Editoriales

Tú eres un bien para mí

P. José Alvarez
Presidente del CONSUDEC

Tú. Este tú. Soy yo. Eres Tu. Somos cada uno de nosotros, hombres con un corazón deseoso de una felicidad infinita, sin límites, a la que nada le basta. Este Tu somos cada uno de nosotros capaces de todo y  capaces de nada. Pero que hemos escuchado una voz, hemos reconocido una mirada, a los que les ha ocurrido algo, que grita desde el Misterio, Tú eres un bien para mí…

Tu vida tan maravillosa, con fidelidades y fragilidades, es un bien para mí, dice Dios

Porque yo quiero mostrarme, hacer conocer al cielo y a la tierra quien soy, como está hecho mi corazón,

Te necesito, porque en ti me muestro. En ti resplandece la belleza de mi rostro, de la misericordia, del perdón, de la santidad, no te necesito como vos querés ser, impecable, perfecto, sin errores, simplemente necesito de ti , viviente, lleno de anhelos, cansado a veces de los fracasos, lastimado por la ingratitud, resistente y rezongón con el instrumento que yo elijo para hacerte más…

Tú eres un bien para mi, te dice Dios. Porque la gloria de Cristo es el hombre que vive. La gloria de Cristo se muestra en el mundo, brilla en el mundo en el hombre que vive en el mundo. Espectáculo para los ángeles. Admiración de los santos, gloria de Dios, Tu eres un bien para Mi Y te amo.

Tu eres un bien para mi. Oh Dios, porque es tu presencia la que me sostiene y me levanta. Eres tú la causa de mi vivir, solo por ti vale la pena; ante tanta insistencia de tu parte para mostrarme cual es el bien de mi vida, donde quiero verdaderamente estar y yo me dejo vencer,

Rompe la dureza de mi corazón humano, resplandece en mi ceguera. Cautiva mi libertad. Porque Tu Dios mio eres un bien para mí. Vence mis miedos, mis distracciones, mi vacío, porque Tu eres un Bien para mí.

Tu eres un bien para mí, hermano mío , y te amo. No porque te lo merezcas, no porque no me hayas hecho daño alguna vez, no porque me resultes simpático,

Tu eres un bien porque tu destino es el mio, porque mirándote a ti veo, se me hace palpable la admirable la paciencia del Misterio. Se me hace presente la gratuidad, con que El malgasta el tiempo de la eternidad en nosotros. Tu eres un bien para mí porque te veo crecer, y te veo caer, porque te veo morir y resurgir, tu eres un bien para mí porque en ti el misterio me abraza y plenifica con su ternura. No es fácil decirte Tu eres un bien para mí, pero no puedo mirarte sin desear apasionadamente que te veas como El te vé, te reconozcas inmerso en su ternura, y gocemos, riamos y celebremos juntos la aventura vertiginosa de esta eterna y maravillosa vida a la que fuimos convocados y compartimos en El.

No podemos educar, acompañar, ejercer la paternidad. Sin reconocer que tú eres un bien para mí.

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