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Estar atentos y dejarse atrapar por la realidad

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“Fíjense en estos dos verbos” señalaba el hermano Oscar Azmitía, de la Congregación del La Salle, en un encuentro que difundió la Confederación Interamericana de Educación Católica, para “repensar la educación en tiempos de crisis”. El religioso acompañó este evento con el último informe de la UNESCO que observa cómo ha sido la respuesta educativa a la pandemia en 17 países de la región.

 

El Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLCE) utilizó su red de cooperación existente en 17 países para indagar cómo ha sido la respuesta educativa a la pandemia, con la esperanza de que las diferentes respuestas puedan ofrecer orientaciones a las comunidades.

En el momento de la encuesta, el principal problema sigue siendo la interrupción de clases presenciales; 15 de los 17 países participantes mantienen sus establecimientos educativos cerrados, la mayoría sin claridad con respecto a la fecha de retorno.

 Ante este panorama, las naciones continúan adoptando estrategias y dan continuidad a la educación con materiales en la web, el uso de medios masivos de comunicación para transmitir contenidos, la utilización de plataformas digitales de aprendizaje y el envío de material pedagógico a los hogares, entre las más frecuentes.

A través de esta encuesta se consultó también a los países sobre los mayores obstáculos para el éxito de las medidas implementadas. Su respuesta es clara:  la falta de infraestructura adecuada es uno de los principales problemas para la efectividad de las estrategias de aprendizaje. Le siguen la dificultad para apoyar a zonas remotas, la falta de preparación de estudiantes, familias y docentes para funcionar en la modalidad de educación a distancia y la falta de calidad del material disponible. Aquí son notorias las problemáticas regionales de la brecha digital y la poca adaptabilidad de los currículos.

Una educación que promueve la vida

El hermano Oscar Azmitía es autor de un libro que aporta reflexiones sobre la pandemia, tomando como punto de partida la realidad latinoamericana. La suya es “una apuesta por una educación liberadora que promueva la vida” dijo, en la presentación de este material, que se puede descargar desde la web.

Más de setecientos educadores de Latinoamérica lo escucharon comenzar su conferencia desde Guatemala, y afirmar que “una de las cosas que más admiramos de Juan Bautista de La Salle, es ver como estuvo atento y se dejó atrapar por la realidad que le tocó vivir”

“Fíjense estos dos verbos: estar atentos y dejarse atrapar por la realidad” remarcó Azmitía, quien contribuyó al proceso de paz en su país y conoce mucho la realidad del continente. Hoy invita a los a los educadores a reflexionar que “una pandemia no puede ocultar las otras pandemias”.  Y que: “el coronavirus va a pasar, pero aquí pueden morir más personas por el dengue, la corrupción, o la violencia”.

 “La pandemia de la corrupción ha matado en semanas muchos de nuestros derechos”, dijo, pero agregó que “la pandemia del racismo, es la de más larga duración”.

El hermano de La Salle se pregunta: ¿qué respuesta puede ofrecer la educación católica en América Latina? ¿cómo le afecta este panorama? Porque en algunos sitios “hay abandono escolar, y en otros, los colegios se comportan como empresas. Algunos atienden la emergencia remota de los estudiantes con clases virtuales desorganizadas, poco significativas, descontextualizadas o exageradas en cuanto al número de tareas y poco efectivas”, dijo.

La crisis como una gran oportunidad

“La pandemia global, representa una oportunidad única para que repensemos nuestro modo de hablar de la casa común y de relacionarnos”, planteó el hermano Oscar Azmitía. Y desarrolló esta reflexión:

Ojalá que esta crisis nos dé la posibilidad de resetear el sistema educativo. En nuestra congregación tenemos idearios perfectos que hablan de la formación para la autonomía, de derechos de la niñez, fraternidad, educación para la democracia, pero, hay una bruma enorme entre lo que decimos y hacemos.

Es necesario avanzar; cambiar nuestras estructuras mentales para pasar a un concepto más integral de los aprendizajes, y centrar todo el proceso educativo para la vida plena. La biopedagogía propone educar y promover la vida. La biopedagogía entiende que los procesos vitales y de aprendizaje son uno mismo.

“Educar no es solamente transmitir conceptos” decía el Papa Francisco, ésta sería una herencia de la ilustración que hay que superar; nos exige cambiar contenidos, y metodologías para que sean útiles, transformadoras, pertinentes a la realidad multicultural de cada país. Como dice Rodolfo Llinás, la escuela enseña la ubicación de los ríos, pero jamás enseña la importancia del agua. Somos un baúl repleto de contenidos, pero vacío de contexto. De ahí nuestra dificultad para aplicar el conocimiento en la realidad.

El sistema educativo debe aprender que la música es igual que álgebra, y promover procesos con calidez para la vida plena. No hay calidad sin calidez.

Y para un niño es fundamental aprender a ser feliz, optimista, innovador, y estar lleno de gratitud. Es necesario promover el aprendizaje autónomo, la creatividad, que es la imaginación aplicada, y la capacidad de encontrar soluciones nuevas a problemas de siempre. Como decía Eistein; “es la inteligencia divirtiéndose”.

También se necesita fomentar la solidaridad, Javier Gorostiaga, un jesuita que trabajó mucho en Latinoamérica decía que muchos centros educativos son exitosos, en sociedades fracasadas. Entonces, es necesario fomentar el sentido crítico, para saber mirar, leer, interpretar y transformar la realidad.

También nos conviene reformular las obras de misericordia. Dar de comer hoy significa organizar modelos de desarrollo que permitan a todos alimentarse. Dar de beber significa cuidar fuentes de agua y preservarlas de la contaminación irracional que provocan las empresas. Vestir al desnudo, hoy, significa garantizar que las maquinarias del mundo fabricantes de ropa ofrezcan salarios justos, y condiciones laborales dignas.

Los educadores católicos optamos por la esperanza, sin ingenuidad, que suma para que las cosas sean de otra manera. Los invito a revisar estos procesos, pienso que por lo menos podemos “dudar” de que lo que hacíamos, estaba bien. Se trata de poner pasión, gozo, y de trabajar sin estrés, ya que el verdadero fracaso escolar es que los niños, niñas y jóvenes no aprendan a vivir. 

Fuente: Oscar Azmitía es Doctor en Filosofía, Teología, Psicología y Pedagogía. Docente de nivel medio y fue Director de la Univ. De Lasalle en Costa Rica durante 7 años. Actualmente dirige una maestría en innovaciones para los aprendizajes.

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