen”

Una mirada a la educación inclusiva

“Tengo una mirada bastante crítica con respecto a la integración o la inclusión, porque creo que, si no la trabajamos en serio o en profundidad, es una estafa. Es como tener la “integración” para que socialicen, pero sin el desarrollo de todo lo que podrían alcanzar los chicos como personas. Hay una pedagoga italiana que dice que “la educación es la búsqueda de lo inesperado”. Así tiene que ser el docente con todos sus alumnos; valorar lo que cada uno de ellos aporta, lo inesperado, y darles la posibilidad de una formación real como personas, en relación con los demás. Pero, no forzar las cosas o decir que se está haciendo una integración cuando la persona realmente al terminar su tránsito en la escuela no se le puede dar un certificado de estudios porque no ha alcanzado las competencias o los conocimientos básicos. No creo que haya que darles el mismo certificado, sin embargo, ellos merecen que se acredite aquello que les va a permitir vivir como adultos dignamente, en una sociedad en las que todos somos diferentes; cada uno con sus particularidades, pero sin rebajar ni manipular las cosas tratando de establecer algo común, parejo para todos, cuando no es así. Hay que abrazar y amar las diferencias, potenciar lo que cada uno en su lugar pueda dar”.

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