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Futuro es aquello que podemos edificar juntos

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 “Mucho más que una competencia o un programa, la educación para la ciudadanía global es una dimensión constitutiva de la escuela católica”. Con este punto de partida, educadores, expertos y religiosos compartieron un panel para presentar la última publicación de editorial SM, como contribución al pacto educativo mundial.  

Hace pocos días, un trabajo sobre ciudadanía global, fue presentado por un panel de expertos, el padre Pedro Aguado, Superior General de los Escolapios y Consultor de la congregación para la educación Católica de la Santa Sede; el padre José Alberto Mesa, Secretario de la compañía de Jesús y de la red global de escuelas Jesuitas, y finalmente Sor Adair Sveiga, salesiana de Brasil vicepresidenta de la Asociación de escuelas católicas en su país y editora de una revista especializada.

¿Qué puede aportarnos una educación para la ciudadanía global? ¿cómo hablar de este tema en un momento tan trágico? El coordinador del encuentro, y director de SM, Augusto Ibañez, fue el primero en responder: “necesitamos comprender que la ciudadanía global no es abstracta; se materializa en lo local, en contextos sinceros y concretos, ahora mismo, nos marca el rumbo a seguir, porque necesitamos una nueva escuela para una nueva normalidad”.

“El cierre de las aulas se ha convertido en una gran experiencia para todos. – dijo- Y la primera lección que recibimos es que somos vulnerables. Hemos vivido confiados, ensimismados, ajenos al sufrimiento y al deterioro del planeta, convencidos de que la ciencia y la técnica nos protegería de todo mal, hasta nos hizo fantasear con ideas transhumanistas que seríamos casi inmortales”

Pero, “un diminuto virus se cruzó en nuestro camino y nos vino a recordar que estamos desnudos; además, el mundo está tan hiper conectado que los males mundiales nos afectan de manera inmediata. Por eso, – agregó –  hay que tener otra visión, y, sobre todo, anticipación”

El editor señaló que “somos responsables de construir el futuro, y como decía San Agustín, el futuro no es lo que va a ocurrir, sino aquello que podamos edificar juntos”

 En estas circunstancias el futuro nos encuentra trabajando con las escuelas católicas de América Latina, para ir orientando las características de una educación más global, que es mucho más que pensar en una competencia.

Con la presentación de este trabajo el grupo editorial SM pretende hacer una contribución a la educación para la ciudadanía global “pero con sentido”, señaló Ibañez. Esta se apoya en varios pilares: primero, la cultura del cuidado, y una ecología integral con orientación a la trascendencia, por la humanidad, y por la naturaleza, como forma de compensar nuestra fragilidad y la fragilidad del sistema.

El segundo componente es la cultura relacional, “si algo aprendimos de la crisis es que nuestras escuelas son mucho más que espacios físicos o virtuales. La clave del vínculo, es emocional. Una relación de toda la comunidad educativa que trabaja para el desarrollo pleno de la persona”.

Un tercer punto es la fraternidad universal, y como expresa el editor, “la fraternidad es aquella que une el cosmopolitismo en las raíces de las primeras comunidades cristianas que proclamaban ser hijos de un mismo Padre. Por eso, podemos decir que la escuela católica casi ha inventado la ciudadanía global. Y sobre estos cimientos, se construye el objetivo de formar personas preparadas para vivir al servicio de los demás”.

El siguiente tema no puede ser otro que el cultivo de los saberes y las competencias globales. La escuela católica primero, es escuela. Estos componentes interaccionan entre sí, y son interdependientes.

Portada del libro “Ciudadanía global” de Editorial SM

¿Qué puede aportarnos este contexto, para educar la ciudadanía global con sentido?

 En el ámbito de la enseñanza y aprendizaje, el responsable de contenidos educativos de SM, indica que la ciudadanía global es una educación integral que puede transformar a la persona de acuerdo a este cambio de época, y a los contextos globales. Además, y como su punto de partida es la realidad, esta educación permite desarrollar de forma significativa las competencias, lo que convierte a la escuela en un motor de mejora de la sociedad, y se abre al mundo.  También le aporta una identidad renovada acorde a los tiempos; eje de una renovación sistémica, diferencial, sostenible y con sentido. Esto es una gran responsabilidad de la escuela católica. ¿qué estamos esperando?

La ciudadanía global es una educación integral que puede transformar a la persona de acuerdo a este cambio de época, y a los contextos globales (...) permite desarrollar de forma significativa las competencias, lo que convierte a la escuela en un motor de mejora de la sociedad, y se abre al mundo

Los educadores “en red”

El Superior General de los Escolapios, padre Pedro Aguado, se refirió al papel de los educadores “en esta nueva escuela” que se siente desafiada por la educación para la ciudadanía global. Entonces cuestionó: “¿por qué nos desafía algo que siempre hemos hecho, y forma parte de nuestra realidad?”

 Según Aguado, a la escuela católica le llega principalmente de este desafío: mejorar siempre su propia identidad, en la realidad en la que nos encontramos, de los niños y de los jóvenes.  Hoy estas cuestiones están en profundo movimiento, y nosotros observamos, porque queremos hacer las cosas mejor.

Encuentro que la educación para la ciudadanía global plantea varias cuestiones: primero, que nuestro proyecto educativo basado en el evangelio contenga como eje central esta cuestión, y nunca como un apartado.

El siguiente desafío es afrontar que nuestra realidad es una red. Cada congregación religiosa que trabaja en educación es una red que solemos desaprovechar. No nos hemos dado cuenta que esta es una de las condiciones para crear conciencia de la globalidad. Entonces, mi pregunta es ¿cómo podemos crear conciencia, en la realidad de nuestra red en todos nuestros alumnos?

Además, la escuela católica puede compartir lo que hace con todas las personas y redes de organizaciones que crean en un mundo mejor. Esta es la propuesta del Papa Francisco, cuando habla del pacto social con todos.

La educación para la ciudadanía global nos desafía en el alma, que son las personas, el núcleo vital de la escuela católica, que todos esperamos.

Me preguntaban ¿cuál es el papel de los educadores en este sentido? Lo que me surge espontáneamente es dar las gracias porque no hay nada más impresionante que dar la vida por un proyecto, que es más que tú. Pero, necesitamos educadores convencidos de este proyecto, que vivan aquello en lo que educan. Otra cuestión que veo en mí, es que nos toca educar de un modo para el cual no hemos sido preparados, entonces hay que tener humildad, conciencia de necesidad de preparación; de que puedo crecer y aprender de los alumnos.

Además, los educadores tienen que tener capacidad de buscar juntos las respuestas. Porque la ciudadanía global no se puede transmitir sin trabajo en equipo, o compartido.

El futuro de muchas escuelas

El padre José Alberto Mesa, secretario de la red de escuelas jesuitas, señalaba que la compañía de Jesús viene trabajando hace tiempo con la ciudadanía global. Pero, “nos ha costado asumir que somos una red global y que podíamos integrarnos desde cada pequeña esquina del mundo” dijo.

“El proverbio africano nos iluminó mucho en este caminar, si quieres ir rápido ve solo, pero si quieres llegar lejos ve con otros. Veo que como escuela católica si queremos ser relevantes en el mundo actual tenemos que aceptar la invitación que nos hizo Francisco que señala en Laudato sí, que estamos ante un cambio importante y que hace falta una conciencia de un origen, una pertenencia común, y un futuro compartido”

Deberíamos estar en capacidad de elaborar programas educativos que ayuden a pensar y actuar, local y globalmente, sin dicotomías. Es lo que nos está mostrando este virus presente en la pandemia.

Todos somos corresponsables y queremos dar el mensaje de que el mundo es verdaderamente nuestra casa. Estamos acostumbrados a dividirnos en pueblos, naciones, tribus, o regiones, pero la realidad nos está pidiendo que todos seamos responsables por el bienestar del mundo. La crisis ecológica no la puede resolver una nación solamente, porque buscamos desarrollar una vida sostenible.

En un documento que acabamos de publicar los colegios jesuitas hemos puesto de manifiesto este tema. Identificamos nuestro compromiso con la ciudadanía global, que es una dimensión realmente transversal, constitutiva de lo que es la educación católica, y no puede ser un programa o una actividad más.

Este tema debe reorientar la educación católica en grupos de trabajo para un marco común para nuestros colegios.

 

Fuente: “Ciudadanía global” Un impulso para la transformación de la educación católica. Publicación a cargo de Rafael Díaz Salazar (coordinador), con prólogo de Monseñor Vincenzo Zanni, Secretario de la Congregación de Educación Católica, y Augusto Ibañez, Director Corporativo de Educación de SM, entre otros autores.

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