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Desde el corazón del mundo

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Darlete Oliveira es la directora pedagógica de la escuela agrícola “Reina de los Apóstoles” ubicada a cuarenta kilómetros de Manaos, capital del Amazonas. A un año del Sínodo de Roma, ella agradece al Papa por su mirada sobre esta gran región. “No es sólo nuestra – dijo – y necesita ser valorada, porque tiene vida en abundancia”.

   “Querida Amazonia” la exhortación que escribió el santo padre como conclusión del gran encuentro “eclesial, cívico y ecológico” de octubre del 2019, fue abordado por educadores y amigos de distintos países a través de un foro virtual.

Pero, “¿de qué se trata esta experiencia sinodal que viene haciendo la Iglesia?” preguntó el presidente de la Comisión Episcopal de la Pastoral Aborigen en Argentina, monseñor Ángel Macín. “La palabra sinodalidad puede parecer muy antigua o una experiencia lejana. Sin embargo, es una de las modalidades que tiene la iglesia para expresar la comunión. Su traducción griega es, caminar juntos; pero, también la expresión tiene un segundo sentido, que no quisiera descuidar. En algunos textos significa pasar juntos un umbral o una puerta, y a mi entender en esto, hay una relación con el discernimiento, con ver y elegir juntos, los caminos a seguir”.

Y señaló: “es evidente que cuando hablamos del Sínodo de la Amazonía no podemos referirnos a una cuestión estática, sino a algo dinámico, con movimiento, como la misma geografía y el paisaje amazónico”.

De esta manera, el obispo introdujo un espacio que contó con la participación de varios testimonios. Entre ellos, monseñor Giuliano Frigeni, obispo de la ciudad amazónica de Parintins, quien, con tantos años de misión en los alrededores, contó que durante el Sínodo se quedó mirando al Papa Francisco y le preguntó: “¿cómo tiene usted tanta atención, y escribe lo que nosotros decimos de la mañana a la noche? Él le contestó: “Aquí hay vida. Por esto, yo quedo atento y contento”.  

Además de los obispos, habló Stefanía Falasca, periodista italiana del Vaticano, co autora del libro “Frontera Amazonia”, en su viaje por la región. Y la Licenciada en Teología Moral, y profesora de la Universidad Católica de Buenos Aires, Silvina Astigueta que explicó el significado de amazonizarse, “un término exagerado”, dijo ella misma, para una mayor comprensión del camino “hacia la conversión ecológica integral que podemos llevar adelante”.

La educación en el corazón del Amazonas

La región panamazónica está formada por nueve países, (Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, Surinam, Guayana y Guayana Francesa); y es muy importante como fuente de oxígeno, y reserva de la mayor biodiversidad del planeta; cuenta con una población de 34 millones de habitantes, de los cuales más de tres millones son indígenas de distintos grupos étnicos, pueblos y culturas, afrodescendientes, campesinos, y colonos que viven en una relación vital, con la vegetación y con los ríos.

Darlete Oliveira, es Pedagoga y Directora de la Escuela Agrícola Reina de los Apóstoles, que prepara a sus alumnos para ser técnicos en agricultura con especialidad en zootecnia. En el encuentro compartió sus experiencias.

“Nosotros vivimos en un pequeño pedazo de esta gran Amazonia, y nuestra escuela está ubicada a la vera de la ruta 174, a unos 40 kilómetros de la ciudad de Manaos. Empezó sus actividades en 1974, con el objetivo de atender jóvenes hijos de pequeños agricultores de varias etnias y localidades de la región, con régimen de internado. Hoy la escuela recibe jóvenes no sólo para el curso técnico agrícola, sino que cuenta también con educación de nivel primario. Está en el medio de la gran selva, porque muchos de nuestros alumnos viven allí y reciben de ella su subsistencia”, señala la directora.

Luego describe: “La experiencia que hacemos cuando recibimos estos alumnos adolescentes y jóvenes es de una gran gratitud, sobre todo, porque con ellos, también aprendemos mucho. Ellos traen un legado de conocimientos adquiridos en su realidad y no es fácil enfrentarse siempre con esta diferencia.  Sin embargo, aprendemos a respetar sus conocimientos y de apoco le vamos mostrando aquella realidad con la que se van a encontrar, durante los tres años que cursan en el establecimiento. Ellos vienen con el objetivo de aprender nuevas técnicas de cultivo para después llevarlas a sus responsables y a sus comunidades.

Para entenderlo mejor, les cuento dos historias. Comienzo con un joven indígena llamado “Joírto” que proviene de una tribu, cuyo nombre en español significa: “pueblo que habla”.  Vino a Manaos a través de su hermano que se graduó como técnico en agricultura en la escuela. Su familia está constituida por cinco personas, su madre y su padre, dos hermanos y él. En este momento, sus padres están solos.  Su hermano vino a Manaos, estudió, formó una familia y se quedó viviendo allí. Su hermana es funcionaria pública en Parintins, otro municipio de Amazonas. Joírto estudiaba por la mañana, y por la tarde ayudaba a sus padres y salía a pescar en el río con la canoa, que es un transporte muy utilizado por ellos. El viaje desde su casa hasta el municipio más cercano, demora un día en el transporte pluvial navegación, después, para llegar a Manaos, se necesitan dos días más.  Esto sucede cuando el río está bajo, pero cuando crece se demora mucho más tiempo en llegar hasta la escuela. Al principio, cuando no podía quedarse internado se fue a vivir cerca, a un lugar que le consiguió su hermano, y entonces venía solo para cursar la primaria. En 2016 entró a la secundaria con 14 años y en 2019, comenzó el tan soñado curso técnico enfrentando todas las dificultades de la adaptación. En los trabajos prácticos era muy bueno porque ya hacía esto en su comunidad. Pero al toparse con las normas de la escuela, los horarios, y principalmente con el hecho de que tenía que estudiar mucho, y también por extrañar a su familia, estaba desmotivado. Al poco tiempo, Joírto se fue adaptando, aprendiendo mejor la lengua portuguesa, conoció amigos y los momentos que estábamos juntos fueron muy oportunos para que él pudiera contar su historia. El comprende lo importante que es terminar el curso en 2021. No ha perdido su modo de ser, siempre callado como la mayoría de los indígenas.

¡Cómo será la selva que aprendió a sacar de ella su medio de vida para él y para su familia!  Pero, además, con la práctica que ya tenía, y con las nuevas técnicas que fue aprendiendo empezó a percibir la importancia de estar en este lugar. Cuando cuenta su historia, cuando cuida a los animales, o prepara la siembra, empieza a sentir la responsabilidad de aquello que un día podrá llegar a ser su trabajo en la comunidad. Su gran deseo es volver allí formado como técnico. Al viajar durante cuatro días para llegar hasta acá, empezó a percibir las diferencias con su realidad, una realidad tan distinta como la de los habitantes de la orilla que viven en casas flotantes en medio del río.

  Joírto y muchos otros como él salieron de esta inmensidad de la selva. Podemos decir que Dios es Padre que lo puso a él en nuestro camino, y nos puso a nosotros en su camino. Podemos decir que vivimos esta vida que no es fácil, pero es bonita y llena de experiencias.

Del mismo modo, recibimos a Carlos Daniel, que nació en el estado de Nubaina, y que a los cinco años se fue a vivir con sus abuelos, porque su madre no podía cuidar de él. Sus abuelos estaban en un área rural, cerca de la ruta 174, por eso el niño pasó toda su infancia cerca de una comunidad llamada “Nueva Jerusalén”. Además de los juegos y las travesuras, él recuerda mucho a sus abuelos que siempre le transmitieron valores importantes como la honestidad, la humildad, y la amistad. Después de completar la primaria con buenos resultados, terminó la escuela secundaria, y el curso técnico en agropecuario entre 2016 -2018.

El lugar donde vive Carlos con sus abuelos no tienen luz eléctrica, y está en medio de la selva rodeado de ríos donde aprendió a pescar, y labrar la huerta. Sus abuelos son productores rurales y realizan esta actividad para poder sobrevivir.  Estos cambios le costaron bastante a Carlos, la escuela era más grande, había horarios y reglas, que lo volvieron más autónomo y responsable. No era un alumno que se comportaba bien, pero durante los tres años que pasó por aquí aprendió la importancia del estudio y tenía una gran capacidad de aprendizaje. También, a pesar de ser poco espontáneo, se hizo muchos amigos. Al final del curso, no sólo se recibió como agro técnico, sino que logró aprobar el ingreso en ingeniería pesquera de la Universidad Federal del Amazonas y donde muchas familias gastan fortunas para poder pagar profesores particulares y obtener buenos resultados. El solamente estudió y tomó en serio sus objetivos. Hoy consigue su camino estudiando, para recibirse y mejorar la situación de sus abuelos y de su pequeña comunidad.

Para nosotros recibir a estos chicos de distintas culturas, nos convierte en padres repetidas veces; porque conocemos las dificultades que ellos enfrentan, y las necesidades que tienen de tener a alguien cerca, y de poder lidiar con la escuela que en general no es fácil.

Pero Dios es tan bueno que nos permite tener una mirada sobre la vida, cuya importancia a veces, ni siquiera yo puedo darme cuenta. Sin embargo, percibo que estoy llamada cada día a dedicarme cada vez más, porque este pedazo de vida que vivimos, en sólo un pedacito de Amazonia. Y no es solo nuestra, forma parte de un mundo que no conocemos, y que necesita ser valorado porque tiene vida en abundancia, con personas como ustedes, llenas de deseos.

Termino agradeciendo al Papa por la mirada que tuvo sobre la Amazonia y sobre la vida que hay en ella, y lo que nos aporta; la grandeza de un Dios, que nos ama para siempre.

Sus habitantes no lo llaman pulmón, sino corazón del mundo

Stefanía Falasca, es periodista del Vaticano y participó también de este foro. Dijo que al visitar la escuela “Reina de los Apóstoles” durante una gira papal, comprendió “la exigencia de buscar el progreso poniendo atención a los aspectos éticos, sociales y educativos” como la ecología integral que desarrolla esta institución. También relató sus experiencias a partir del libro “La frontera amazónica. Viaje al corazón de la tierra herida” del que es co autora.

Ella arribó a Puerto Maldonado (en la frontera entre Perú y Brasil) acompañando al Papa Francisco entre diciembre de 2018 y enero 2019. “El me abrió los ojos sobre esta realidad que señaló a través de la encíclica Laudato Si. Y, eligiendo Amazonía, no solo puso el dedo sobre la llaga que está al descubierto, sino que mostró cuanto está en juego en nuestra tierra, la misión de la Iglesia y la vida de todos” afirmó la corresponsal.

“Lo primero que entendí yendo ahí es que el cuidado del ambiente es una dimensión de la fe que nos interpela a todos como cristianos. La Laudato Si no es una encíclica verde, sino que es una encíclica social que se basa en la custodia de lo creado.

Mirar a lo que sucede en lo creado no es solo una cuestión de fidelidad a Dios, también nos ofrece la posibilidad de defensa de la vida humana, no sólo en Amazonas, sino en todos los lugares, porque la vida no puede ser sometida a otros dictados de la condición humana.

Esto lo entendí ahí. Sobre todo, cuando el Papa no quiso entrar a Perú por la capital, sino por un pequeño pueblo, Puerto Maldonado, ubicado en el límite del Perú. Todos los que íbamos con él, quedamos muy sorprendidos. En esta circunstancia lo vi hablar en la lengua local con indígenas, y en el estadio donde se juntó mucha gente, dijo: “¡cómo todavía no se puede entender que la defensa de la madre tierra no tiene otra finalidad que la defensa de la vida en cuanto tal, en todos sus aspectos!”

Cuando salimos de la cancha había unos carteles en la calle que el papa indicó: “No a la trata de personas, No a la trata de mujeres”.  No había entendido nada hasta que a la noche me encontré con mi compañera Lucía que se encontraba en esa localidad, desde hacía varios días. “Estoy sobre los rastros de una niña muy joven, una muchachita que fue traída acá como esclava” me dijo. En la plaza central del pueblo hay bares que son visitados por los mineros que trabajan y extraen oro y minerales, de las minas de los alrededores. El Papa había elegido este lugar para dar a entender que todo está conectado. La extracción violenta del oro que provoca una destrucción ambiental, también destruye a las personas, es una explotación desconsiderada de los recursos, donde predomina la cultura del descarte y se vuelve un lugar- basurero.

Nos dimos cuenta que en Puerto Maldonado nace el río amazonas, es un punto muy emblemático, porque vemos que, desde la fuente, se quiere envenenar este río. Acá lo que está en juego es el futuro del planeta, pero también un cambio en el modo de mirar la realidad, a partir de la fe.  La Laudato Si tiene este propósito porque habla de una ecología integral, y también da respuesta a este lugar de destrucción, que es una persecución de la vida, por parte del Dios dinero.

Y con la nueva encíclica “Fratelli Tutti” el Papa toma de la ecología integral, una nueva concepción de nosotros – y de nosotros con la naturaleza-. No se trata de una política o economía renovada, sino de la más alta forma de la caridad.”

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