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Una aldea educativa en el oeste del gran Buenos Aires

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Jóvenes que tienen en común la vida pastoral generada en colegios parroquiales de la diócesis de Morón ofrecen cenas a personas de la calle, o, que viven en las cercanías de la estación de Haedo. Esta trabajo solidario se reinventa con la pandemia, y testimonia una clave misionera de la evangelización en tantas escuelas.

“Servimos la cena con Dios de por medio” expresa Rosario Benavente, ex alumna del Colegio San Carlos Borromeo de Haedo quien relata que durante un año salía con un grupo de jóvenes a dar cenas a personas y familias en situación de vulnerabilidad que viven en los alrededores de la estación del ferrocarril Haedo. “Todo comenzó al principio siendo una iniciativa muy sencilla, – dijo- cada voluntario cocinaba en su casa un kilo de arroz, y llegábamos a reunir como diez kilos… hasta que algunos comenzaron a llevar fruta y jugos también”.

Tiempo después Rosario pasó “de dar cenas en la estación a brindar cenas en la Casa de Nazareth”, un comedor o espacio multiuso de la Parroquia Sagrada Familia de Haedo, que queda a pocas cuadras. Allí se encuentra el padre Mariano del Río, referente de Pascua Joven, quien colaboró con esta “mudanza” y apoyó el trabajo de estos primeros voluntarios.

 Así comenzó a proyectarse un lugar atendido por jóvenes, también por religiosas y otros vecinos colaboradores que reciben habitantes muy pobres de la zona y que ahora, en tiempo de pandemia, se les brinda la comida en forma de viandas, junto con barbijos, y alcohol en gel.  El párroco señalaba que antes de la crisis sanitaria, “teníamos un montón de proyectos, pero ahora nuestro proyecto, es ayudar a quien más lo necesita…”

Rosario Benavente, está estudiando en el profesorado de educación inicial en el Instituto Padre Elizalde de Ciudadela, y asiste los martes y viernes a la Casa de Nazareth. La mayoría de los jóvenes que colaboran como ella vienen de los colegios parroquiales diocesanos; “de la pastoral del Instituto Adveniat, que linda con la Parroquia Sagrada Familia de Haedo, de la pastoral del Sagrado Corazón de Hurlingham, y del San Carlos Borromeo” dice Rosario. Y comenta: “somos chicos que acudimos a servir estas cenas con Dios de por medio”.

A continuación, describe una realidad muy conocida en tantas comunidades; familias que vienen de lejos y aumento en la asistencia de personas muy humildes a estos comedores. Recuerda que las cenas ofrecidas en la estación de Haedo alcanzaba para una ochenta a cien personas, pero ahora, en la Casa de Nazareth ese número aumentó. “Son como cuatrocientas personas contando a los niños, y el número de voluntarios también creció”.

Señala también que “con los jóvenes rezamos mucho porque necesitamos animarnos a recibir a la gente como lo hace una verdadera familia, o como cuando nosotros recibimos a nuestros familiares en la propia casa. Vemos gente de Haedo que la está pasando mal…  y dicen: O cierro mi local o no le doy de comer a mi familia, entonces, piden comida a la Casa de Nazareth. Nosotros los acogemos y ayudamos con la misma alegría que recibimos a la gente en las cenas. Les preguntamos como están, no dejamos de sentir empatía por esa persona que viene a pedir y a la que le están pasando un montón de cosas. Tratamos de hacerlo sentir escuchado…”

Rosario describe que en la localidad bonaerense de Haedo hay mucha gente solidaria que empezó – antes de la cuarentena – a sumarse a este proyecto que fue creciendo, y que había empezado a abrir talleres gratuitos para la comunidad. “Por la mañana funciona Caritas, para entregar a las familias alimentos y ropas. Por la tarde hay un taller de ludoteca para niños, también se brindaba apoyo escolar, y yoga para adultos” comentó.

Con el confinamiento, la Casa Nazareth nunca suspendió el servicio de las cenas. Por precaución van sólo los jóvenes a servir y a preparar las viandas, que la gente retira y se va.

“Al principio nos sentíamos medio tristes porque no se podía entablar el mismo vínculo con estas personas, ya que durante las cenas podíamos salir afuera a charlar un rato con ellos, con un mate cocido como excusa. Creíamos que todo se había perdido, pero, aun así, podemos hablar un rato como hacen todas las familias.

Es lo lindo de esta cuarentena, recibir a mujeres, hombres y niños como si fueran tu propia familia. Después de tanto tiempo, la mayoría nos conocemos de cara, entonces los muchachos te preguntaban: ¿cómo te fue en tal o cual examen…? uno podía dialogar de esta manera con ellos, saber si les había ido bien ese día…  y se armaban conversaciones, como amistad”.

Unidos por la vida pastoral

Implementar esta organización para cuidar a la gente de posibles contagios hizo que muchos jóvenes tomaran la posta en este voluntariado del que también participaba gente mayor. El Padre Mariano lo explica: “es tiempo de trabajar en equipo. Ahora somos poquitos para cuidar las normas de seguridad”.

¿De dónde proceden estos jóvenes? Cuál es la raíz de su testimonio que le hizo decir a uno de los cocineros “quisiera abrazar a todos los que vienen, pero ahora (por la pandemia) no se puede… Y estas personas – en medio de su pobreza – son fuertes, y tienen mucha fe. Su esperanza nos hace estar acá, para cocinarles a ellos”

Rosario Benavente explica que lo que tienen en común con los voluntarios que asisten a la Casa de Nazareth es la vida pastoral: “ella nos une en el servicio por más que pertenezcamos a lugares distintos; cada una también, encara a sus comunidades de forma diferente. A todos desde un punto de vista u otro nos llama a servir, es bueno resaltarlo. Por eso, muchas veces a lo largo de la mañana y cuando estamos trabajando ponemos música…disfrutamos la comunidad”.

  • El colegio Adveniat comenzó a funcionar en la década del sesenta. Está ubicado en una zona céntrica de Haedo y tiene alrededor de mil alumnos. Es una escuela abierta que vincula sus proyectos curriculares con la realidad de ciudadanía global como plantea la educación de este cambio de época. En su página web refleja también que forma a los jóvenes en tareas solidarias, particularmente, en la atención de comunidades necesitadas y comedores.
  • El colegio Sagrado Corazón de Hurlingham plantea en su ideario una reflexión del Papa Francisco: “Todo estudiante debe aprender a pensar y hacer lo que siente, a hacer y sentir lo que piensa; y a pensar y sentir lo que hace”. Es una escuela que se presenta a la comunidad como un lugar de encuentro con Jesús. Como lugar “que dialoga con el mundo a partir de la fe, que forma hombres y mujeres que trabajen para un mundo más justo y respete la dignidad de la vida humana y el medio en el que se desarrolla”.
  • El Colegio San Carlos Borromeo cuenta con varios proyectos pastorales. Este año organizó con varias personas la campaña del Día del Niño, para colaborar en el barrio donde se encuentra el Centro Comunitario Cristo Rey. La presentación de este establecimiento educativo habla por sí misma: “En la educación tenemos la posibilidad de transformar el mundo en un lugar más hermoso, justo y en el cual todos se encuentren incluidos, reconociendo que la espiritualidad de comunión, es el punto donde se puede educar al hombre”.

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