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De la escuela de los saberes a la escuela con sentido

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“Nuestras instituciones pueden ser expresión de un lugar de libertad, identidad, esperanza y también de lo imaginario” sostuvo la hermana Daniela Cannavina, que vive en Uruguay y es Superiora Provincial de las Monjas Capuchinas “Marta Rubatto”. Su disertación despertó gran interés en el último Encuentro de Pastoral Educativa para el Cono Sur.

 

La ponencia de esta religiosa, en las jornadas que organizó la Confederación Interamericana de Educación Católica da visibilidad a un recorrido que llama a la reflexión. Para introducir su ponencia, la Hna Daniela Cannavina habló el enciclopedismo”, aquel movimiento filosófico-cultural originado en Francia que, por influencia de La Ilustración, ansiaba erradicar la ignorancia y generar a través del conocimiento, el progreso científico, tecnológico e ideológico”.

Luego continuó su intervención:

“El enciclopedismo cubría todas las áreas del conocimiento e invitaba a la sociedad a pensar e incluso, le planteaba preguntas que nunca antes había enfrentado; ¿existe Dios?, si Dios existe, ¿no seríamos todos iguales ante sus ojos?, ¿cuál es el significado de la religión?, ¿cuáles son los límites de la autoridad?

Fue una época que sirvió al ser humano para hallar una razón a su existencia en la búsqueda la verdad y en liberarlo de la opresión. Se intentaba que se sepan muchos contenidos, pero que a la vez se razone, se los interprete o juzgue…  La mente humana se convertía as en una computadora viviente.

Hoy esta educación tradicional académica y homogeneizante está en crisis. Porque ciertamente, si queremos estar en la realidad, no basta con acumular datos y saberes, hay que pensar, y pensar no significa una etapa más de los procesos epistémicos de la persona.

Somos humanos, y podemos ser mejores, ayudarnos en la posibilidad de elaborar un proyecto de vida de acuerdo con nuestra propia vocación…

Podemos transitar por una “excelente escuela de saberes”, renombrada y costosa, (como posiblemente muchas de las nuestras) y egresar de allí -en palabras de Oscar Picardo Joao-, como “sutiles profesionales cínicos, expertos corruptos, eminentes asesinos, brillantes explotadores, sabios déspotas, lumbreras de fraudes, ilustrados hedonistas, excelentísimos materialistas, venerables consumistas y personas ignorantes” Son palabras que nos golpean… pero a veces no tan distantes de la realidad.

 

La tarea de “recuperar el sentido”

 Para cargar precisamente de sentido lo que soy, vivo, o aprendo… el autor del libro “Dios para Pensar” Adolphe Gesché acuña una expresión muy significativa: “lugares de sentido”. Lugares donde el sentido se ejerce y se vive… Y ¿cuáles son estos lugares de sentido? (de los cuales deberían estar empapadas nuestras escuelas):

  • la libertad (¿se puede imaginar la aparición del sentido sin que exista libertad?)
  • la identidad (¿quién soy yo, tengo sentido?)
  • la esperanza (¿al final de la vida se encuentra el sentido o la esperanza es sólo la última ilusión de la caja de Pandora?)
  • lo imaginario (lugar y fuente casi inagotable donde intentamos renovar el sentido… Cuántas veces vivimos ese proceso de “re-inventamos” cargando de sentido la vida y la realidad. Aquí va una primera premisa: Estamos llamados a ser garantes del sentido de aquello que enseñamos, y esto, en el intento de evitar definirnos como personas de pura cabeza y de repetición mecánica. Nuestro saber tiene que cargar de sentido la vida.

¡Qué trascendente este camino! Ayudar a nuestros niños/as y adolescentes a buscar el sentido de su existencia. A cargar cada recorrido escolar, a “mapear” la escuela desde esta categoría. Las cosas no vienen dadas porque sí… Matemática en nuestra escuela, no sólo es aprender a sumar o multiplicar, o resolver un problema… Matemática es sumar las posibilidades, multiplicar la esperanza del compartir y resolver el problema del egoísmo en una sociedad que resta y acumula para sí.

¿Qué quiero decir con esto? La escuela está llamada a ser oferta de sentido. De un sentido que sobrepase las programaciones de nuestros eventos religiosos, los signos que indican quiénes somos (crucifijos en nuestras aulas, los cuadros de nuestras fundadoras/es en el hall de entrada del colegio, la cartelera en la puerta que avisa la formación para la primera comunión y confirmación), las horas semanales de catequesis; los tantos pastoralistas empleados para el desarrollo de la tarea evangelizadora…

Hacer camino de una propuesta en esta línea, implicará ir superando la fragmentación del saber que produce una visión partida y dividida de la realidad. Al integrar en el acto educativo: ciencia y sabiduría, experiencia y conocimiento, deseo y plenitud, evitaremos encerrarnos en la sola información.

Nuestras escuelas, tienen que ser lugares de sentido donde se puedan adquirir competencias, que potencien lo más humano que poseemos: la capacidad de pensar, y comprender y esto debe darse en todos los actores institucionales (no solo en nuestros alumnos. Nadie debe quedar afuera).

El curriculum en la escuela con sentido invita a vivir lo cotidiano. Y puede dar cauce a seis competencias:  contemplativa, de reflexión buscadora del sentido de la vida, de interiorización, comunicativa, ética y de discernimiento, científica.

Una escuela con sentido, será lugar de vida cultural y del encuentro con Dios, en la hondura del sentido mismo. En definitiva, será espacio para la trasmisión de la cultura en diálogo con la propuesta de vida abundante de Jesús.

Así, vale la pena educar. Dos saldrán trasformados: el alumno y el docente, y la realidad agradecida levantará su copa para brindar, porque el paso por la vida escolar no ha sido en vano.

 

La hermana Daniela Cannavina es Superiora Provincial de las Capuchinas Franciscanas de Madre Rubatto.  Secretaria General de la CLAR (Confederación Caribeña y Latinoamericana de Religiosas)

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