Editoriales

El deseo infinito del corazón tiene respuesta en una presencia humana

P. José Alvarez
Presidente del CONSUDEC

Celebrar la Navidad mas allá de las diversas tradiciones locales y modos de expresarla tiene un factor común y es que el corazón humano tiene deseo de felicidad, y que en esta fecha las personas expresamos unos a otros que ese deseo se vea satisfecho, cumplido.

La razón es una verdad,  que Dios ha escuchado el grito que llega desde cada uno de nosotros  expresado de mil maneras. Y no ha permanecido indiferente, se ha hecho presente en nuestra vida,  en el aquí y   ahora, para responder a nuestra necesidad. En esto se manifiesta la ternura con la que Dios nos Ama. No estamos solos, con nuestras equivocaciones en el camino, no estamos solos con la frialdad e indiferencia frente a su Belleza, ha venido a nosotros hoy,  para que la nostalgia se convierta en certeza, la espera en abrazo, el hambre y la sed en satisfacción. Esta es la diferencia: quien reconoce y  acoge este hecho pasa de la ausencia a la certeza.

Lo expreso con un ejemplo de la vida familiar, cuando era pequeño los domingos almorzábamos en la casa de mi abuela paterna, su mano para la cocina era sublime. Solo entrar en la casa y percibir los aromas que procedían de la cocina despertaba en nosotros el deseo de sentarnos a la mesa.

Navidad es el tiempo que nos ayuda a comprender para quien estamos hechos. En el adviento percibimos los aromas de Cristo que se acerca y despierta en nosotros toda nuestra necesidad de plenitud y felicidad. Navidad es el sentarnos a la mesa para disfrutar de lo que verdaderamente satisface. Así es nuestra vida: sin el reconocimiento de Su rostro no puede gozar de plenitud.

Por eso en nuestro deseo de Felicidad, está contenido el hecho de que veas cumplida toda tu humanidad en El.

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